{"id":79,"date":"2021-08-12T00:20:14","date_gmt":"2021-08-12T03:20:14","guid":{"rendered":"http:\/\/x-enapol.org\/vi\/?post_type=avada_portfolio&#038;p=79"},"modified":"2021-08-15T19:36:36","modified_gmt":"2021-08-15T22:36:36","slug":"hablar-con-el-cuerpo","status":"publish","type":"avada_portfolio","link":"https:\/\/enapol.com\/vi\/portfolio-items\/hablar-con-el-cuerpo\/","title":{"rendered":"Hablar con el cuerpo"},"content":{"rendered":"<div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 fusion-flex-container nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:1352px;margin-left: calc(-4% \/ 2 );margin-right: calc(-4% \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:100%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:1.92%;--awb-margin-bottom-large:20px;--awb-spacing-left-large:1.92%;--awb-width-medium:100%;--awb-order-medium:0;--awb-spacing-right-medium:1.92%;--awb-spacing-left-medium:1.92%;--awb-width-small:100%;--awb-order-small:0;--awb-spacing-right-small:1.92%;--awb-spacing-left-small:1.92%;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-column-has-shadow fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-title title fusion-title-1 fusion-sep-none fusion-title-text fusion-title-size-three\"><h3 class=\"fusion-title-heading title-heading-left fusion-responsive-typography-calculated\" style=\"margin:0;--fontSize:30;line-height:1.3;\"><span class=\"Titulo4\">Conclusi\u00f3n de PIPOL V<\/span><\/h3><\/div><div class=\"fusion-text fusion-text-1\"><div class=\"Parrafo\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos reencontraremos dentro de dos a\u00f1os en Pipol 6. Y, tal y como sucede hoy, ser\u00e1 en torno a una f\u00f3rmula. El significante que nos ha reunido aqu\u00ed es el de la salud mental. La cuesti\u00f3n es saber cu\u00e1l ser\u00e1 el significante que le dar\u00e1 continuidad en 2013. Voy a dar cuenta de mis reflexiones a este prop\u00f3sito, en el momento de clausura de este Congreso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La salud mental, seamos francos, no nos la creemos. Si, no obstante, hemos usado ese t\u00e9rmino, es porque nos ha parecido que pod\u00eda mediar entre el discurso anal\u00edtico y el discurso com\u00fan, el de la masa. Por eso, el eco que el tema del Congreso ha tenido en la prensa belga muestra bien que este punto de vista estaba bien pensado. Todo el mundo comprende lo que hemos puesto en cuesti\u00f3n. Aunque evidentemente para llegar hasta ah\u00ed hemos tenido que obrar con astucia. Hemos ubicado el t\u00e9rmino de salud mental en una pregunta de la que ya ten\u00edamos la respuesta. No, la salud mental no existe; se sue\u00f1a con ella, es una ficci\u00f3n. A esa pregunta, ten\u00edamos nuestra respuesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada uno tiene su vena de loco y lo hemos testimoniado al ubicar esa vena de locura en nuestra pr\u00e1ctica, y no en nuestro paciente sino en nosotros, analistas, terapeutas. Es como una lecci\u00f3n que nos hemos dado a nosotros mismos. Una lecci\u00f3n que estar\u00eda bien no olvidar en lo sucesivo: en psicoan\u00e1lisis, el caso cl\u00ednico no existe, no m\u00e1s que la salud mental. Exponer un caso cl\u00ednico como si fuera el de un paciente es una ficci\u00f3n; es el resultado de una objetividad que es fingida porque estamos implicados aunque m\u00e1s no sea por los efectos de la transferencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estamos dentro del cuadro cl\u00ednico y no sabr\u00edamos descontar nuestra presencia ni prescindir de sus efectos. Tratamos, sin duda, de comprimir esa presencia, de esmerilar sus particularidades, de alcanzar el universal de lo que llamamos el deseo del analista. Y el control, la pr\u00e1ctica de lo que se llama la supervisi\u00f3n, sirve para eso: para lavar las escorias remanentes que interfieren en la cura. Pero, desde el momento en que conseguimos borrar lo que nos singulariza como sujeto, entonces es el analizante el que sue\u00f1a, el que nos sue\u00f1a a nosotros, su interlocutor, con los rodeos de su fantasma y con la identidad que atribuye a ese interlocutor, que no sabr\u00edan no figurar en el cuadro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una palabra, eso os obliga a pintaros a vosotros mismos en el cuadro cl\u00ednico. Es como Vel\u00e1zquez, cuando se representa a s\u00ed mismo, con el pincel en la mano, junto a los dem\u00e1s seres con los que puebla la tela de Las Meninas, y que es algo que produce desorientaci\u00f3n. Porque est\u00e1 claro que \u00e9l no se puede situar a menos que sea vea plasmado como dividido. Saben que es un cuadro que llam\u00f3 la atenci\u00f3n de Lacan siguiendo la estela de Michel Foucault. Dir\u00eda que, en psicoan\u00e1lisis, todo caso cl\u00ednico deber\u00eda tener la estructura de Las Meninas. Y continuar\u00e9 el ap\u00f3logo hasta llegar a se\u00f1alar que lo que nos ofrece el cuadro de Vel\u00e1zquez, el que podemos ver en Madrid pero tambi\u00e9n en una reproducci\u00f3n, es lo que ve el amo, a saber, la pareja real, pero precisamente un amo que no est\u00e1 representado, que est\u00e1 como esfumado, como desvanecido, como degradado en el reflejo que se perfila al fondo del cuadro; de ese amo no queda sino su lugar, ese lugar mismo al que todo el que llega, cada espectador, viene a inscribirse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y bien, dir\u00eda que pasa igual que en la experiencia anal\u00edtica, el lugar del amo subsiste ciertamente, pero el amo no est\u00e1 ah\u00ed para ocuparlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 queda de la salud mental cuando el amo ya no est\u00e1?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La inexistencia de salud mental en el hombre no ha cesado de ser deplorada por la filosof\u00eda. Lo han dibujado como siervo de sus ilusiones, de sus pasiones, de sus apetitos. Lo han pintado fundamentalmente desequilibrado para afanarse por restituirle el orden y la medida. Antiguamente, a la salud mental se le llamaba sabidur\u00eda o virtud. Para establecerla, se la pon\u00eda en relaci\u00f3n con el amor por el otro, con el amor por el Otro divino. Lo que no era una mala idea porque podr\u00edamos decir que la salud mental es una idea teol\u00f3gica que supone la buena voluntad de la naturaleza, una benevolencia que se abr\u00eda hacia el bienestar y la salud de todo aquello que existe. Sin embargo, basta con recorrer la inmensa literatura a la que acabo de aludir de manera r\u00e1pida, para caer en la cuenta de que esa salud mental supone siempre algo que viene a dominar una parte del alma, su parte racional o divina. La salud mental tiene que ver, desde siempre, con el discurso del amo y es, desde siempre, un asunto de gobierno. Y es su destino inmemorial el que viene a consumarse hoy d\u00eda mediante su directa toma en consideraci\u00f3n por parte de todos los aparatos de dominio pol\u00edtico. El dominio de la parte racional del alma toma hoy d\u00eda la forma del discurso de la ciencia y es a trav\u00e9s de la ciencia como el amo promueve la salud mental y se preocupa de protegerla, de restablecerla, de difundirla entre lo que se llaman las poblaciones, un t\u00e9rmino que David Tarizzo hac\u00eda resonar de manera potente hace un momento en esta sala.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se piensa que la ciencia concuerda con lo real y que el sujeto tambi\u00e9n es apto para concordarse con su cuerpo y con su mundo como har\u00eda con lo real. El ideal de la salud mental traduce el inmenso esfuerzo que hoy d\u00eda se hace para llevar a cabo lo que llamar\u00e9 una \u00abrectificaci\u00f3n subjetiva de masas\u00bb destinada a armonizar al hombre con el mundo contempor\u00e1neo, dedicada en suma a combatir y a reducir lo que Freud nombr\u00f3, de manera inolvidable, como el malestar en la cultura. Desde Freud, ese malestar ha crecido en tales proporciones que el amo ha tenido que movilizar todos sus recursos para clasificar a los sujetos seg\u00fan el orden y los des\u00f3rdenes de esta civilizaci\u00f3n. Ahora es como si la enfermedad mental estuviera por todos lados; en todos los casos, lo psy se ha convertido ya en un factor de la pol\u00edtica. A lo largo de los \u00faltimos a\u00f1os, en los pa\u00edses que interesan a este Congreso, el discurso del amo ha penetrado de manera profunda en la dimensi\u00f3n psy, en el campo llamado de lo mental. El acceso a los psicotropos est\u00e1 ya ampliamente conseguido y la psicoterapia se expande en sus modos autoritarios. Se trata siempre de un aprendizaje del control.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este dominio, que ayer escapaba en gran parte a los gobiernos, es objeto ahora de regulaciones con exigencias cada vez m\u00e1s grandes. Eso va paralelo al reconocimiento p\u00fablico del psicoan\u00e1lisis pero con la intenci\u00f3n, aunque sea desconocida para sus promotores, de desvirtuarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, por peque\u00f1a que sea su voz en el estruendo contempor\u00e1neo, el discurso anal\u00edtico hace objeci\u00f3n y no carece de potencia. La potencia del discurso anal\u00edtico viene, de entrada, de que es desmasificante; y a medida que la masificaci\u00f3n se extiende y crece, crece tambi\u00e9n la aspiraci\u00f3n a esa desmasificaci\u00f3n. La exigencia de singularidad de la que el discurso anal\u00edtico hace un derecho est\u00e1 de entrada porque procede uno por uno. Dir\u00eda que eso lo hace acorde con el individualismo democr\u00e1tico que difunde la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea. Se hablaba antiguamente de \u00abindicaciones para el psicoan\u00e1lisis\u00bb cuando se pensaba que se pod\u00edan seleccionar a los sujetos en funci\u00f3n de su aptitud cl\u00ednica para el discurso anal\u00edtico. Ese tiempo ya pas\u00f3. Hoy d\u00eda, ser escuchado por un psicoanalista equivale a un derecho del hombre. Le toca al psicoanalista arregl\u00e1rselas con eso y modelar su pr\u00e1ctica con respecto a lo que se le requiere. El psicoan\u00e1lisis acompa\u00f1a al sujeto en lo que \u00e9ste plantea como protestas contra el malestar en la civilizaci\u00f3n. Para la ocasi\u00f3n, se hace acompa\u00f1ar de lo que de mejor tienen el humanismo o la religi\u00f3n. Cualquiera sabe hoy d\u00eda que encontrar\u00e1 en el psicoan\u00e1lisis una ruptura con las \u00f3rdenes conformistas que le apremian por doquier. Cualquiera sabe que si acude al discurso anal\u00edtico, este discurso se pondr\u00e1 en marcha para \u00e9l solo: para \u00e9l, el Uno solo, como dec\u00eda Lacan, separado de su trabajo, de su familia, de sus amigos y de sus amores. Lo que el sujeto encuentra en el psicoan\u00e1lisis es su soledad y su exilio. S\u00ed, su estatuto de exiliado al respecto del discurso del Otro. No es el Otro con una A may\u00fascula el que est\u00e1 en el centro del discurso anal\u00edtico, es el Uno solo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lacan, sin duda, comenz\u00f3 a ordenar la experiencia anal\u00edtica por el campo del Otro, pero fue para demostrar que, en definitiva, ese Otro no existe, no m\u00e1s que la salud mental. Lo que existe es el Uno solo. Un psicoan\u00e1lisis comienza por ah\u00ed, por el Uno solo, cuando uno no tiene m\u00e1s remedio que confesarse exiliado, desplazado, indispuesto, en desequilibrio en el seno del discurso del Otro. En un an\u00e1lisis, se busca un otro del Otro que, esta vez, uno tenga el placer de inventar a su medida, otro supuesto saber lo que atormenta al Uno solo. Por eso, nosotros sabemos que este Otro est\u00e1 destinado a disiparse, a desvanecerse hasta que s\u00f3lo quede el Uno solo; instruido ya sobre lo que le atormenta, esclarecido como decimos, sobre el sentido de sus s\u00edntomas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfDir\u00eda pues que, al t\u00e9rmino de la experiencia anal\u00edtica, ya no soy incauto al respecto de mi inconsciente y de sus artificios? Y eso porque \u00bfel s\u00edntoma, una vez descargado de su sentido no por eso deja de existir aunque bajo una forma que ya no tiene m\u00e1s sentido? Dar\u00e9 un paso m\u00e1s en la iron\u00eda en la que me he comprometido si digo que esa es la \u00fanica salud mental que soy capaz de conseguir. Supone, precisamente, que advenga al campo en el que lo mental se haya desvanecido para dejar desnudo lo real. Para alcanzar ese campo, ese campo \u00faltimo, hay que haber franqueado lo imaginario, lo mental de lo imaginario. Lo mental de lo imaginario est\u00e1 siempre condicionado por la percepci\u00f3n de la forma del semejante. Es esa la unidad fundamental. Evito el chiste \u00abfunda-mental\u00bb porque no se traduce a todas las lenguas. Esta es la unidad fundamental que Lacan ilustra con el estadio del espejo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para Arist\u00f3teles, el alma es la unidad supuesta de las funciones del cuerpo y \u00e9sta es la que nosotros traducimos en la experiencia del espejo como un alma especular. Se encuentra siempre transitada por una tensi\u00f3n esencial en la que se intercambian sin cesar los lugares del amo y del esclavo. En el estadio del espejo arraigan a la vez la prevalencia del discurso del amo y su paranoia territorial, que hacen del yo una instancia grosera de delirio que no sabr\u00eda reducir ninguna rectificaci\u00f3n autoritaria. Pero, sin embargo, para alcanzar el campo que llamo \u00abcampo \u00faltimo\u00bb, tambi\u00e9n hay que atravesar lo simb\u00f3lico y lo mental de lo simb\u00f3lico. Lo mental de lo simb\u00f3lico es la refracci\u00f3n del significante en el alma especular. A esa refracci\u00f3n es a lo que se llama el significado. A ese significado esencialmente huidizo, nubloso, indeterminado, meton\u00edmico y susceptible sin duda de dar lugar a met\u00e1foras y efectos de significaci\u00f3n, se le puede llamar el pensamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su pensamiento, el m\u00edo, tiene su rutina, gira en redondo, se le reprime, retorna. Se dice que es el inconsciente cuando se lo descifra y entonces se dice, en el desciframiento, que se alcanza una verdad. Pero, \u00a1atenci\u00f3n, se trata siempre de sentido, es decir de mental, de ideas que os hac\u00e9is! Por eso Lacan ha unido con un lazo esencial la verdad con la mentira. El campo \u00faltimo al que me refiero est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la mentira de lo mental. La parte m\u00e1s opaca de lo que Freud llamaba la libido se descubre precisamente ah\u00ed. Ese sentido de la libido es el deseo. El deseo est\u00e1 articulado a lo simb\u00f3lico; se desprende de los significantes como siendo sus significados. Enloquece el alma especular, anima los s\u00edntomas. Sin embargo, un an\u00e1lisis introduce una deflaci\u00f3n del deseo, que se desinfla y se estaciona como sucede con ese semblante que llamamos el falo y que sirve para pensar la relaci\u00f3n entre los sexos. Pero, tanto el deseo como la relaci\u00f3n sexual son verdades mentirosas, mentiras de lo mental. Debajo del deseo, una vez atravesada su pantalla fantasm\u00e1tica, hay lo que no miente sin que sea una verdad. Es lo que llamamos goce. El deseo es el sentido y el semblante de la libido, su mentira mental. El goce es lo que de la libido es real. Es el producto de un encuentro azaroso del cuerpo y del significante. Ese encuentro mortifica el cuerpo pero tambi\u00e9n recorta una parcela de carne cuya palpitaci\u00f3n anima todo el universo mental. El universo mental no hace sino refractar indefinidamente la carne palpitante a partir de las m\u00e1s carnavalescas maneras y tambi\u00e9n la dilata hasta proporcionarle la forma articulada de esa ficci\u00f3n mayor que llamamos el campo del Otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comprobamos que ese encuentro marca el cuerpo con una traza inolvidable. Es lo que llamamos acontecimiento de cuerpo. Este acontecimiento es un acontecimiento de goce que no vuelve nunca a cero. Para hacer con ese goce hace falta tiempo, tiempo de an\u00e1lisis. Y sobre todo, para hacerse con ese goce, sin la muleta, la pantalla y los artificios del inconsciente simb\u00f3lico y sus interpretaciones. Por eso hablamos de que se trata del inconsciente real, el que no se descifra. El que, por el contrario, motiva el cifrado simb\u00f3lico del inconsciente. Ese cuerpo no habla sino que goza en silencio, ese silencio que Freud atribu\u00eda a las pulsiones; pero sin embargo es con ese cuerpo con el que se habla, a partir de ese goce fijado de una vez por todas. El hombre habla con su cuerpo. Lacan lo dice, el ser hablante por naturaleza. Pues bien, ese cuerpo que no habla pero que sirve para hablar, ese cuerpo como medio de la palabra, es justamente el que se empareja, en rigor, con la salud mental que no existe. Si la salud mental no existe es porque el cuerpo gozante, la carne, excluye lo mental al mismo tiempo que lo condiciona, lo enloquece y lo extrav\u00eda. Si el hombre ha inventado la relaci\u00f3n sexual es para velar el horror de esa carne recorrida por un estremecimiento que no cesa y que es lo que es, como dec\u00eda Angelus Silesius: sin por qu\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A ese \u00abhablar con su cuerpo\u00bb lo traiciona cada s\u00edntoma y cada acontecimiento de cuerpo. Ese hablar con su cuerpo est\u00e1 en el horizonte de toda interpretaci\u00f3n y de toda resoluci\u00f3n de los problemas del deseo. Lo sabemos, los problemas del deseo pueden ser puestos en forma de ecuaci\u00f3n; lo sabemos desde Lacan, que se esforz\u00f3 por hacerlo. Y esta ecuaci\u00f3n tiene, sin dudas, soluciones, que son lo que Lacan llam\u00f3 el pase.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, el goce a nivel del inconsciente real no sabr\u00eda ser ubicado en una ecuaci\u00f3n y permanece insoluble. Freud lo supo antes de que Lacan lo anunciara. Hay siempre un resto con los s\u00edntomas. Por eso no hay un final absoluto para un an\u00e1lisis, que dura tanto como lo insoluble siga siendo insoportable. Se acaba cuando el hombre encuentra ah\u00ed una satisfacci\u00f3n sin m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta aqu\u00ed pues lo que he podido extraer, tortur\u00e1ndome los sesos, de una reflexi\u00f3n sobre la inexistencia de la salud mental; hablando con propiedad, lo que se empareja con el significante es \u00abhablar con el cuerpo\u00bb. Es posible que este asunto sea muy dif\u00edcil para PIPOL VI, ustedes dir\u00e1n. Pero si es as\u00ed, no teman, encontraremos otra cosa. Espero, pues, sugerencias.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"CITAS\">\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducci\u00f3n: Jes\u00fas Ambel<br \/>\nTexto establecido por Yves Vanderveken<\/p>\n<\/div>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><strong>Jacques-Alain Miller<\/strong><br \/>\nConclusi\u00f3n de PIPOL V<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":68,"menu_order":13,"comment_status":"open","ping_status":"closed","template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"portfolio_category":[13],"portfolio_skills":[],"portfolio_tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/79"}],"collection":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio"}],"about":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/types\/avada_portfolio"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=79"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/79\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":382,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/79\/revisions\/382"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/media\/68"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=79"}],"wp:term":[{"taxonomy":"portfolio_category","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_category?post=79"},{"taxonomy":"portfolio_skills","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_skills?post=79"},{"taxonomy":"portfolio_tags","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_tags?post=79"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}