{"id":1695,"date":"2021-04-15T18:27:50","date_gmt":"2021-04-15T21:27:50","guid":{"rendered":"http:\/\/x-enapol.org\/?post_type=avada_portfolio&#038;p=1695"},"modified":"2021-04-15T18:27:50","modified_gmt":"2021-04-15T21:27:50","slug":"el-amor-al-projimo-san-martin-y-salomon","status":"publish","type":"avada_portfolio","link":"https:\/\/enapol.com\/x\/blog\/portfolio-items\/el-amor-al-projimo-san-martin-y-salomon\/","title":{"rendered":"El amor al pr\u00f3jimo. San Mart\u00edn y Salom\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 fusion-flex-container nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:1352px;margin-left: calc(-4% \/ 2 );margin-right: calc(-4% \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:100%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:1.92%;--awb-margin-bottom-large:20px;--awb-spacing-left-large:1.92%;--awb-width-medium:100%;--awb-order-medium:0;--awb-spacing-right-medium:1.92%;--awb-spacing-left-medium:1.92%;--awb-width-small:100%;--awb-order-small:0;--awb-spacing-right-small:1.92%;--awb-spacing-left-small:1.92%;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-column-has-shadow fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-text fusion-text-1\"><p style=\"text-align: center;\"><strong>El amor al pr\u00f3jimo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>San Mart\u00edn y Salom\u00f3n<\/strong><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[*]<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Jacques-Alain Miller <a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\"><strong>[\u2020]<\/strong><\/a><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>El amor y la caridad<br \/><\/em><em>Salm\u00f3n con mayonesa<br \/><\/em><em>Deseo y goce<\/em><\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vamos a continuar con la tercera parte de la exposici\u00f3n de Pierre-Gilles Gu\u00e9guen. \u00c9l ha tomado como hilo conductor las referencias de Lacan a la obra de Bentham y en particular a su teor\u00eda de las ficciones, puesta en evidencia por Ogden y Richards en su famoso <em>The Meaning of Meaning<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ventaja de esa elecci\u00f3n es la de yuxtaponer los momentos de la ense\u00f1anza de Lacan en los que las discontinuidades son tan flagrantes como las constantes. La referencia a Bentham es frecuente en Lacan, trat\u00e1ndose de la conexi\u00f3n del concepto de goce con la categor\u00eda de semblante.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>1<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A manera de introducci\u00f3n, dir\u00eda que me ha inspirado el pasaje de la exposici\u00f3n precedente<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">de P.-G.\u00a0Gu\u00e9guen sobre el ap\u00f3logo de San Mart\u00edn, del cual se encuentra la referencia en las p\u00e1ginas 225 y\u00a0272 del Seminario VII, <em>La \u00c9tica del psicoan\u00e1lisis<\/em>: \u00abConvendr\u00eda preguntarse en este ap\u00f3logo, cu\u00e1l es el<em> partenaire-s\u00edntoma<\/em> de cada uno de los protagonistas. Por el lado del soldado, en referencia a <em>La Parte maldita<\/em> de Bataille y a trav\u00e9s de \u00e9l a Mauss y a su <em>Ensayo sobre los dones<\/em>, aquel que da, afirma su poder y sobre todo su rango, lo cual es una ficci\u00f3n evidente y mentirosa respecto a su ser. Encuentra as\u00ed un partenaire en el pobre, que refleja su poder. Por el lado del pobre, aquel que no tiene exige tambi\u00e9n que se reconozca no solamente su pobreza y la desnudez en la que se encuentra, sino adem\u00e1s, de nuevo la mentira, la ficci\u00f3n propia de su ser, por el solo hecho de compartir con aquel que da, la idea del valor de goce de la falta. La castraci\u00f3n de San Mart\u00edn, con quien comparte el temor a la amenaza de castraci\u00f3n, hecha para que \u00e9l oficie como partenaire. Se reencuentra aqu\u00ed la pareja de aquel que tiene y el que no tiene, y el don como problem\u00e1tica del tener, que es solo la metonimia de la del ser\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como lo dice Lacan, este ap\u00f3logo presenta una pareja, el soldado sobre su caballo y el mendigo, figura eminente de la demanda. Ellos se distinguen seg\u00fan una jerarqu\u00eda, que podemos conducir hasta el nivel del tener, entre aquel que tiene y aquel que no tiene. \u00bfQu\u00e9 sucede entre los dos? Para que el acto de San Mart\u00edn tenga lugar, es preciso adem\u00e1s que el rico y el pobre puedan encontrarse, lo cual hoy no es evidente.\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tomemos el ejemplo actual de la prohibici\u00f3n de la mendicidad de ciertos gobernantes. Se hizo necesaria una protesta moral para que dicha prohibici\u00f3n dejara de aparecer, al menos, en los titulares de la prensa, ya que no sabemos lo que acontece en la pr\u00e1ctica. En los Estados Unidos, vemos desarrollarse una industria de construcci\u00f3n de ciudadelas segregadas. En adelante, en la elecci\u00f3n de una habitaci\u00f3n, la preferencia recae en la inversi\u00f3n en una casa que haga parte de una ciudad artificial rodeada de alambre de p\u00faas, donde hay que mostrar la pata blanca como contrase\u00f1a para poder entrar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este tipo de ciudadela exist\u00eda ya en ciertos pa\u00edses de Am\u00e9rica Latina. Seg\u00fan las \u00faltimas noticias, esto se ha convertido en una industria de masas. Los ejecutivos medios e incluso los obreros, ricos solamente por tener un trabajo, han recurrido a la construcci\u00f3n de esos enclaves. Estamos a la vanguardia de la segregaci\u00f3n, donde la noci\u00f3n de aquel que tiene se hace escuchar muy lejos y deja afuera a los despose\u00eddos, constituidos en clase. Encontramos esta voluntad de segregaci\u00f3n tambi\u00e9n trabajando, en su forma m\u00e1s corriente, en la cuesti\u00f3n de la inmigraci\u00f3n. La b\u00fasqueda de los medios para fijar al pobre en su pa\u00eds, para no tener que encontrarlo aqu\u00ed, constituye lo que hay de m\u00e1s avanzado en la preocupaci\u00f3n social al respecto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En esta historia entonces, el rico y el pobre se encuentran. \u00bfQu\u00e9 sucede? Se efect\u00faa un don. \u00a0\u00a0Subrayemos que aquel que dona conserva su rango, y adem\u00e1s se vuelve un santo.\u00a0 \u00bfQu\u00e9 es lo que a final de cuentas da? \u00a0Una mitad. Ese don es un compartir; la acci\u00f3n de San Mart\u00edn establece una igualdad de los bienes a nivel del tener, el uno tiene lo que tiene el otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese ap\u00f3logo es utilizado de manera entusiasta para ilustrar el amor al pr\u00f3jimo sobre el cual Lacan se interroga, dada la referencia reticente que hace Freud en <em>El malestar en la cultura<\/em> a ese mandamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfEste ap\u00f3logo ilustra el amor al pr\u00f3jimo en el sentido de <em>Amar\u00e1s al pr\u00f3jimo como a ti mismo<\/em>? La acci\u00f3n de San Mart\u00edn ilustra ese principio, como lo aclara Lacan, bajo la forma particular del <em>No amar\u00e1s m\u00e1s que a ti mismo<\/em>. El compartir el manto traduce el: <em>como a ti mismo<\/em> de una forma casi risible, indicando manifiestamente un <em>hasta aqu\u00ed, pero no m\u00e1s lejos<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPodemos decir que se trata de altruismo? Es notable que San Mart\u00edn no de su manto, sino que m\u00e1s bien lo destruye. Lo que no es el <em>todo para el otro<\/em>, sino \u00fanicamente la mitad. Eso hace pensar en el juicio de Salom\u00f3n quien, al enunciar <em>la mitad del beb\u00e9<\/em>, hace surgir la respuesta del amor maternal, <em>D\u00e9selo a la otra en vez de cortarlo en dos<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los dos ap\u00f3logos se prestar\u00edan para una comparaci\u00f3n. De un lado, tenemos dos hombres, San Mart\u00edn y su mendigo, y del otro, dos mujeres, dos madres. En un caso lo que est\u00e1 en juego es un objeto material de circulaci\u00f3n comercial, el manto y especialmente su tela, del otro lado, ese peque\u00f1o ser vivo que acaba de venir al mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el juicio de Salom\u00f3n, un tercero administra la justicia y descubre la verdad por la palabra. \u00c9l se sirve de su primer juicio, que es de alg\u00fan modo falso, para hacer surgir la verdad escondida. En ese momento, pronuncia el segundo juicio, el verdadero, por el cual reconoce la verdadera madre en aquella que abandona su derecho de propiedad sobre el ni\u00f1o. Este ap\u00f3logo del Antiguo Testamento muestra dos respuestas, la del amor y la de la envidia. No encontramos la respuesta de la beneficencia, t\u00e9rmino por el cual Lacan designa el acto de San Mart\u00edn. La respuesta de la envidia\u00a0<em>\u00a1<\/em><em>Que el otro no tenga lo que yo no tengo!<\/em> podr\u00eda ser aproximado al <em>Destruir, dice ella <\/em>de Marguerite Duras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Retomemos a\u00fan la rivalidad de las mujeres, la mentira, el enga\u00f1o, la sabidur\u00eda del tercero y, discretamente, un descenso al horror que ha inspirado a numerosos pintores. Un cuadro de Poussin representa ese momento en el cual el beb\u00e9, suspendido de un pie, se ve amenazado por aquel que lo sostiene para ser cortado en dos por un instrumento cortante. Es necesario ese miedo para que surja el grito m\u00e1s puro del amor. El sujeto femenino bajo las especies del <em>que no tiene <\/em>es especialmente destacado. No se resigna, no mendiga, sino que se apropia, roba y miente. Pero es tambi\u00e9n capaz de dar la respuesta del amor, mientras que esto falta en el ap\u00f3logo de San Mart\u00edn en el cual, lejos de esos extremos, la respuesta del amor no aparece sino bajo el aspecto de la beneficiencia. \u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La palabra est\u00e1 en el primer plano en el ap\u00f3logo de Salom\u00f3n, mientras que, en el de San Mart\u00edn, es una historia sin palabras. Por un lado, tenemos las artima\u00f1as de la palabra, la mentira y la contradicci\u00f3n, por el otro, la simplicidad de un hacer. La palabra de Salom\u00f3n es una artima\u00f1a, porque establece un orden hecho para ser actuado, no para ser obedecido. Lo cual evoca la frase de <em>Hamlet<\/em> citada por Freud: <em>con el anzuelo de la mentira, atrapo la verdad<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La comparaci\u00f3n hace aprehender bien eso que Lacan reprochaba al ap\u00f3logo de San Mart\u00edn, a saber, la ausencia del tercero. La historia destaca, al contrario, el car\u00e1cter dual, imaginario, del altruismo, de tal suerte que \u00e9ste aparece como el reverso del ego\u00edsmo. El altruismo no es m\u00e1s que la proyecci\u00f3n del ego\u00edsmo, en el sentido en que el otro no es m\u00e1s que un otro yo-mismo, con la resultante rivalidad, la competencia. Lacan se\u00f1ala esta tensi\u00f3n con otro ap\u00f3logo, aquel del <em>Camp du drap d\u2019or<\/em> en el cual Francisco I se encuentra con Enrique\u00a0viii y, no sin iron\u00eda, proclama: <em>Eso que mi hermano quiere, yo lo quiero tambi\u00e9n<\/em>. Vibra en esa frase el equ\u00edvoco del acuerdo y de la lucha a muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El acuerdo es posible en el nivel de los intereses materiales de lo \u00fatil. Es representado en el ap\u00f3logo de San Mart\u00edn por el hecho de cortar la pera en dos. Lacan lo formula as\u00ed en la p\u00e1gina 226 del Seminario <em>La \u00c9tica del psicoan\u00e1lisis<\/em>: \u00abMi ego\u00edsmo se satisface muy bien con cierto altruismo, aquel que se ubica a nivel de lo \u00fatil\u00bb. El ejemplo actual de la migraci\u00f3n es una buena ilustraci\u00f3n. Nuestro ego\u00edsmo toma esta forma: <em>Desarrollemos la econom\u00eda de su pa\u00eds, con el fin de que se queden all\u00e1<\/em>, versi\u00f3n progresista del altruismo moral contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Volvamos al valor de lo \u00fatil. El utilitarismo cumple, por una parte, como lo expresaba Lacan, una subversi\u00f3n de la moral tradicional, en la medida en que hace aparecer los ideales como semblantes o ficciones, y sit\u00faa como \u00fanico real el placer que ello comporta. Lacan escande, incluso aloja, esta muerte del ideal, pero se\u00f1ala el paso a su l\u00edmite. Sostiene que el utilitarismo mantiene el placer como un bien, e incluso, como un bien absoluto. Es el sentido que doy a esa frase de la p\u00e1gina 224: \u00abEl moralista tradicional, el que sea, recae invenciblemente en el sendero trillado de persuadirnos de que el placer es un bien, de que la v\u00eda del bien nos es trazada por el placer\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay que comprender que Lacan apunta a los l\u00edmites del utilitarismo en relaci\u00f3n con la subversi\u00f3n freudiana. Esto no es completamente claro en la continuaci\u00f3n del Seminario vii, porque Lacan insiste en la oposici\u00f3n entre la moral tradicional, que propone los ideales, y el utilitarismo, que los subvierte por el valor absoluto del placer. Pero en esta frase, Bentham se encuentra incluido en la tradici\u00f3n, porque no pone en cuesti\u00f3n el car\u00e1cter ben\u00e9fico del placer: no accede a la noci\u00f3n, que se encuentra m\u00e1s all\u00e1, del goce. Vemos aqu\u00ed sobre que filo se sit\u00faa la reflexi\u00f3n de Lacan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bien antes de Bentham, el espejismo del ideal de la moral tradicional fue denunciado. Pensemos en Di\u00f3genes y en la escuela de los c\u00ednicos. Detr\u00e1s del ideal, encontramos el placer. Lacan nos invita a poner atenci\u00f3n al doble fondo porque no hay nada m\u00e1s enga\u00f1oso que lo que descubrimos, que lo que se descubre en una primera mirada. \u00c9l procede incluso a un nuevo an\u00e1lisis de los sue\u00f1os de Freud deteni\u00e9ndose en su primer doble fondo. \u00bfCu\u00e1l es aqu\u00ed el doble fondo del doble fondo sino aquel del <em>M\u00e1s all\u00e1 del principio del placer<\/em>? Bentham es el te\u00f3rico social del principio del placer, mientras que nosotros estamos, en el sentido de Freud, en el m\u00e1s all\u00e1 del principio del placer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Retomemos la cr\u00edtica de Lacan al acto de San Mart\u00edn: \u00abse hizo de esto un asunto importante, pero finalmente, es una simple cuesti\u00f3n de aprovisionamiento, el pa\u00f1o por su naturaleza est\u00e1 destinado a circular\u00bb, dice en la p\u00e1gina 225, rebajando as\u00ed el acto ensalzado por la moral cristiana a un asunto de administraci\u00f3n, que se apoya simplemente en la rareza del tejido. Deja incluso de lado la forma del manto, porque el gesto de San Mart\u00edn lo reduce a la tela y hace caso omiso de la elegancia de llevar el manto completo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podr\u00edamos recurrir al dandismo: San Mart\u00edn ser\u00eda un hombre a la moda que, viniendo de su acto de beneficencia para ir a festejar con sus compa\u00f1eros, le lanzaran un <em>\u00a1<\/em><em>Que elegante esa mitad del manto! <\/em>Y todo el mundo se pusiera inmediatamente a cortar el suyo. Es, de otra parte, lo que acontece con un cierto n\u00famero de cosas de este orden a Alcib\u00edades, una especie de San Mart\u00edn, de Brummell de su tiempo, \u00e1rbitro de elegantes modales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Retomando el acto por ese sesgo, llegamos a la cuesti\u00f3n clave de la interpretaci\u00f3n, pivote del comentario de Lacan. San Mart\u00edn interpreta la demanda silenciosa del mendigo al nivel de la necesidad, del fr\u00edo que debe sentir en su desnudez y, s\u00fabitamente, lo viste. No se habla de esa alforja, sino \u00e9l hubiera tambi\u00e9n podido compartir el contenido de su escudilla y esto har\u00eda el <em>restaurante del coraz\u00f3n<\/em>. La cuesti\u00f3n es de actualidad, porque se nos invita tambi\u00e9n, con la potencia medi\u00e1tica actual, a colmar a aquel que no tiene, a nivel de sus necesidades.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>2<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un espacio infinito se abre al no tomar la demanda a nivel de la necesidad, sino al implicar <em>otra satisfacci\u00f3n<\/em>, tema del cap\u00edtulo\u00a0v del Seminario <em>A\u00fan<\/em>, \u00abLa otra satisfacci\u00f3n\u00bb. El punto de interrogaci\u00f3n planteado por Lacan en el ap\u00f3logo de San Mart\u00edn hace surgir la noci\u00f3n de la otra satisfacci\u00f3n implicada en ese acto. Lacan lo dice de una manera fuerte, en la p\u00e1gina 225 del Seminario vii: \u00abPero quiz\u00e1s m\u00e1s all\u00e1 de la necesidad de vestirse, mendigaba otra cosa, que San Mart\u00edn lo mate o lo posea sexualmente\u00bb. Deteng\u00e1monos un instante en esta sugerencia de Lacan. Se refiere directamente a la definici\u00f3n del hombre propuesto por Freud en el <em>Malestar en la cultura,<\/em> a partir de la agresi\u00f3n que lo lleva a querer someter, gozar, incluso matar a su semejante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta otra satisfacci\u00f3n evoca lo que est\u00e1 en juego en los <em>Witz<\/em> agrupados por Freud bajo la r\u00fabrica de los chistes por desplazamiento. Si ustedes han le\u00eddo su libro <em>El chiste y su relaci\u00f3n con el inconsciente<\/em>, conocen el ap\u00f3logo que gira alrededor del salm\u00f3n con mayonesa. Se trata de una historia jud\u00eda, que Freud nos cuenta en sus aspectos anecd\u00f3ticos, pero que tiene un valor humano universal:<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abUn pobre se granjea 25 florines de un conocido suyo de buen pasar\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Encontramos la misma pareja, aquel que tiene y el que no tiene. \u00c9ste \u00faltimo, se manifiesta en nombre de su necesidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEse mismo d\u00eda, el benefactor -aqu\u00ed est\u00e1 la beneficencia que hallamos en San Mart\u00edn- lo encuentra en el restaurante ante una fuente de salm\u00f3n con mayonesa\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No s\u00e9 si el salm\u00f3n con mayonesa les parece el colmo de lo que se puede obtener en el restaurante pero, en la Viena de la \u00e9poca, especialmente en el medio jud\u00edo, parece tener el valor de un fest\u00edn de L\u00faculo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u00bfC\u00f3mo? \u00bfUsted consigue mi dinero y luego pide salm\u00f3n con mayonesa? \u00bfPara eso ha usado mi dinero?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a0No lo comprendo a usted -responde el hombre puesto en cuesti\u00f3n-; cuando no tengo dinero, no <em>puedo <\/em>comer salm\u00f3n con mayonesa; cuando tengo dinero, no <em>debo <\/em>comer salm\u00f3n con mayonesa. Y entonces, \u00bfcu\u00e1ndo diablos quiere que coma salm\u00f3n con mayonesa?\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta historia se inscribe muy bien al lado del ap\u00f3logo de San Mart\u00edn. Freud subraya la l\u00f3gica de la respuesta que tiene la apariencia de un razonamiento. El donante le advierte que, en la situaci\u00f3n en la cual se encuentra, no tiene el derecho a so\u00f1ar con el lujo de ofrecerse platos tan suculentos. El <em>bon vivant<\/em> empobrecido no tiene en cuenta la advertencia y, haci\u00e9ndose como si no hubiera entendido, responde al lado. Freud pone de relieve el car\u00e1cter desviado de la respuesta en relaci\u00f3n a la significaci\u00f3n del reproche. Ve all\u00ed un ejemplo del desplazamiento del acento ps\u00edquico hacia otro tema distinto del que se ha partido. El efecto divertido de esta historia, seg\u00fan \u00e9l, no reside tanto en el material verbal sino en el proceso del pensamiento. Lacan anota que: \u00abS\u00ed, est\u00e1 tambi\u00e9n a nivel de la palabra, pero lo que se pone de relieve es la metonimia de un deseo que no se detiene en la necesidad, sino que se desliza m\u00e1s all\u00e1 del l\u00edmite de la necesidad\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Freud procede a lo que llama una reducci\u00f3n, o sea, la explicitaci\u00f3n burda del sentido de la historia. \u00c9l emplea este m\u00e9todo con los diferentes chistes que son verdaderamente reducidos hasta no hacer re\u00edr m\u00e1s. \u00bfCu\u00e1l es entonces el enunciado m\u00ednimo de esta historia del salm\u00f3n con mayonesa? Es: <em>No puedo privarme de lo que me gusta, y me es indiferente de d\u00f3nde tome el dinero para pagarlo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Freud hace anotar que en el momento en el que se le da esta moraleja a la historia, deja de ser un chiste para convertirse una observaci\u00f3n c\u00ednica.\u00a0 El cinismo, seg\u00fan Freud, es la posici\u00f3n \u00e9tica de aquel que no tiene y se regodea con el dinero de otro, desvi\u00e1ndolo de su empleo al servicio de la necesidad. Reside no solamente en el hecho de explotar al donante, sino tambi\u00e9n en el placer de consumir salm\u00f3n con mayonesa como un absoluto indiscutible. Hacer del comer salm\u00f3n con mayonesa un derecho del hombre, lo que equivale a decir que lo superfluo es m\u00e1s necesario que lo necesario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra historia va en el mismo sentido, pero con un valor diferente. Un hombre que se abandona a la bebida se gana la vida en una peque\u00f1a ciudad impartiendo lecciones particulares. Su vicio descubierto lo hace perder a la mayor\u00eda de sus alumnos. Uno de sus amigos es encargado de llamarlo a una mejor conducta:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab\u201cUsted sabe\u201d, le dice \u00e9ste, \u201custed podr\u00eda conseguir much\u00edsimas horas de clase en la ciudad con tal de que dejase la bebida. H\u00e1galo pues\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201c\u00bfQu\u00e9 me propone usted?\u201d -es la indignada respuesta-. \u201c<em>Yo doy clases para poder beber; si tengo que abandonar la bebida, \u00bfpara qu\u00e9 querr\u00eda conseguir clases?<\/em>\u201d\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La reducci\u00f3n de la historia indica simplemente que la bebida es lo principal de su existencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Una tercera historia, porque estamos cerca de las fiestas!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEl <em>Schnorrer <\/em>-un pedig\u00fce\u00f1o- mendiga al bar\u00f3n el dinero para viajar a Ostende; el m\u00e9dico, le dice, le ha recomendado ba\u00f1os de mar a causa de sus achaques.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEst\u00e1 entendido, voy a ayudarlo\u201d, le dice el rico [estamos en una atm\u00f3sfera de ayuda mutua, la del medio jud\u00edo globalmente apremiado, perseguido]. \u201c<em>\u00bf<\/em>Pero est\u00e1 usted obligado a ir precisamente a Ostende, el m\u00e1s caro de todos los balnearios?\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014\u00a0\u201cSe\u00f1or bar\u00f3n\u201d, responde el <em>Schnorrer<\/em>, con la intenci\u00f3n de ponerlo en su lugar, \u201ccuando se trata de mi salud, nada es demasiado caro para m\u00ed\u201d\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, los donantes quieren hacer el bien, pero a condici\u00f3n de mantenerlo a nivel de la necesidad. He encontrado eso en mi infancia. Me paseaba con un amigo de la familia de una cierta edad, nos encontramos con un mendigo que le pide una moneda. Y lo que el se\u00f1or que me acompa\u00f1a -sin detenerse en la evidencia de su necesidad, como San Mart\u00edn-, le demanda explicaciones sobre lo que quiere hacer. El desgraciado le dice: \u00abPara comprarme un pedazo de pan\u00bb. Nuestro amigo le responde entonces: \u00abVamos juntos a la panader\u00eda\u00bb y le compra una enorme baguette. Guard\u00e9 esta historia con un profundo malestar. Solo encontr\u00e9 su clave leyendo a Lacan, notablemente en su dial\u00e9ctica de la necesidad, la demanda y del deseo. Esta manifestaci\u00f3n de la beneficencia hace aparecer su car\u00e1cter de control sobre el otro. Empobreci\u00e9ndolo a\u00fan m\u00e1s, d\u00e1ndole esa limosna de esta manera, aplastando el deseo sobre la demanda y la necesidad. Como yo era un chico, este amigo ha debido pensar que deb\u00eda darme una explicaci\u00f3n: \u00ab\u00a1Si no \u00e9l hubiera comprado algo para beber!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El acto de la beneficencia de San Mart\u00edn es una degradaci\u00f3n del deseo a la demanda, de la demanda a la necesidad y de la enunciaci\u00f3n al enunciado. Se trata entonces, en t\u00e9rminos lacanianos, de un desconocimiento de la metonimia del deseo, en el sentido en que satisfacer la necesidad se transforma <em>ipso facto<\/em> en una degradaci\u00f3n del deseo. Esta posici\u00f3n anal\u00edtica es dif\u00edcil de sostener. Pensemos por ejemplo en la frase c\u00e9lebre: <em>\u00bfEllos no tienen pan? \u00a1Entonces que coman tortas!<\/em> <em>\u2013<\/em>\u00a0exagero, porque tortas tampoco ten\u00edan. Lacan sospecha de esa inclinaci\u00f3n a satisfacer las necesidades del otro, en la p\u00e1gina 275 de su Seminario\u00a0vii: \u00ab\u00bfQu\u00e9 puede realmente, a pesar de eso <em>\u2013<\/em>\u00a0digo <em>a pesar de eso<\/em>, porque a partir de ese momento, se lo sabe cada vez menos<em>\u2013<\/em>, continuar deseando?\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En tanto que se carece de lo necesario, usted tiene la idea de aquello que le hace falta. En cambio, una vez que sus necesidades est\u00e9n colmadas, pierde su br\u00fajula y se pregunta: \u00bf<em>Qu\u00e9 es aquello que puedo desear? <\/em>o<em> \u00bfQu\u00e9 es aquello que el otro puede desear?<\/em> \u00bfNo es el principio del consumo del lujo, al cual asistimos a una escala de masas, en particular durante el per\u00edodo de las fiestas de fin de a\u00f1o? La abundancia de los bienes presentados repercute en esta interrogaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>3<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay otra cosa en la cr\u00edtica del ap\u00f3logo de San Mart\u00edn por Lacan: que puede estar \u00abm\u00e1s all\u00e1 de la necesidad de vestirse, mendigar\u00eda otra cosa, que San Mart\u00edn lo mate, o lo posea sexualmente\u00bb El m\u00e1s all\u00e1 de la necesidad solo tiene un nombre. Se trata de entrada del deseo en tanto que apunta a otra cosa \u2013\u00a0el salm\u00f3n con mayonesa, a la torta, al balneario de Ostende\u00a0\u2013 bajo la forma del objeto de lujo, del objeto faltante por un exceso en relaci\u00f3n a la necesidad vital. La reducci\u00f3n a lo estrictamente necesario es la esencia del cinismo por el cual todo el resto es superfluo, artificio social. Pensemos en Di\u00f3genes quien no conserva m\u00e1s que una escudilla para beber y que, viendo un ni\u00f1o que hac\u00eda una copa con las manos, la quiebra inmediatamente diciendo que a\u00fan es demasiado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cr\u00edtica de Lacan valoriza un otro, m\u00e1s all\u00e1 de la necesidad, que no es el deseo sino el goce. La otra cosa no aparece en tanto que exceso de placer, sino como el mal. He aqu\u00ed porque distingu\u00eda esta historia de la necesidad de aquella del salm\u00f3n con mayonesa. En la bebida, el sujeto se destruye no solamente a nivel de la salud, sino tambi\u00e9n de sus medios de subsistencia. El m\u00e1s all\u00e1 de la necesidad estalla aqu\u00ed en dos partes, deseo y goce. Se percibe que el deseo, en tanto desplazamiento hacia otra cosa, no hace pasar m\u00e1s all\u00e1 del principio del placer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El m\u00e1s all\u00e1 del principio del placer, tal como Lacan lo presenta en su Seminario <em>La \u00c9tica del psicoan\u00e1lisis<\/em>, no se alcanza por un movimiento continuo. Es necesario un franqueamiento que se oponga a la metonimia continua y horizontal. Lacan subraya el valor con el t\u00e9rmino de trasgresi\u00f3n. Cuando se ha franqueado este l\u00edmite, encontramos otra cosa distinta de lo que nos ha hecho re\u00edr con el salm\u00f3n con mayonesa, la torta, a saber: la mierda, el barro y el semen. Lacan trae otros ap\u00f3logos, en la p\u00e1gina 227, y que conciernen a las m\u00edsticas: \u00abuna \u00c1ngeles de Folignio beb\u00eda con fruici\u00f3n el agua en la cual se acababan de lavar los pies los leprosos\u00bb, \u00abMar\u00eda Allacoque com\u00eda con no menos recompensa de efusiones espirituales los excrementos de un enfermo\u00bb. \u00a1Ya no se trata verdaderamente del salm\u00f3n con mayonesa!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lacan encuentra ese m\u00e1s all\u00e1, pueril, porque los primeros objetos encontrados son pip\u00ed y caca. Los objetos pregenitales puestos en juego est\u00e1n escondidos por el universal, porque son los excrementos o los pies de mi pr\u00f3jimo, sea quien sea. Con un simple desplazamiento de acento, Lacan hace surgir en este mismo lugar la perversi\u00f3n: \u00abEl alcance convincente de estos hechos, sin duda edificantes, ciertamente vacilar\u00eda un poco si los excrementos en juego fuesen, por ejemplo, los de una bella joven o tambi\u00e9n si se tratase de tragar el esperma de un delantero de vuestro equipo de rugby\u00bb. Pero ese no es el pr\u00f3jimo al que se apunta, sino a alguien dotado de un cierto n\u00famero de atributos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay franqueamiento porque hay una barrera entre el placer y el goce. El placer hace, \u00e9l mismo, l\u00edmite al goce, y el deseo, como deseo de otra cosa, como suave metonimia, permanece en ese m\u00e1s ac\u00e1. \u00bfD\u00f3nde situar ese <em>ti mismo<\/em> en el mandamiento <em>Amar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo<\/em>? \u00bfAll\u00ed donde se ama al nivel del narcisismo? \u00bfAll\u00ed donde se permite el lujo, lo superfluo, a nivel del deseo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Amarse como sujeto del goce es otra historia. Si el coraz\u00f3n de m\u00ed mismo es mi goce, no soy amable. No es un bien, sino un mal. Lacan se apoya sobre la definici\u00f3n del hombre dada por Freud en el <em>Malestar en la cultura<\/em>, en las p\u00e1ginas 223-224: \u00abEl hombre intenta satisfacer su necesidad de agresi\u00f3n a expensas de su pr\u00f3jimo, de explotar su trabajo sin compensaci\u00f3n, de utilizarlo sexualmente sin su consentimiento, de apropiarse de sus bienes, de humillarlo, de infligirle sufrimientos, de martirizado y de matarlo\u00bb \u2013\u00a0como lo dice Lacan, eso podr\u00eda ser de Sade.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta definici\u00f3n del hombre integra la pulsi\u00f3n de muerte y su conclusi\u00f3n<em> no puedo amar a ese nivel<\/em>, <em>no puedo amarme como la Cosa<\/em>. \u00bfPuedo amar al otro en lo que concierne a su goce, y precisamente, en lo que comporta de mal? Trat\u00e1ndose del amor al otro, el goce constituye un problema.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cedo la palabra a P.-G.\u00a0para la tercera parte de su exposici\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pierre-Gilles\u00a0Gu\u00e9guen<strong>\u00a0\u2014\u00a0<\/strong><em>Dos observaciones me vienen en el hilo de su desarrollo. La primera concierne el comienzo del Seminario<\/em> La\u00a0Transferencia<em> y notablemente la parte dedicada a la psicolog\u00eda del rico. Antes de producir lo que \u00e9l llama la met\u00e1fora del amor, Lacan muestra, bajo un modo que recuerda el comentario del ap\u00f3logo de San Mart\u00edn, que, en el <\/em>Banquete<em>, S\u00f3crates toma la definici\u00f3n del amor tra\u00edda por Pausanias como una broma. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>La segunda, es que, si podemos concebir las barreras de lo bello y de lo bueno que Lacan evoca en el Seminario de la<\/em> \u00c9tica<em>, como ficciones, el juicio de Salom\u00f3n, al contrario, desnuda la ficci\u00f3n, poniendo de relieve que, detr\u00e1s de ellas, un real insiste. La palabra interpretativa hace un uso de los semblantes que permiten su franqueamiento. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se podr\u00eda ir m\u00e1s lejos en la interpretaci\u00f3n de la historia del salm\u00f3n con mayonesa. Tal vez no es adventicio el comerlo habiendo visto al donante para mostrarle que es un imb\u00e9cil. Lacan evoca los contragolpes agresivos de la caridad. Evidentemente, las historias graciosas de Freud no nadan en la atm\u00f3sfera de la caridad \u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">P.-G.\u00a0Gu\u00e9guen<strong>\u00a0\u2014\u00a0<\/strong>\u2026<em>\u00a0ni del humanitarismo forzado<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se trata de limosnas ni de pr\u00e9stamos. No hay universal ni imperativo de la caridad. Por lo cual est\u00e1 hecho de historias graciosas. La \u00fanica respuesta v\u00e1lida del mendigo a aquel que hace la caridad ser\u00eda <em>\u00a1<\/em><em>canalla!.<\/em> En la historia del salm\u00f3n con mayonesa, ese elemento odioso est\u00e1 presente, pero m\u00e1s velado. La satisfacci\u00f3n de la tendencia agresiva, como dir\u00eda Freud, hace parte del bienestar del comer el salm\u00f3n con mayonesa siendo visto por el otro. Detr\u00e1s de esa comida, y al extremo, est\u00e1 la pulsi\u00f3n de muerte. El salm\u00f3n con mayonesa no es la \u00faltima palabra de la historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">P.-G.\u00a0Gu\u00e9guen<strong>\u00a0\u2014\u00a0<\/strong><em>Vuelvo sobre el cinismo del utilitarismo. Planteaba que Lacan hab\u00eda tal vez usado el t\u00e9rmino de <\/em>semblante<em> m\u00e1s que el de <\/em>ficci\u00f3n,<em> porque el utilitarismo pone al mismo nivel el pan y los encajes. \u00c9l desarrolla la cuesti\u00f3n hasta sus \u00faltimos l\u00edmites, presentando, de una parte, la barrera del bien y de lo bello y, de otra parte, su franqueamiento, hasta penetrar en esa zona del \u00abentre dos muertes\u00bb. Una decisi\u00f3n es esperada sobre el goce, que se resuelve en la asunci\u00f3n, o no del \u00abser para la muerte\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tomemos la pregunta que usted plantea a prop\u00f3sito de San Mart\u00edn y del mendigo: \u00bfen qu\u00e9 nivel se trata del partenaire-s\u00edntoma? Estar\u00edamos tentados de decir que este ap\u00f3logo se detiene verdaderamente m\u00e1s ac\u00e1 de su constituci\u00f3n. La respuesta de la beneficencia por la mitad del manto vuelve a plantear la cuesti\u00f3n del goce, recubierta de un velo muy espeso, que no ser\u00e1 planteada. Es lo que ilustra el Salom\u00f3n invisible del ap\u00f3logo de San Mart\u00edn. En la moral cristiana, se pueden contar las historias que, como lo se\u00f1ala Lacan, est\u00e1n a un paso de la perversi\u00f3n, sin plantear la cuesti\u00f3n del goce.<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">7 de enero 1998<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Traducci\u00f3n<\/strong>: Mario Elkin Ram\u00edrez<\/p>\n<p>\u00a0<\/p>\n<hr \/>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[*]<\/a>\u00a0Miller\u00a0J.-A. \u00abLa orientaci\u00f3n lacaniana. El partenaire-s\u00edntoma\u00bb (1997-1998), curso pronunciado en el marco del Departamento de Psicoan\u00e1lisis de la Universidad de Par\u00eds VIII, clase del 7 de enero 1998. Texto establecido por Christiane Alberti y Philippe Hellebois para su publicaci\u00f3n en \u201cLes bas-fonds\u201d, <em>Ornicar?55<\/em>, 2021. Clase publicada, tambi\u00e9n, como cap\u00edtulo VI de <em>El partenaire-s\u00edntoma<\/em>, Ed. Paid\u00f3s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[\u2020]<\/a> Publicado con la amable autorizaci\u00f3n de Jacques-Alain Miller. No rele\u00eddo por el autor.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":1,"featured_media":1696,"menu_order":76,"comment_status":"open","ping_status":"closed","template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"portfolio_category":[41],"portfolio_skills":[],"portfolio_tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/x\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/1695"}],"collection":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/x\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio"}],"about":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/x\/wp-json\/wp\/v2\/types\/avada_portfolio"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/x\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/x\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1695"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/enapol.com\/x\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/1695\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1697,"href":"https:\/\/enapol.com\/x\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/1695\/revisions\/1697"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/x\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1696"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/x\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1695"}],"wp:term":[{"taxonomy":"portfolio_category","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/x\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_category?post=1695"},{"taxonomy":"portfolio_skills","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/x\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_skills?post=1695"},{"taxonomy":"portfolio_tags","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/x\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_tags?post=1695"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}