{"id":1363,"date":"2021-09-09T22:23:32","date_gmt":"2021-09-09T22:23:32","guid":{"rendered":"http:\/\/x-enapol.org\/viii\/?post_type=avada_portfolio&#038;p=1363"},"modified":"2021-09-09T22:23:32","modified_gmt":"2021-09-09T22:23:32","slug":"la-familia-en-el-ciberespacio","status":"publish","type":"avada_portfolio","link":"https:\/\/enapol.com\/viii\/portfolio-items\/la-familia-en-el-ciberespacio\/","title":{"rendered":"La familia en el ciberespacio"},"content":{"rendered":"<div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 fusion-flex-container nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:1352px;margin-left: calc(-4% \/ 2 );margin-right: calc(-4% \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:100%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:1.92%;--awb-margin-bottom-large:20px;--awb-spacing-left-large:1.92%;--awb-width-medium:100%;--awb-order-medium:0;--awb-spacing-right-medium:1.92%;--awb-spacing-left-medium:1.92%;--awb-width-small:100%;--awb-order-small:0;--awb-spacing-right-small:1.92%;--awb-spacing-left-small:1.92%;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-column-has-shadow fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-text fusion-text-1\"><p style=\"text-align: justify;\">Por <strong>Liliana Cazenave<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-1364 alignleft\" src=\"http:\/\/enapol.com\/viii\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2021\/09\/07_Liliana-Cazenave.jpg\" alt=\"\" width=\"245\" height=\"245\" srcset=\"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2021\/09\/07_Liliana-Cazenave-66x66.jpg 66w, https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2021\/09\/07_Liliana-Cazenave-150x150.jpg 150w, https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2021\/09\/07_Liliana-Cazenave-200x200.jpg 200w, https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2021\/09\/07_Liliana-Cazenave.jpg 245w\" sizes=\"(max-width: 245px) 100vw, 245px\" \/>Hoy en d\u00eda el espacio de la familia -en el cual el sujeto hace la experiencia de la palabra, donde recibe el primer ba\u00f1o del lenguaje- se encuentra invadido por el ciberespacio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A las familias de nativos digitales\u00a0<i>millennials<\/i>, que han crecido con al menos una pantalla y que viven actualmente hiperconectados, les resulta completamente natural criar a sus hijos en el ciberespacio. El ciberespacio constituye una variante del ba\u00f1o del lenguaje en el que est\u00e1n sumergidos en tanto que seres hablantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las pantallas son introducidas cada d\u00eda m\u00e1s temprano en la crianza complementando y en algunos casos hasta supliendo las funciones materna y paterna. Existen aplicaciones de videos para calmar a los beb\u00e9s, para dormirlos, para que coman, para que se laven los dientes. Estos programas no funcionan simplemente como objetos sustitutos que se alojan en el hueco que cava la pulsi\u00f3n (como el chupete), sino que se trata de semblantes imaginarizados del Otro deseante que funcionan autom\u00e1ticamente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La familia es el lugar donde se nace a la lengua. Los padres, como dice Lacan en la\u00a0<i>Conferencia en Ginebra sobre el s\u00edntoma<\/i>,[1] transmiten, con su particular modo de hablar, la marca del modo en el cual desearon al ni\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hablar en una lengua es testimoniar el v\u00ednculo con la familia. Ya los primeros balbuceos son distintos en una lengua y otra.[2] Sin embargo, se ve cada vez con m\u00e1s frecuencia en la cl\u00ednica, ni\u00f1os que hablan en neutro o con el acento mejicano de los doblajes de los dibujos animados o de modo rob\u00f3tico, dando cuenta de otro modo de inserci\u00f3n en el lenguaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y cabe preguntarnos si la transmisi\u00f3n de la lengua, propia de la funci\u00f3n materna, no est\u00e1 en estos casos afectada, ya que estos objetos de la tecnociencia inciden sobre lo real del cuerpo y su goce. Cuando por distintos avatares, el deseo materno decae, las pantallas pueden constituirse en el refugio o la alternativa que el ni\u00f1o encuentra para suplirlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, ante el declive del Nombre del Padre y de la ficci\u00f3n ed\u00edpica para descifrar el deseo materno y ordenar el goce, la trama ficcional ofertada por el discurso de la tecnociencia ofrece nuevos mitos, nuevas formas de filiaci\u00f3n, nuevas identificaciones para armar las ficciones fantasm\u00e1ticas que traten lo real del lenguaje.[3]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la\u00a0<i>Conferencia en Ginebra<\/i>\u2026 y en el Seminario 24,[4] Lacan habla del traumatismo de\u00a0<i>lalengua<\/i>\u00a0como el encuentro de las palabras con el cuerpo. Para que\u00a0<i>lalengua<\/i>\u00a0se encuentre con el cuerpo del viviente y se encarne es necesario que sea introducida por la madre o, m\u00e1s precisamente, por la funci\u00f3n materna. Por eso Lacan coincide en llamar materna a su invento de\u00a0<i>lalengua<\/i>. Es la madre, y en su horizonte el padre, quien la introduce. Es as\u00ed como\u00a0<i>lalengua<\/i>\u00a0se materializa y parasita el cuerpo del viviente afect\u00e1ndolo con el goce. Pero para que este cuerpo del viviente advenga cuerpo del sujeto\u00a0<i>lalengua<\/i>\u00a0habr\u00e1 de inscribirse, corporizarse.[5]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En\u00a0<i>El malentendido<\/i>,[6] Lacan da cuenta de las condiciones de transmisi\u00f3n para que\u00a0<i>lalengua<\/i>\u00a0se corporice. La caracter\u00edstica que define a\u00a0<i>lalengua\u00a0<\/i>es su equivocidad, su<b>\u00a0<\/b>malentendido. Lo esencial para el nacimiento del\u00a0<i>parl\u00eatre<\/i>\u00a0es la transmisi\u00f3n del malentendido de\u00a0<i>lalengua<\/i>, de un equ\u00edvoco particular inscripto que lo marque con un goce particular.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La extracci\u00f3n por parte del sujeto de un Uno de\u00a0<i>lalengua<\/i>\u00a0que se inscribe en el Inconsciente fund\u00e1ndolo, permite al sujeto tener un cuerpo y no quedar parasitado por el goce.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para que el malentendido de\u00a0<i>lalengua\u00a0<\/i>que constituye el inconsciente se transmita es necesario que \u00abse reparta entre dos parlantes que no hablan la misma lengua y se completan para la reproducci\u00f3n de un malentendido\u00bb.[7] Que los dos parlantes no hablen la misma lengua implica, por un lado, un malentendido del verbo, es decir, se trata de dos mediodecires inconscientes que se malentienden y transmiten un imposible de decir. Por otro lado, se trata tambi\u00e9n de un malentendido de goces del Uno y del Otro, no hay relaci\u00f3n sexual. Si la transmisi\u00f3n es de Uno solo sin hacer jugar al Otro no habr\u00e1 malentendido ni imposibilidad a transmitir.[8]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Otro de la lengua que vehiculan las pantallas es un Otro desencarnado que no se presta a la contingencia del encuentro, un Otro programado que no se presta al malentendido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien los usos que cada sujeto puede hacer de esa trama ficcional ofrecida por la tecnociencia son singulares, sabemos que no puede sustraerse de los efectos del discurso que la produce. \u00bfQu\u00e9 tratamiento da este a lo real?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El texto e imagen de los programas inform\u00e1ticos se elabora a partir de la escritura digital, escritura cuyo alfabeto se reduce a la pura diferencia del 0 y el 1, escritura autom\u00e1tica y aut\u00f3noma, separada del escritor y, por lo tanto, de la subjetividad. Se trata de una escritura que es un puro automatismo en donde no entra la dimensi\u00f3n humana del malentendido.[9]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La l\u00f3gica de los programas inform\u00e1ticos parte, por otro lado, de la posibilidad de modelizar las reglas y estrategias, si se trata de un juego, o puede abarcar cualquier aspecto de la vida, como por ejemplo el programa Siri, el asistente personal inteligente de Apple, que modeliza las emociones. La singularidad del sujeto, fuera de programa, queda evacuada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lacan invent\u00f3 el espacio de la alet\u00f3sfera para situar este espacio creado por el discurso de la ciencia.[10] Se trata en \u00e9l de una nueva articulaci\u00f3n de la verdad que nos hace olvidar la imposibilidad de lo real, lo que hace que en la \u00e9poca se tienda a negarlo. No obstante, las letosas, que constituyen estas nuevas m\u00e1quinas que son las computadoras, son objetos que se articulan con lo real de los cuerpos dando lugar a nuevos s\u00edntomas.[11]<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfC\u00f3mo interviene el analista? Se trata de acoger en transferencia lo que el sujeto ha extra\u00eddo de esta trama y el uso que le ha dado para convertirse en su\u00a0<i>partenaire<\/i>\u00a0encarnado y dar lugar a la contingencia del encuentro y, por lo tanto, al malentendido. La experiencia de lectura que es una cura anal\u00edtica ha de permitirle al sujeto leer el real singular, las marcas propias que sit\u00faa en sus ficciones.<\/p>\n<div class=\"NotasPie\">\n<p style=\"text-align: justify;\">NOTAS<\/p>\n<ol>\n<li style=\"text-align: justify;\">Lacan, J. (1998), Conferencia en Ginebra sobre el s\u00edntoma,\u00a0<i>Intervenciones y textos\u00a0<\/i>II, Buenos Aires: Manantial.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Miller, J.-A. (1997), Cosas de familia en el inconsciente,\u00a0<i>Mediodicho\u00a0<\/i>32, C\u00f3rdoba: EOL-C\u00f3rdoba.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Cazenave, L., Ficciones desenmarcadas, Trabajo presentado en la jornada de la EOL Hiperconectados, in\u00e9dito.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Lacan, J., Seminario 24, in\u00e9dito<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Miller, J.-A. (2002),\u00a0<i>Biolog\u00eda lacaniana y acontecimiento del cuerpo<\/i>, Buenos Aires: Colecci\u00f3n Diva.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Lacan, J., El malentendido, in\u00e9dito<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\"><i>Ibid.<\/i><\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Cazenave, L. (2007), Traumatismo y responsabilidad. \u00bfC\u00f3mo interviene el analista?,\u00a0<i>Psicoan\u00e1lisis con ni\u00f1os y adolescentes<\/i>, Buenos Aires: Grama.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Sauval, M., Algunos efectos de la digitalizaci\u00f3n en la cultura,\u00a0<i>Letra Urbana<\/i>. Extra\u00eddo\u00a0<a href=\"http:\/\/letraurbana.com\/articulos\/algunos-efectos-de-la-digitalizacion-en-la-cultura\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">http:\/\/letraurbana.com\/articulos\/algunos-efectos-de-la-digitalizacion-en-la-cultura\/<\/a><\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Lacan, J. (1992),\u00a0<i>El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoan\u00e1lisis<\/i>, Buenos Aires: Paid\u00f3s.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Bassols, M., Hijos de la tecnociencia,\u00a0<i>Trabalenguas, Revista virtual EOL Santa Fe<\/i>. Extra\u00eddo\u00a0<a href=\"http:\/\/trabalenguas-eolsantafe.blogspot.com.ar\/2015\/12\/los-hijos-de-la-tecnociencia-y-sus.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">http:\/\/trabalenguas-eolsantafe.blogspot.com.ar\/2015\/12\/los-hijos-de-la-tecnociencia-y-sus.html<\/a><\/li>\n<\/ol>\n<\/div>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Liliana Cazenave (EOL)<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1364,"menu_order":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"portfolio_category":[190,170],"portfolio_skills":[],"portfolio_tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/1363"}],"collection":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio"}],"about":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/types\/avada_portfolio"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1363"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/1363\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1365,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/1363\/revisions\/1365"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1364"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1363"}],"wp:term":[{"taxonomy":"portfolio_category","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_category?post=1363"},{"taxonomy":"portfolio_skills","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_skills?post=1363"},{"taxonomy":"portfolio_tags","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_tags?post=1363"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}