{"id":1753,"date":"2021-09-11T00:14:59","date_gmt":"2021-09-11T00:14:59","guid":{"rendered":"http:\/\/x-enapol.org\/viii\/?post_type=avada_portfolio&#038;p=1753"},"modified":"2021-09-11T00:14:59","modified_gmt":"2021-09-11T00:14:59","slug":"entrevista-a-graciela-brodsky","status":"publish","type":"avada_portfolio","link":"https:\/\/enapol.com\/viii\/portfolio-items\/entrevista-a-graciela-brodsky\/","title":{"rendered":"Entrevista a Graciela Brodsky"},"content":{"rendered":"<div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 fusion-flex-container nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:1352px;margin-left: calc(-4% \/ 2 );margin-right: calc(-4% \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:100%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:1.92%;--awb-margin-bottom-large:20px;--awb-spacing-left-large:1.92%;--awb-width-medium:100%;--awb-order-medium:0;--awb-spacing-right-medium:1.92%;--awb-spacing-left-medium:1.92%;--awb-width-small:100%;--awb-order-small:0;--awb-spacing-right-small:1.92%;--awb-spacing-left-small:1.92%;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-column-has-shadow fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-text fusion-text-1\"><p style=\"text-align: justify;\">Por <strong>Leticia Varga<\/strong> y <strong>Natal\u00ed Boghossian<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-1756 alignleft\" src=\"http:\/\/enapol.com\/viii\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2021\/09\/30_Graciela-Brodsky.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2021\/09\/30_Graciela-Brodsky-66x66.jpg 66w, https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-content\/uploads\/sites\/6\/2021\/09\/30_Graciela-Brodsky.jpg 150w\" sizes=\"(max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/>Conflictos familiares: \u00bfdestino o responsabilidad?<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando se plantea destino o responsabilidad, \u00bfeso implicar\u00eda una repartici\u00f3n entre lo necesario y lo contingente? \u00bfAlgo de la configuraci\u00f3n familiar estar\u00eda destinado necesariamente al conflicto m\u00e1s all\u00e1 de cu\u00e1l sea su configuraci\u00f3n: familia monoparental o multiparental, nuclear o ensamblada, homosexual o h\u00e9terosexual? Entiendo que ustedes se preguntan eso: si el conflicto es inherente a la familia o si el conflicto es responsabilidad de una mala manera de llevar adelante la familia. Es una buena cuesti\u00f3n, porque si uno lo piensa como responsabilidad, desemboca necesariamente en la idea de que podr\u00eda ser evitada, que si uno escuchara m\u00e1s al otro, si tuviera una mejor disposici\u00f3n, si fuera m\u00e1s comprensivo, m\u00e1s tolerante o todo lo contrario, si el padre fuera m\u00e1s riguroso o amistoso, si la madre fuera m\u00e1s cari\u00f1osa o severa&#8230; En esa direcci\u00f3n desembocar\u00edamos en la idea que queremos desterrar. Por ejemplo, en los casos del autismo nos negamos a pensar que la responsabilidad sea de los padres. No pensamos que la determinaci\u00f3n de los hijos s\u00f3lo est\u00e9 en las manos de los padres. Eso es una fe ciega en el Edipo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LV:\u00a0<i>Estaba pensando en el caso que present\u00f3 recientemente en la Escuela Miguel Furman sobre autismo que daba cuenta, justamente, de lo contrario. La transmisi\u00f3n es del trabajo de \u00e9l con el ni\u00f1o. No hab\u00eda ninguna entrevista a padres. No hab\u00eda ninguna causalidad, ning\u00fan origen, sino el trabajo del analista con un ni\u00f1o autista y los efectos. Miguel comentaba que la familia era una familia con la que se pod\u00eda contar para el tratamiento de ese ni\u00f1o.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Indudablemente. El psicoan\u00e1lisis es un responsable de haber hecho pasar a los medios y a la cultura de nuestra \u00e9poca la met\u00e1fora paterna. Nosotros hemos ayudado a que la met\u00e1fora paterna triunfe. Mostramos que el deseo de la madre es un deseo de apropiarse del ni\u00f1o, ya sea bajo la forma de fetiche, ya sea bajo la forma de un objeto m\u00e1s o menos falicizado. Explicamos que la funci\u00f3n del padre es impedir que el capricho materno haga del ni\u00f1o su\u00a0<i>partenaire<\/i>\u00a0fundamental y hemos demostrado que, dependiendo de la eficacia de la intervenci\u00f3n paterna y del lugar que la madre d\u00e9 al padre, resultan estructuras cl\u00ednicas. Es dif\u00edcil explicar que no se trata de las personas sino de las funciones, porque las funciones no existen en el cielo de las ideas, las funciones est\u00e1n encarnadas por personas. El libro de Manuel Zlotnik,\u00a0<i>El padre modelo<\/i>, muestra bien que se trata de lo vivo del padre no s\u00f3lo de la funci\u00f3n paterna. Hay una funci\u00f3n pero adem\u00e1s hace falta al menos uno que encarne la funci\u00f3n. Toda la reconfiguraci\u00f3n del Edipo freudiano y la relectura que hace Lacan a finales de los a\u00f1os cincuenta a partir de la met\u00e1fora paterna, abre la posibilidad de pensar la responsabilidad que le corresponde a la familia en el conflicto, con el trasfondo de que si las cosas funcionaran como debieran, es decir, si el padre cumpliera su funci\u00f3n, si la madre diera lugar a la palabra paterna, el conflicto ser\u00eda m\u00ednimo o no habr\u00eda conflicto. Pensar en la posibilidad de que no haya conflicto es equivalente a pensar que no haya s\u00edntoma. Por eso, en la dial\u00e9ctica entre destino y responsabilidad, me inclino a pensar en aquello que ustedes llaman \u00abdestino\u00bb. Tal vez no lo llamar\u00eda \u00abdestino\u00bb, pero es muy elocuente para nombrar algo que es del orden de lo necesario, de lo que no cesa y que no va a cesar. No hay que suponer que si las cosas estuvieran mejor barajadas, si la familia estuviera mejor compuesta, si las funciones estuvieran mejor encarnadas, entonces el conflicto ser\u00eda contingente. Pienso que cuando ustedes se refieren a la figura del destino apuntan a lo que no es contingente, a lo que no depende del azar ni de la voluntad, a lo que est\u00e1 escrito como \u00ablo que no cesa\u00bb. Me parece que necesariamente cuando se trata de la familia, estamos en el terreno de un conflicto que no cesa. Porque no cesa el conflicto entre los goces. No hay armon\u00eda entre los goces y entonces hay un conflicto irreductible que est\u00e1 en el seno de la familia, notoriamente en la familia heterosexual en la medida en que pone de manifiesto que un hombre y una mujer son radicalmente distintos en su manera de amar, en su manera de gozar y en su manera de desear. Y esto no se resuelve de ninguna manera. Lo interesante ser\u00eda explorar de qu\u00e9 manera, aunque las familias se recomponen, se reconfiguran, el conflicto irreductible entre los goces persiste. Por ejemplo, \u00bfde qu\u00e9 manera persiste el desencuentro entre los goces en una pareja homosexual, donde aparentemente ambos estar\u00edan del mismo lado de las f\u00f3rmulas de la sexuaci\u00f3n? La homosexualidad no es una paridad, y la cl\u00ednica muestra que m\u00e1s all\u00e1 de las contingencias sexuales, la diferencia de los goces persiste. Es lo que las f\u00f3rmulas de la sexuaci\u00f3n escriben cuando indican que no hace falta ser hombre o mujer para colocarse de un lado o del otro. As\u00ed que en la f\u00f3rmula general \u00abdestino o responsabilidad\u00bb, pienso que da m\u00e1s en el clavo de lo real, de lo real de nuestra pr\u00e1ctica, la dimensi\u00f3n de \u00abdestino\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LV:\u00a0<i>Est\u00e1s ubicando lo que no cesa de escribirse y la imposibilidad de reducci\u00f3n de ese real, tomando lo de destino as\u00ed, porque si no tambi\u00e9n el destino tiene una cara muy neur\u00f3tica.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No, no lo estoy tomando como la neurosis de destino. Pienso efectivamente al destino como lo que no cesa de escribirse. Es decir lo que se va a repetir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">NB:\u00a0<i>Claro como una no-relaci\u00f3n sexual dentro de la familia.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es que la familia es el escenario donde se juega la no-relaci\u00f3n sexual. Efectivamente, todos los\u00a0<i>impasses<\/i>\u00a0de la sexualidad h\u00e9tero, homo, trans, se escenifican en el \u00e1mbito de la familia, porque la familia implica -de una manera m\u00e1s neur\u00f3tica o m\u00e1s psic\u00f3tica o como lo queramos llamar- consentir al goce del Otro. Si no, estamos en el territorio del soltero. Necesariamente, la familia, sobre todo si pensamos que la familia se constituye como tal a partir de los hijos, es el escenario donde se inscribe en la sociedad, al menos nuestra sociedad occidental, la no-relaci\u00f3n sexual. Donde se hace manifiesto el\u00a0<i>impasse<\/i>\u00a0de la no relaci\u00f3n sexual y eso es un conflicto irreconciliable entre los goces que la familia vela, cubre, que la familia trata de aplacar, pero que est\u00e1 en el coraz\u00f3n mismo de lo que no cesa. De lo que no cesa de escribirse como s\u00edntoma, de lo que no cesa de escribirse como lo imposible de un acoplamiento entre los goces, un entendimiento entre los goces. Entonces, creo que hay algo irreductible, conflictivamente irreductible en la familia, y que la familia, finalmente, es un invento para hacer algo con la inexistencia de la relaci\u00f3n sexual. Es una ficci\u00f3n que compartimos y se ve que como soluci\u00f3n tiene algo s\u00f3lido, que es una soluci\u00f3n mejor que otras, porque hemos conocido los intentos de generalizaci\u00f3n o de desestructuraci\u00f3n de la familia, por ejemplo, en las comunidades donde los ni\u00f1os y los padres son separados muy tempranamente. En nuestra generaci\u00f3n, no tan lejana, hemos conocido intentos comunitarios de disolver a la familia en una comunidad, y no han resultado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LV:\u00a0<i>Qu\u00e9 interesante eso que dec\u00eds, por lo menos no lo ten\u00eda en cuenta. Me hiciste recordar los intentos que hubo en la d\u00e9cada de los 60\u2026<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Efectivamente las comunidades hippies que se instalaron en el sur, por ejemplo. En la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica tambi\u00e9n hubo intentos despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n del 17. Est\u00e1 tambi\u00e9n la experiencia del\u00a0<i>kibbutz<\/i>\u00a0en Israel. Creo que en cada caso se trata de ir contra la dimensi\u00f3n de los hijos como bienes. Efectivamente, en el mejor de los casos, el hijo se coloca del lado de los bienes, del tener. Por eso Lacan puede decir que la posici\u00f3n femenina por excelencia es la de la mujer que puede desprenderse de esos bienes que son los hijos, por eso habla de la verdadera mujer para referirse a Medea. En esos experimentos de ruptura de la familia patriarcal, los hijos la propiedad de los hijos, pasa a ser compartida como lo ser\u00eda la propiedad de la Tierra. Es un comunitarismo de los bienes donde se comparte lo que se produce, se comparte lo que se siembra, se comparten los frutos de la tierra y se comparten los frutos de los vientres tambi\u00e9n. Esos intentos no funcionaron. Ser\u00eda interesante entender por qu\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LV:\u00a0<i>En una de las Conversaciones del pr\u00f3ximo ENAPOL, de la que es Responsable D\u00e9bora Nitzcaner, estamos investigando el concepto de parentalidad, en relaci\u00f3n con las nuevas formaciones familiares. Marie-H\u00e9l\u00e8ne Brousse nombra como parentalidad a un tipo de uniones; ahora en vez de la funci\u00f3n paterna, las familias tienen algo de la paridad. Pero lo que es impresionante es que, a la vez, se vuelve a la familia tradicional. Es decir, la pelea de los homosexuales es que se puedan casar. Es una revoluci\u00f3n para finalmente volver a tener una estructura familiar.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Efectivamente, la funci\u00f3n de la ley, la funci\u00f3n de la legislaci\u00f3n, es hacer entrar lo real en lo simb\u00f3lico. Entonces, en una \u00e9poca ser gay implicaba una reivindicaci\u00f3n del lado del goce. Cuando uno piensa en Pasolini -que estuvo en nuestras bocas en este \u00faltimo tiempo- y su b\u00fasqueda de un goce transgresor hasta encontrar la muerte misma en esa pr\u00e1ctica\u2026 Eso no tiene nada que ver con las conquistas sociales. Indudablemente es una gran conquista del movimiento gay, del movimiento gay-lesbiano, que lo que antes se consideraba transgresi\u00f3n haya sido incorporado a la ley como un derecho identitario. El problema es que una vez que la transgresi\u00f3n es admitida dentro de la ley deja de ser transgresi\u00f3n, y uno ya no sabe c\u00f3mo transgredir. El goce de la transgresi\u00f3n, que Lacan explica en\u00a0<i>La\u00a0<\/i>\u00e9tica, exige cada vez formas m\u00e1s violentas de la transgresi\u00f3n. Y cuando se lee sobre el debate de la reasignaci\u00f3n sexual, cuando se escuchan las posiciones encontradas sobre el consumo y la legalizaci\u00f3n de las drogas, debates a los que no podemos permanecer ajenos, los psicoanalistas podr\u00edan aportar algo sobre las paradojas que se engendran cuando el aparato simb\u00f3lico trata de reabsorber lo real en su sistema. El orden simb\u00f3lico es un recurso para aplacar el goce. Pero lo real se encabrita, como dijo alguna vez Lacan. El matrimonio mismo, gay, h\u00e9tero o lo que sea, es una manera de civilizar el goce.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">NB:\u00a0<i>Lo que hace lo simb\u00f3lico mismo como mortificante.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Exacto. Por eso los gays y las lesbianas, tanto como los heterosexuales, est\u00e1n bajo el mismo yugo: son c\u00f3nyuges, y nos hablan del mismo hast\u00edo, de la misma p\u00e9rdida de goce que ya Freud se\u00f1alaba como el destino de la familia conyugal. Toda instituci\u00f3n, y el matrimonio es una instituci\u00f3n, es un dispositivo de acotamiento del goce: lo real acotado por lo simb\u00f3lico. Pero el goce pide m\u00e1s. Recuerdo una conversaci\u00f3n cl\u00ednica con residentes y concurrentes en servicios hospitalarios donde se presentaron casos de una cl\u00ednica de la perversi\u00f3n que no tiene nada que ver con la cl\u00ednica de la perversi\u00f3n que conocemos. La transgresi\u00f3n exige cada vez pr\u00e1cticas m\u00e1s complejas para mantener ese reducto del plus de gozar posible que se obtiene a expensas de la ley. Por eso, por ejemplo, el movimiento\u00a0<i>queer<\/i>\u00a0supo ir en su momento contra el\u00a0<i>lobby<\/i>\u00a0de los movimientos\u00a0<i>lesbian-gays<\/i>\u00a0para resistir a ser tomados por la norma, que siempre exige un \u00abpara todos\u00bb. A medida que lo simb\u00f3lico se va ensanchando, lo real se va refugiando en reductos cada vez m\u00e1s violentos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando trabaj\u00e9 en su momento el texto de Marie-H\u00e9l\u00e8ne Brousse sobre la paridad, mi hip\u00f3tesis era que una vez que se obtiene la paridad en la pareja, es decir, que la pareja pasa a ser fraterna, lo que viene al lugar de la intrusi\u00f3n es el hijo. En\u00a0<i>La familia<\/i>\u00a0Lacan describe muy bien la intrusi\u00f3n que acarrea la llegada del hermano. El ni\u00f1o reci\u00e9n llegado entra\u00f1a la presencia del Otro, que irrumpe en el mundo de los pares. Tomando como el mundo de los pares el mundo de los hermanos. La parentalidad actual, que ocupa el lugar desplazado de la paternidad, incluye en el mismo vocablo lo \u00abpar\u00bb. Ya no el\u00a0<i>pater<\/i>, sino el par. Y entonces, en esa paridad jur\u00eddica, en esa parentalidad, el intruso termina siendo el hijo. La demograf\u00eda da cuenta de un rechazo creciente al hijo, pero los psicoanalistas podemos decir algo m\u00e1s, podemos esbozar una respuesta para la baja creciente de la natalidad en los pa\u00edses m\u00e1s desarrollados, que son los que m\u00e1s conquistas han logrado en materia de parentalidad. Y es que en este sistema de paridad los ni\u00f1os se han convertido en el intruso de la familia, nadie sabe d\u00f3nde ponerlos. Nadie sabe qu\u00e9 hacer con los ni\u00f1os, que llegan a destiempo, que llegan demasiado temprano, o llegan demasiado tarde, que no llegan\u2026 El ni\u00f1o presentifica lo dispar en la paridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando se est\u00e1 frente a esta promoci\u00f3n contempor\u00e1nea de la paridad en todos los planos y cuando se piensa como psicoanalista, hay que buscar siempre por donde va a surgir la disparidad. No hay paridad. Sabemos que no hay paridad, y esto desde el estadio del espejo momento en el cual Lacan aprovech\u00f3 para darnos una primera versi\u00f3n del fracaso de lo simb\u00f3lico para enmarcar lo real. Sabemos que no hay paridad entonces, en todo discurso sobre la paridad -que por supuesto tiene sus mejores razones de ser a nivel del funcionamiento social y que siempre apoyaremos-, como psicoanalistas, nos interesamos en la disparidad. La disparidad es lo que hace s\u00edntoma, la disparidad es lo que marca la imposibilidad de reabsorci\u00f3n de lo real por lo simb\u00f3lico. Es nuestra br\u00fajula.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">NB:\u00a0<i>El analizado \u00bfpuede cambiar el destino del conflicto familiar?<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puede soportarlo mejor, puede soportar mejor la diferencia, puede disfrutarla, puede dejar de insistir en reducir el Otro al Uno. Entonces creo que s\u00ed, que el an\u00e1lisis cambia algo del destino del conflicto familiar. Al menos le quita familiaridad al conflicto, lo hace un poco m\u00e1s real, m\u00e1s sintom\u00e1tico, y da entonces la oportunidad para que cada quien invente un saber hacer con lo radicalmente Otro del otro y con lo radicalmente Otro de uno mismo.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Leticia Varga y Natal\u00ed Boghossian<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":1756,"menu_order":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"portfolio_category":[236,170],"portfolio_skills":[],"portfolio_tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/1753"}],"collection":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio"}],"about":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/types\/avada_portfolio"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1753"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/1753\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1759,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/1753\/revisions\/1759"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1756"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1753"}],"wp:term":[{"taxonomy":"portfolio_category","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_category?post=1753"},{"taxonomy":"portfolio_skills","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_skills?post=1753"},{"taxonomy":"portfolio_tags","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/viii\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_tags?post=1753"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}