{"id":1194,"date":"2021-08-18T22:53:36","date_gmt":"2021-08-19T01:53:36","guid":{"rendered":"http:\/\/x-enapol.org\/vi\/?p=1194"},"modified":"2021-08-18T22:53:36","modified_gmt":"2021-08-19T01:53:36","slug":"jesus-santiago","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/enapol.com\/vi\/jesus-santiago\/","title":{"rendered":"J\u00e9sus Santiago"},"content":{"rendered":"<div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 fusion-flex-container nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:1352px;margin-left: calc(-4% \/ 2 );margin-right: calc(-4% \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:100%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:1.92%;--awb-margin-bottom-large:20px;--awb-spacing-left-large:1.92%;--awb-width-medium:100%;--awb-order-medium:0;--awb-spacing-right-medium:1.92%;--awb-spacing-left-medium:1.92%;--awb-width-small:100%;--awb-order-small:0;--awb-spacing-right-small:1.92%;--awb-spacing-left-small:1.92%;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-column-has-shadow fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-text fusion-text-1\"><div class=\"Parrafo\">\n<p class=\"Titulo4\" style=\"text-align: justify;\"><strong>Usos f\u00e1licos y el residuo que verifica el real de la pulsi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Relatores:<\/b>\u00a0J\u00e9sus Santiago, Ana Lydia Santiago y Fernanda Otoni Brisset<br \/>\n<b>Participantes:<\/b>\u00a0Fernanda Costa, Maria de F\u00e1tima Ferreira, Musso Greco, S\u00e9rgio de Castro y Virg\u00ednia Carvalho<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son evidentes las transformaciones significativas ocurridas en el \u00e1mbito de las relaciones entre los sexos. El psicoanalista no permanece inmune a los consecuentes desordenes que en la contemporaneidad, afectan a las posiciones sexuales y repercuten en las diversas formas del cuerpo del hombre. La idea del declive de lo viril, e inclusive de su probable desaparici\u00f3n atraen nuestro inter\u00e9s por articularse en la ense\u00f1anza de Lacan, a otro declive, el del padre, destacado desde\u00a0<i>Los complejos familiares<\/i>\u00a0de 1938. Entonces, cabe preguntarnos: \u00bfEn que se convirti\u00f3 el cuerpo del hombre, a partir de la desaparici\u00f3n de lo viril?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No le faltaban razones al \u00e9nfasis dado por Lacan en 1956, a la tesis de Alexandre Koj\u00e8ve, seg\u00fan la cual lo viril no existir\u00eda m\u00e1s:\u00a0<i>Hay un enmascaramiento viril encarnado por el barbudo americano con su fusil, por el torero, por el pescador de peces, seductor de mujeres y el gran bebedor delante de lo eterno<\/i>\u00a0(<i>apud<\/i>\u00a0MILLER, 1995, p. 180). Consideramos que existen apenas semblantes de lo viril, un resto del hombre del lado del\u00a0<i>\u00abpara todo x\u00bb<\/i>, f\u00f3rmula de la igualdad de derechos para todos, que tambi\u00e9n absorbe a la femineidad en el momento actual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El creciente desorden en la sexuaci\u00f3n llega hasta lo que se esboza hoy, bajo la forma del cuerpo del hombre, que busca garantizar en ofertas de la ciencia, en su apropiaci\u00f3n por parte del discurso capitalista. Designamos como desorden de la sexuaci\u00f3n lo que Miller se\u00f1ala como insuficiencia, al referirse al binario hombre\/mujer como si los seres vivos pudiesen ser repartidos, tan n\u00edtidamente, en dos clases diferentes (2013, p. 17). En efecto, lo que genera la diferencia entre los sexos es lo real del goce, y no los semblantes de la civilizaci\u00f3n. Seg\u00fan la orientaci\u00f3n lacaniana, se admite que en relaci\u00f3n a estas transformaciones que tienen lugar en el mundo actual, es posible defender la diferencia entre los sexos, sin caer en un\u00a0<i>\u00abbinarismo\u00bb<\/i>\u00a0retr\u00f3grado. O sea, en el enfoque anal\u00edtico del cuerpo del hombre, se prescinde del binarismo de las normas heterosexuales, aunque sin rechazar la referencia al goce f\u00e1lico y a su m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span class=\"Titulo4\">La actualidad del cuerpo del hombre<\/span><br \/>\nUna investigaci\u00f3n reciente se\u00f1ala un aumento significativo en el n\u00famero de hombres que buscan en la medicina est\u00e9tica, cirug\u00edas para modelar su cuerpo seg\u00fan las formas de la moda. Por medio del relleno a trav\u00e9s de pr\u00f3tesis de silicona en las pantorrillas, o por medio del montaje de los m\u00fasculos del pecho y de la regi\u00f3n abdominal, pretenden alcanzar compulsivamente la cima de este imaginario, aumentando as\u00ed el actual mercado de las cirug\u00edas est\u00e9ticas masculinas. El uso de anabolizantes y el detallado obsesivo de los ejercicios en las fichas de musculaci\u00f3n de los gimnasios, son tambi\u00e9n demostraciones de la preocupaci\u00f3n en modelar el cuerpo del hombre, siguiendo el ideal de este\u00a0<i>imaginario falicizado,<\/i>\u00a0bastante distante de las rutinas, tradiciones y discursos anteriormente concernientes al cuerpo viril. Finalmente, el desorden instalado en el campo de la sexuaci\u00f3n constituye una estimulaci\u00f3n a las formas \u00fanicas y fractales, con que cada uno busca configurarse como mejor le convenga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al afirmar que\u00a0<i>\u00abel sujeto tiene un cuerpo\u00bb<\/i>, Lacan valoriza la dimensi\u00f3n del\u00a0<i>\u00abun\u00bb<\/i>, sin desconocer sin embargo, el aspecto del\u00a0<i>\u00abtener\u00bb<\/i>\u00a0que remite a los usos, uno por uno<i>,<\/i>\u00a0de la forma f\u00e1lica. Este uno por uno de los usos del \u00ab<i>tener f\u00e1lico\u00bb<\/i>\u00a0vuelve posible decir que, aunque el sujeto tenga un cuerpo, \u00e9l mismo se sit\u00faa en una relaci\u00f3n de disyunci\u00f3n y de desacuerdo con ese cuerpo, como nos muestran de una manera extrema, los trastornos dismorfof\u00f3bicos. Son los vigor\u00e9xicos que testimonian como el imaginario falicizado del cuerpo encierra un goce de naturaleza auto-er\u00f3tica:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i>La mayor\u00eda de los tipos que conozco que van al gimnasio quieren ser musculosos, fuertes y tener una apariencia grande, para hacerse ver por los otros y por las mujeres. Yo pienso muy diferente de eso. Quiero satisfacerme con mi cuerpo, mirarme en el espejo y notar el tama\u00f1o. No me importa si a las mujeres les gusta o no. Prueba de eso, es que varias amigas me han dicho que no les gustan los tipos musculosos, los consideran feos, rid\u00edculos y que no tiene nada en la cabeza. No me importa y m\u00e1s a\u00fan, les dije a todas ellas que iba a ir en busca de mis m\u00fasculos hasta donde me sienta satisfecho.<\/i>(VIGOR\u00c9XICO 5, In: GRECO, 2010, p.235)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las teor\u00edas de Judith Butler, fil\u00f3sofa americana y principal representante de la cr\u00edtica a la teor\u00eda de los g\u00e9neros y del feminismo, constituyen una evidencia directa de la existencia de un desorden en lo real del sexo. Para ella, es el g\u00e9nero \u00e9l que produce la diferencia entre los sexos, ya que generalmente se define a la masculinidad y a femineidad en t\u00e9rminos de\u00a0<i>performances,<\/i>\u00a0procesos regulados de repetici\u00f3n, normas internalizadas bajo la forma de un estilo corporal, representaci\u00f3n y teatralizaci\u00f3n p\u00fablica. Estas performatividades normativas han sido inscriptas en los cuerpos como verdades biol\u00f3gicas. Pero para Butler, las diferencias entre los sexos son, nada m\u00e1s y nada menos, que una imposici\u00f3n de los\u00a0<i>\u00absemblantes y artefactos\u00bb\u00a0<\/i>que se desprenden del sistema dominante sexo\/genero, y por consiguiente desconsidera enteramente lo real del goce, que en el \u00e1mbito del psicoan\u00e1lisis, es lo que alimenta la diferencia entre\u00a0<i>\u00abser hombre\u00bb<\/i>\u00a0y\u00a0<i>\u00abser mujer\u00bb.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si la vida sexual es solamente un producto de los semblantes fabricados por la vida civilizada, todas las formas de lidiar con el goce son para Butler, simples suplementos. El pene es de esta manera un suplemento, teniendo en vista que otro objeto tambi\u00e9n produce aquello que supuestamente debe completar. Aunque pueda tener algo de raz\u00f3n al decir que el pene es un suplemento, la fil\u00f3sofa desconoce sin embargo, que se trata como propone Freud, de un suplemento diferente de los otros. Querer establecer una equivalencia estricta entre el pene y una pr\u00f3tesis de pl\u00e1stico, es una negligencia respecto a la interferencia del valor f\u00e1lico del suplemento peniano, en la funci\u00f3n del deseo y del goce. Delante de esta tentativa de disolver cualquier presupuesto estructurante de la subjetividad, del llamado imaginario morfol\u00f3gico y anat\u00f3mico del pene, Butler (2002, p. 95) recurre a la noci\u00f3n de\u00a0<i>\u00abfalo l\u00e9sbico\u00bb<\/i>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Beatriz Preciado, una de sus disc\u00edpulas, relata por ejemplo, sus experiencias de intoxicaci\u00f3n voluntaria con testosterona sint\u00e9tica, y sus efectos consecuentes sobre su cuerpo y sus afectos. Se trata de la producci\u00f3n de un cuerpo experimental, cuyo impacto no se puede calcular de antemano. Preciado empieza a escribir el libro\u00a0<i>Testo Junkie. Sexe, drogue et biopolitique\u00a0<\/i>luego de la aplicaci\u00f3n de la primer dosis de testogel en su cuerpo (PRECIADO, 2008), y relata durante 236 d\u00edas y noches, la evoluci\u00f3n de esta experiencia, entrecruz\u00e1ndola con consideraciones pol\u00edtico-filos\u00f3ficas y registros detallados de pr\u00e1cticas sexuales. Por esta v\u00eda, la autora ejemplifica la deconstrucci\u00f3n de su propia subjetividad y afirma que toma testosterona, no para transformarse en un hombre, sino para enga\u00f1ar a lo que la sociedad quiso hacer de ella, y por lo tanto para tener sexo, resintiendo de lo que ella llama de placer post-pornogr\u00e1fico, para agregar una pr\u00f3tesis molecular a su identidad transg\u00e9nero, confeccionada por consoladores y vibradores, textos e im\u00e1genes en movimiento. En definitiva, para vencer a la muerte (PRECIADO, 2008, p. 16).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span class=\"Titulo4\">El psicoanalista y los desordenes en la sexuaci\u00f3n<\/span><br \/>\nContrariamente al binarismo, la sexuaci\u00f3n propuesta por el psicoan\u00e1lisis considera tambi\u00e9n a la plasticidad del\u00a0<i>\u00abno todo\u00bb,\u00a0<\/i>m\u00e1s all\u00e1 de la diferencia anat\u00f3mica, aunque conserve el principio de la diferencia entre los sexos concerniente a las distintas distribuciones del goce, sea este el goce f\u00e1lico o el goce\u00a0<i>\u00abno todo\u00bb<\/i>\u00a0f\u00e1lico. Si existe apenas una posici\u00f3n sexuada relativa a la funci\u00f3n f\u00e1lica, esta no implica ninguna bipartici\u00f3n estandarizada entre el hombre y la mujer. Por otro lado, tampoco se puede afirmar que la diferencia entre los sexos divide, de modo aprior\u00edstico y dual, el espacio de la sexuaci\u00f3n. El propio Lacan en el Seminario 19, alerta sobre\u00a0<i>\u00abesta bipartici\u00f3n, siempre huidiza, del hombre y de la mujer\u00a0<\/i>[&#8230;].\u00a0<i>\u00bfSer\u00e1 que todo lo que no es hombre, es mujer? Tender\u00edamos a admitir que s\u00ed. Pero, ya que la mujer es no toda, \u00bfpor qu\u00e9 todo lo que no es mujer seria hombre?\u00bb<\/i>\u00a0(2012, p. 171). Se insiste por lo tanto, en que hombre y mujer no tienen apenas valor de semblante. Y en ese sentido, el falo es un semblante que tanto en el hombre cuanto en la mujer, no est\u00e1 apenas referido al imaginario del cuerpo viril. Es por esto que en lo tocante al cuerpo del hombre, debemos dar el mayor destaque a la afirmaci\u00f3n sorprendente de Lacan en\u00a0<i>El Sinthome,<\/i>\u00a0de que\u00a0<i>\u00abel \u00fanico real que verifica lo que quiera que sea es el falo, en la medida en que este es el soporte de la funci\u00f3n del significante\u00bb<\/i>\u00a0(2007, p. 114). Eso quiere decir que el falo es un semblante, que en ciertas circunstancias toca lo real. O sea, que no solo desempe\u00f1a la funci\u00f3n de limitador de la infinitizaci\u00f3n del goce, sino tambi\u00e9n se presenta en direcci\u00f3n a lo real, es decir, se muestra orientado por el agujero de la inexistencia de la relaci\u00f3n sexual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span class=\"Titulo4\">Efectos de la falicizaci\u00f3n de lo femenino sobre el cuerpo del hombre<\/span><br \/>\nAtento a los cambios que las relaciones entre los sexos sufren con el transcurso del tiempo, Lacan acent\u00faa de manera esclarecedora, los aspectos esenciales del proceso de sexuaci\u00f3n en el peque\u00f1o Hans. Este caso es seg\u00fan \u00e9l, un paradigma del tipo de relaci\u00f3n sexual presente a mediados de la d\u00e9cada de 1940, en la cual el sujeto desde el punto de vista sexual asume una cierta posici\u00f3n pasiva. Hans se muestra en conformidad con el orden sexual, pues es un ni\u00f1o que se interesa por las ni\u00f1as, pero no parece ocupar tal posici\u00f3n de modo viril. Suponemos que el inter\u00e9s de este por el objeto femenino puede preservarse durante toda su vida, sin embargo siempre en una actitud pasiva. En efecto, a pesar de la legalidad heterosexual del objeto al que \u00e9l se apega, la legitimidad de esa elecci\u00f3n es dudosa. Es entonces que Lacan, quincuagenario, confronta a los j\u00f3venes para explicarles que las relaciones sexuales contempor\u00e1neas parecen ser del tipo peque\u00f1o Hans. Concluye, de esta forma que\u00a0<i>\u00abesos j\u00f3venes encantadores esperan que las acciones vengan del otro lado, dejan la iniciativa a las damas, al final esperan que estas les saquen los pantalones\u00bb<\/i>\u00a0(<i>apud<\/i>\u00a0MILLER, 1995, p. 176).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta falicizaci\u00f3n de lo femenino que tiene consecuencias sobre el cuerpo del hombre se expresa 10 a\u00f1os despu\u00e9s en\u00a0<i>Bonjour Tristesse,<\/i>\u00a0novela de Fran\u00e7oise Sagan, cuando en una escena t\u00edpica de la\u00a0<i>\u00abnouvelle vague\u00bb,<\/i>\u00a0la protagonista toma la iniciativa de desvestir al amante:\u00a0<i>\u00abMe lanc\u00e9 sobre \u00e9l, derrumb\u00e1ndonos, mezcl\u00e9 mis cabellos con los suyos. Lo sent\u00ed ardiente y vigoroso contra mi rostro, ol\u00eda a mar, a sal\u00bb\u00a0<\/i>(SAGAN, p. 52). Esa generaci\u00f3n, aunque no sea contempor\u00e1nea a la del peque\u00f1o Hans, revela el tiempo del\u00a0<i>\u00abtodos juntos, todos iguales, de la democracia\u00bb<\/i>\u00a0(MILLER, 1995, p. 179), en que la forma viril del cuerpo del hombre muestra se\u00f1ales de su propio declive. Esta tendencia a la distribuci\u00f3n igualitaria de los semblantes contribuye fuertemente para el surgimiento de diversas expresiones imaginarias y f\u00e1licas de los cuerpos. En el \u00e1mbito de la sexuaci\u00f3n masculina, esta misma tendencia del \u00ab<i>todos iguales\u00bb,\u00a0<\/i>se hace presente por medio de consecuencias inestimables en la incidencia del imaginario f\u00e1lico en el cuerpo del hombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es la cl\u00ednica de la psicosis que nos ilumina acerca de la interferencia de este imaginario f\u00e1lico en el tratamiento de la infinitizaci\u00f3n del goce, acarreando en muchas ocasiones formas de suplencias estabilizadoras. A ese respecto, tomando por ejemplo a la fantas\u00eda estabilizadora de Schreber \u2013\u00a0<i>\u00abser\u00eda algo hermoso ser una mujer sufriendo el acoplamiento.\u00bb\u00a0<\/i>(LACAN, 1985, p. 77) \u2013, Lacan se\u00f1ala a\u00fan en los a\u00f1os 1950, que\u00a0<i>\u00abel presidente Schreber nunca integr\u00f3\u00a0<\/i>[&#8230;]\u00a0<i>especie alguna de forma femenina\u00bb\u00a0<\/i>(1985, p.102). Esa es una comprensi\u00f3n err\u00f3nea de lo que m\u00e1s tarde, se formula como el\u00a0<i>\u00abempuje a la mujer\u00bb.\u00a0<\/i>As\u00ed, lo que repugnaba al narcisismo de dicho Presidente, era la adopci\u00f3n de una posici\u00f3n femenina delante de su padre, lo que para \u00e9l implicaba la castraci\u00f3n. Por eso, Schreber prefiere satisfacerse en una relaci\u00f3n fundada en el delirio de grandeza, pues a partir del momento en que su partenaire es Dios, la castraci\u00f3n no le significa m\u00e1s nada. Adoptar esta forma grandiosa de ser la mujer de Dios consiste por lo tanto, como observa Lacan, en un mecanismo de compensaci\u00f3n imaginaria del Edipo ausente, un\u00a0<i>\u00abcomo si\u00bb\u00a0<\/i>hubiera obtenido la virilidad bajo la forma, no de la imagen paterna, sino del significante del Nombre del Padre (1985, p. 220). Podemos ver que en esta concepci\u00f3n de las psicosis, el imaginario f\u00e1lico puede asumir artificialmente el valor del Nombre del Padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, Lacan recurre al caso cl\u00ednico de Mauritis Katan, psiquiatra que describe la pre-psicosis de un joven en la pubertad, y como el caso da un viraje en relaci\u00f3n a la posici\u00f3n sexual del joven. En este caso, se hace evidente que no existe nada del orden del acceso a un algo que pueda realizar una forma viril. A este joven le falta todo, afirma Lacan. Y si \u00e9l intenta conquistar la tipificaci\u00f3n de una actitud viril, lo hace por imitaci\u00f3n, por copia, siguiendo el rastro de uno de sus compa\u00f1eros (1985, p. 220). Esta compensaci\u00f3n imaginaria bajo la forma de una imitaci\u00f3n del uso de los atributos f\u00e1licos, comienza entonces por la renuncia a las primeras maniobras sexuales masturbatorias de la pubertad, por imposici\u00f3n de un compa\u00f1ero. Este sujeto se interesa por una muchacha, la misma que atrae a su compa\u00f1ero, y en la extensi\u00f3n de esta identificaci\u00f3n viril, llega incluso a conquistarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ambos casos, la eviraci\u00f3n es la \u00fanica forma de responder a la no castraci\u00f3n: se trata de una suplencia viril, como la tipificaci\u00f3n de una forma elevada para el cuerpo del hombre, es decir\u00a0<i>\u00abun hombre que era la mujer de Dios\u00bb<\/i>. Lacan destaca, que para Schreber vale m\u00e1s ser una mujer de esp\u00edritu que un hombre cretinizado (1985, p. 290).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que el caso Schreber nos ense\u00f1a, es que en la psicosis en donde deber\u00eda emerger la significaci\u00f3n f\u00e1lica, adviene una suplencia que permite una cierta estabilizaci\u00f3n frente al goce invasivo del Otro. Ser la mujer de Dios, esta forma elevada inventada por Schreber, tiene el valor de suplencia,\u00a0<i>\u00abcomo si\u00bb\u00a0<\/i>fuera una forma f\u00e1lica, teniendo en consideraci\u00f3n la funci\u00f3n que el falo puede asumir de limitaci\u00f3n del goce del Otro. Captamos en estas suplencias, formas pl\u00e1sticas que pretenden dar alg\u00fan borde a la infinitizaci\u00f3n del goce del Otro. Se trata de artefactos o pr\u00f3tesis del falo, cuya plasticidad en cada caso dan forma al cuerpo del hombre en la paranoia, como marcado por la defensa contra lo real del goce de Otro. Podemos decir que este\u00a0<i>\u00abcomo si\u00bb\u00a0<\/i>del falo es lo que permite verificar lo real del goce en la psicosis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span class=\"Titulo4\">El residuo f\u00e1lico y el partenaire sexual<\/span><br \/>\nAunque bajo la l\u00f3gica de la sexuaci\u00f3n, haya dos f\u00f3rmulas proposicionales concernientes al lado masculino, y dos otras referentes al lado femenino, se consideran esos dos lados como tendencias, que a pesar de asim\u00e9tricas, no se sujetan a una fijaci\u00f3n est\u00e1tica. Es el proprio Lacan que aclara este punto de vista:\u00a0<i>\u00abQui\u00e9n quiera que sea ser hablante se inscribe de un lado o de otro\u00bb<\/i>\u00a0(2008, p. 85). O incluso:\u00a0<i>\u00ab<\/i>[&#8230;] A\u00a0<i>todo ser hablante, como se formula expresamente en la teor\u00eda freudiana, le es permitido cualquier que este sea, sea o no provisto de los atributos de la masculinidad\u00a0<\/i>[&#8230;]\u00a0<i>inscribirse en esta parte\u00bb<\/i>\u00a0(2008, p. 86), m\u00e1s precisamente en la parte mujer de la sexuaci\u00f3n. Esto quiere decir que puede haber un transitar de un sujeto, tanto para el lado femenino cuanto para el lado masculino de la sexuaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la cl\u00ednica psicoanal\u00edtica esta movilidad se muestra de varias maneras. En la conferencia\u00a0<i>La Feminidad,\u00a0<\/i>Freud afirma que en el primer momento del Edipo, en \u00e9l que prevalece la excitaci\u00f3n del cl\u00edtoris, actividad relacionada con sus deseos sexuales a menudo activos y dirigidos a la madre, la ni\u00f1a experimenta satisfacci\u00f3n de un modo masculino, o sea su sexualidad asume connotaciones f\u00e1licas. Lo mismo podemos decir, a prop\u00f3sito de este modo de satisfacci\u00f3n masculino, cuando una mujer ejerce los cuidados maternales volcados hacia un hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde nuestro punto de vista, esta forma pl\u00e1stica de la sexuaci\u00f3n se deduce de la formulaci\u00f3n lacaniana del goce femenino. Siendo que esta permite a Lacan, localizar el cuerpo del m\u00edstico San Juan de la Cruz de lado del\u00a0<i>\u00abno todo\u00bb<\/i>.El cuerpo del m\u00edstico en este caso, se aproxima del cuerpo del transexualista exitoso, en la medida en que este realiza la experiencia de un goce que extrapola el registro f\u00e1lico. La experiencia m\u00edstica revela de esta manera, como\u00a0<i>\u00abno es forzado cuando se es macho, el colocarse del lado &#8216;Vx.Fx'\u00bb<\/i>\u00a0(LACAN, 2008, p. 81). Concluimos entontes, que un hombre puede situarse del lado del\u00a0<i>\u00abno todo<\/i>\u00ab, aunque el falo sea lo que estorba para eso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta plasticidad del\u00a0<i>\u00abno todo<\/i>\u00bb tambi\u00e9n interesa al psicoanalista,pese a que este no sea un m\u00edstico. Por dicho motivo, tampoco se puede atribuir un lugar femenino al psicoanalista. Como esclarece Eric Laurent, no se trata de una feminizaci\u00f3n del analista en el sentido de convertirlo en Tiresias, sino de su condici\u00f3n de contraponerse a la homogenizaci\u00f3n del mundo, al hacer vacilar a los semblantes que apuntan a la consistencia del Otro (1999, p. 109).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lacan considera a lo m\u00edstico, una pol\u00edtica del goce que subvierte las posiciones sexuales instituidas por los semblantes de la civilizaci\u00f3n. Si el cuerpo del m\u00edstico as\u00ed como el femenino expresa una pol\u00edtica, esto proviene de la demarcaci\u00f3n del car\u00e1cter contable y localizable del goce f\u00e1lico. Al psicoanalista se le requiere ir m\u00e1s all\u00e1 del falicismo, por m\u00e1s que la virilidad sobre todo en el caso de los hombres, pueda ser una marca constitutiva de la existencia de ellos. Es un atributo de la pr\u00e1ctica anal\u00edtica desvelar la verdad del r\u00e9gimen f\u00e1lico del goce, como impotente para discernir el modo en que el sujeto vive la pulsi\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 del horizonte fetichista del fantasma masculino (MILLER, 2012, p. 77). \u00bfTrat\u00e1ndose del cuerpo del hombre, el final de an\u00e1lisis favorece el vivir la pulsi\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 del fetichismo, inscripto en los usos del fantasma? \u00bfY cu\u00e1les son las consecuencias para el recurso del falo y del goce f\u00e1lico?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Resulta claro que el desvelamiento de esta verdad, suscita la presencia de la vertiente opaca del goce femenino que concierne tambi\u00e9n al sujeto masculino, con la condici\u00f3n de que \u00e9l sea un \u00ab<i>no todo<\/i>\u00abf\u00e1lico. Hablamos de opacidad, en la medida en que el final de an\u00e1lisis implica l\u00f3gicamente un indecible, un innombrable del goce. Este goce que resiste a la nominaci\u00f3n, es considerado por Lacan en\u00a0<i>A\u00fan\u00a0<\/i>como algo propio de la mujer o de lo m\u00edstico, dado que de ese goce se puede decir muy poco, pues es experimentado apenas. Sin embargo el hombre, se muestra tambi\u00e9n vulnerable a este innombrable, ya que su existencia libidinal no se encuentra enteramente sometida a su apego al goce f\u00e1lico. Si la trayectoria de la experiencia del an\u00e1lisis desgasta y disuelve el escenario fetichista del fantasma, dejando en jaque a la certidumbre ilusoria de su ideal viril, permite la apertura de un espacio para un uso inventivo de la parte del goce singular y \u00ab<i>no todo<\/i>\u00ab. En el fondo, creer en el ideal viril es la forma que algunos hombres encuentran para suplir la falta paterna. Y es justamente esa creencia en lo viril que alimenta la suposici\u00f3n de\u00a0<i>La mujer,\u00a0<\/i>o sea de aquello que responde al \u00ab<i>no todo<\/i>\u00abfemenino, al buscar hacer existir a la llamada especie mujer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como hicimos referencia anteriormente, sea bajo la forma de una suplencia imaginaria como en la psicosis, sea en la posici\u00f3n pasiva de los hombres modernos, no cesa la necesidad de constituir un cuerpo de hombre, cuyo suporte es la dimensi\u00f3n imaginaria del falo. Pero, en el cuerpo de hombre que encontramos al final de la experiencia de an\u00e1lisis, la perdida que incide sobre el r\u00e9gimen f\u00e1lico no quiere decir un rechazo del uso del falo, sino que significa que su condici\u00f3n viril puede funcionar de otro modo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como ya dijimos, si el final de an\u00e1lisis puede apuntar a la disoluci\u00f3n del ideal viril, esto proviene del hecho de esta disoluci\u00f3n dejar entrever una sustracci\u00f3n de goce en el uso imaginario del falo cuyo resultante es un residuo, tomado por Lacan como lo \u00fanico capaz de verificar lo que quiera que sea que, en lo tocante a lo real est\u00e1 envuelto en las relaciones entre los sexos (LACAN, 2007, p. 114). Este real no es nada m\u00e1s que el modo como el ser hablante lidia con el partenaire sexual en el \u00e1mbito de la pulsi\u00f3n, que se muestra menos\u00a0<i>enmascarada<\/i>\u00a0por el circuito del fantasma. En otras palabras, es este partenaire que pone a prueba el cuerpo del hombre, en el momento en que este busca vivir la pulsi\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 del uso fetichista del fantasma. No es por falta de raz\u00f3n, que lo que m\u00e1s caracteriza el s\u00edntoma del hombre, en su vertiente de resto sintom\u00e1tico, lo que existe m\u00e1s de \u00absi\u00bb en esta vertiente del s\u00edntoma, es el partenaire sexual (LACAN, 1976, p.5). Es el partenaire sexual en el sentido de que es una mujer lo que se constituye como\u00a0<i>sinthoma<\/i>\u00a0para todo hombre. En este caso, es el uso del falo que apunta hacia el agujero en lo real, porque se vuelve \u00e9l mismo, un residuo de este real y permite al ser hablante lidiar con su partenaire sexual, en el sentido de un\u00a0<i>savoir faire<\/i>\u00a0concerniente a ese partenaire, de un saber \u00abarregl\u00e1rselas\u00bb con \u00e9l, de manipularlo (LAURENT, 2013).<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"CITAS\">\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/b><\/p>\n<ul>\n<li style=\"text-align: justify;\">BUTLER, J.\u00a0<i>Cuerpos que importan.<\/i>\u00a0Sobre los l\u00edmites materiales y discursivos del sexo. Buenos Aires: Paid\u00f3s, 2002.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">BUTLER, J.\u00a0<i>D\u00e9faire le genre.\u00a0<\/i>Paris: \u00c9ditions Amsterdam. 2006.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">GRECO, M.\u00a0<i>Declina\u00e7\u00f5es da dismorfofobia: estudo psicanal\u00edtico da distor\u00e7\u00e3o da imagem cuerporal\u00a0<\/i>[Tese de Doutorado UFMG]. &lt;http:\/\/www.bilbliotecadigital.ufmg.br&gt;. Acesso em: 6 set. 2013.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">LACAN, J.\u00a0<i>O Semin\u00e1rio, Livro 3: As psicosiss\u00a0<\/i>[1955-1956]. Rio de Janeiro: Zahar, 1985.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">LACAN, J.\u00a0<i>O Semin\u00e1rio, Livro 18: De um discurso que n\u00e3o fosse semblante\u00a0<\/i>[1971]. Rio de Janeiro: Zahar, 2009.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">LACAN, J.\u00a0<i>O Semin\u00e1rio, Livro 19: &#8230;ou pire\u00a0<\/i>[1971-1972]. 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In:<i>\u00a0Op\u00e7\u00e3o lacaniana,\u00a0<\/i>n. 56\/57, p. 125-128, jul. 2010.<\/li>\n<\/ul>\n<\/div>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[198],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1194"}],"collection":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1194"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1194\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1195,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1194\/revisions\/1195"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1194"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1194"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/vi\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1194"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}