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Argumento

¡Hablar con el niño!

Fernanda Otoni Brisset
Presidenta de la FAPOL

Para el XII Enapol, buscamos elegir un tema que fuera fundamental, presente del principio al fin de un análisis; un tema que provocase a ir más allá, tanto a los que están empezando, cuanto a los que están hace más tiempo en la experiencia; que conversase con la actualidad del síntoma en nuestro tiempo, pero, sobre todo, un tema que, al caer en la boca de todos, haga vibrar a la lengua con el deseo de hablar porque eso habla a cada uno, desde su posición analizante. Arrancamos desde allí: ¡el deseo de hacer hablar eso que habla en cada uno! Pues, el psicoanálisis se inaugura con ese deseo: “hablar lo que se le viene a la cabeza” – la regla fundamental. Sin embargo, hay algo que pisa el freno desde la largada.

Lucy R., al responder a Freud no saber sobre el origen de su síntoma, le despierta una sospecha: ella sabe, pero no puede decirlo, no puede saber. Freud percibe allí la irrupción de algo más poderoso, que resiste a ser hablado. Lacan lee esa dificultad así: “En el momento en que parece dispuesto a formular algo más auténtico, más candente que lo que ha conseguido hasta entonces alcanzar, el sujeto se interrumpe”[1], él resiste. Freud, sin embargo, desea hacer eso hablar, sondea lo que hay más allá y descubre que, allí donde se eleva el muro de la resistencia, la transferencia surge como un factor contiguo, una respuesta a lo real: “Súbitamente, me doy cuenta de su presencia” [2] Y así, como bien lo dice Jacques-Alain Miller, se presentó la “escena inaugural del teatro que seguimos”[3]: fruto del deseo de Freud de hacer hablar.

El hecho es que hablar en análisis es una experiencia. ¡No se habla en ningún lugar como se habla en análisis! Soltar la lengua tiene su precio, pues cuando ella se suelta, surgen cosas que van más allá de lo que se soporta saber, más allá del principio del placer, un saber que se sabe sin saber y del cual no se quiere saber. Tal como enseña Lacan, “en una experiencia de palabra [lo real] solo llega como virtualidad”[4], un abismo delante del cual solo se puede delirar, girar en círculos, “en una línea de ficción irreductible para siempre”[5]. Por lo tanto, “hay que sudar” [6] para llegar a lo singular, y eso se hace con la lengua que se tiene, que los padres nos hicieron beber, cuya materia es lalengua, aquella del parentesco, que no se traduce jamás, y es con ella que cada uno se las arregla para vivir aturdido en el mar del malentendido.

Es esa lengua que permite “hablar para no decir nada, decir lo que no se sabe y más o menos que lo que se sabe”[7] como dice Jacques-Alain Miller. Es esa lengua imperfecta que transmite que “el saber en juego es que no hay relación sexual”[8]. Esa lengua inventa cosas, la sustancia sonora le da poderes a la palabra cuando toma su parte en todo lo que se inventa como respuesta a lo real: el fantasma, el síntoma, las teorías sexuales infantiles, el niño, el objeto que ex-siste y se hace presente al pasar por el texto que se lee en la experiencia del hablar en análisis, según el canto y la locura de cada uno. ¿Pero cómo hacer hablar en el Enapol esa lengua que se habla en análisis?

Que pensez-vous de parler avec l’enfant?» me pregunta sonriendo J-A. Miller. ¿Hablar con el niño? ¡Fue al tomar la pregunta en su equivocidad que una alegría invadió el espacio, al leer con los oídos lo que salta a los ojos! ¡¡¡Es eso!!! ¡¡¡Sí!!! ¡Está allí la buena fórmula!

Vamos “Hablar con el niño”, porque no se hace otra cosa en un análisis que hacer hablar al niño: al niño de los recuerdos encubridores, de los sueños, del trauma, de los ensayos con la sexualidad, de las frases marcantes que gritan desde algún lugar como un murmullo. Donde sea que se instale el discurso analítico, encontraremos al niño como su agente. Cuando de repente, se da cuenta de su presencia (presencia vaciada en tanto esencia), surge el objeto en su ex-sistencia como causa inspiradora, allí donde nada hay.

En fin, hablar con el niño es hablar de la cosa loca, del goce como tal, de lo real que en la experiencia de la palabra que solo surge en tanto virtualidad, materia del “todo el mundo es loco”, pues la lalengua del parlêtre es el niño que vive en el cuerpo hablante, presencia que habla de una experiencia inolvidable, insondable, y que participa de la tesitura de las formaciones del inconsciente, de su equivocidad. En un análisis se trata de eso, sea cual sea el tamaño del parlêtre.

Miller dice que Lacan en toda su vida nunca se sintió mayor: “yo tengo siempre 5 años”[9]. En “Alocución sobre la psicosis en el niño”, él cuenta que se siente alegre, a veces hasta chiquilín, y que su única tristeza es no tener a quien contar las razones de su alegría. Él allí nos pregunta: “¿qué alegría encontramos en aquello que constituye nuestro trabajo?”. Y nos entrega en su alocución una cita impactante: “Termino por creer, vea usted, en la declinación de mi vida, que no hay personas mayores”[10].

Bien, vean a que punto llegamos: La mujer no existe, el Otro no existe, la relación sexual no existe y no existen personas mayores. Todo el mundo es loco con la lengua que cada uno inventa para hablar con el niño, en el teléfono sin hilo[11] de lo real.

¡Es un texto sorprendente! Destaco, además, cuando Lacan señala que a través del niño generalizado se puede dar “la entrada de todo un mundo en la vía de la segregación”[12]. Esto nos hace preguntarnos: ¿cuál es la relación entre el niño y la segregación, entre el psicoanálisis y la alegría? El próximo Enapol nos abrirá las vías para hablar más sobre estas interrogantes que, como nos recordó Christiane Alberti, es un tema que nos convoca a todos a lecturas tanto clínicas como políticas, a partir de nuestra propia experiencia.

Que vengan muchos a soltar la lengua de su experiencia y hablar de lo que se habla cuando se habla del niño en análisis, en un camino en el que vamos a contar con Helenice de Castro en la Dirección General y que contará con un Comité de Dirección integrado por Ana Viganó por la NEL, Irene Kuperwajs por la EOL  y Ludmilla Féres Faria por la EBP. Un Comité que ya está por allí “haciendo arte”[13], preparando los textos de orientación, los ejes y mucho más para animarlos a juntarse con nosotros en este encuentro mayor de la Fapol.

Entonces, practicantes del psicoanálisis de la Orientación Lacaniana, los esperamos en Belo horizonte en los días 05, 06 y 07 de setiembre de 2025, para tomar el XII Enapol como un lugar donde nos harán saber las razones de su alegría al “hablar con el niño”.

¡Es nuestra apuesta!

¡Los esperamos!


Traducción: Marina Recalde y Ernesto Anzalone
Revisión: Paola Salinas


[1] LACAN, J. El seminario, libro 1: Los escritos técnicos de Freud, Buenos Aires, Paidós, 1988, p.70.
[2] Idem, pg 70.
[3] MILLER, J.-A. La resistencia inaugural. In: MILLER, J.-A. La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Buenos Aires: Paidós, 2014. p. 58.
[4] LACAN, J. “Alocución sobre las psicosis del niño”, Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 387.
[5] LACAN, J. El estadio del espejo. In: LACAN, J. Escritos I. México: Siglo XXI, 1998, p. 87.
[6] LACAN, J. El placer y la regla fundamental – Intervención realizada en Paris, junio de 1975.
[7] MILLER, J.-A. “Teoría de lalengua”, Matemas I, Manantial, Buenos Aires, 1987, p. 66.

[8] LACAN, J. “Nota italiana”, Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 330.
[9] MILLER, J.-A. Interview “Il disait, j’ai toujours 5 ans”. In Liberation, 13 avril 2001.
[10] LACAN, “Alocución sobre la psicosis del niño”, Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p.389.
[11] N.T. Telefone sem fio en portugués, también hace referencia al juego infantil Teléfono descompuesto.
[12] Ibidem, p. 389.
[13] N.T. Fazer arte es una expresión en português que se refiere a las travesuras que los niños inventan.

Argumento

Falar com a criança!

Fernanda Otoni Brisset
Presidenta da FAPOL

Para o XII Enapol, desejamos um tema fundamental, presente do princípio ao fim de uma análise; um tema que provocasse a ir mais além, tanto os que estão começando, quanto os que estão há mais tempo na experiência; que conversasse com a atualidade do sintoma de nossos tempos; mas sobretudo, um tema que, ao cair na boca do povo, a língua vibre de desejo de falar porque isso fala a cada um, desde sua posição analisante. Arrancamos daí: o desejo de fazer falar isso que fala a cada um! Afinal, a psicanálise se inaugura com este desejo: “falar o que vier à cabeça” – a regra fundamental. Porém, tem algo que puxa o freio já na largada.

Lucy R., ao responder não saber sobre a origem do seu sintoma a Freud, desperta nele uma suspeita: ela sabe, mas não pode dizer, não pode saber. Ele percebe aí a irrupção de algo mais poderoso, que resiste a falar. Lacan lê essa dificuldade assim: “No momento em que o sujeito parece pronto para formular alguma coisa de mais autêntico, de mais quente do que jamais pôde atingir até então, o sujeito, em certos casos, se interrompe”[1], ele resiste. Freud, porém, deseja fazer isso falar, sonda o que há mais além e descobre que, ali onde se eleva o muro da resistência, a transferência surge como um fator contíguo, uma resposta ao real: “Eu realizo de repente o fato da sua presença. [2]” E assim, como bem disse Jacques-Alain Miller, se apresentou a “cena inaugural do teatro que seguimos”[3]: fruto do desejo de Freud de fazer falar.

Fato é que falar em análise é uma experiência. Não se fala em lugar algum como se fala em análise! Soltar a língua tem seu preço, pois quando ela se solta surgem coisas que vão mais além do que se suporta saber, mais além do princípio do prazer, um saber que se sabe sem saber e do qual não se quer saber. Tal como ensina Lacan, na “experiência da fala [o real] só surge como virtualidade”[4], um abismo diante do qual só se pode delirar, girar em círculos, “numa linha de ficção, para sempre irredutível”[5]. Portanto, “tem de suar” [6] para chegar ao singular, e isto se faz com a língua que se tem, que os pais nos fizeram beber, cuja matéria é lalíngua, aquela do parentesco, que não se traduz jamais e é com ela que cada um se vira para viver aturdido no mar do mal-entendido.

É essa língua que “permite falar para não dizer nada e dizer o que não se sabe e mais ou menos o que se sabe”[7]. É essa língua imperfeita, como a chama Jacques-Alain Miller, que transmite que “o saber aí em jogo é o de que não existe relação sexual”[8]. Essa língua imperfeita inventa coisas. A substância sonora dá poderes à palavra quando toma sua parte em tudo o que se inventa como resposta ao real: o fantasma, o sintoma, as teorias sexuais infantis, a criança, o objeto que ex-siste e se faz presente no vagar do texto que se lê na experiência do falar em análise, segundo o canto e a loucura de cada um. Mas como fazer falar no Enapol essa língua imperfeita que se fala em análise?

Que pensez-vous de parler avec l’enfant?» me pergunta sorrindo J-A. Miller. Falar com a criança? Foi ao tomar a pergunta em sua equivocidade que uma alegria invadiu o espaço ao ler com os ouvidos o que salta aos olhos! É isso!!! Sim!!! Está aí a boa fórmula!

Vamos “Falar com a criança”, porque não se faz outra coisa numa análise do que fazer falar a criança: a criança das lembranças encobridoras, dos sonhos, do trauma, dos ensaios com a sexualidade, das frases marcantes que gritam pela vida afora como um murmúrio. Onde quer que se instale o discurso analítico, encontraremos a criança como seu agente. Quando, de repente, realiza-se o fato de sua presença (presença esvaziada enquanto essência), surge o objeto em sua ex-sistência como causa inspiradora lá onde nada há.

Enfim, falar com a criança é falar da coisa louca, do gozo como tal, do real que na experiência da fala só surge enquanto virtualidade, matéria do “todo mundo é louco”, pois a lalíngua do parlêtre é a criança que vive no corpo falante, presença que fala de uma experiência inesquecível, insondável, e que participa da tessitura das formações do inconsciente, da sua equivocidade. Em uma análise se trata disso, seja qual for o tamanho do parlêtre.

Miller disse que Lacan em toda a sua vida nunca se sentiu grande: “eu tenho sempre cinco anos”[9]. Em “Alocução sobre as psicoses da criança”, ele conta que se sente alegre, às vezes até mesmo moleque, e que sua única tristeza é não ter para quem contar as razões de sua alegria. Ele ali nos pergunta: “que alegria nós encontramos naquilo que constitui nosso trabalho?”. E nos entrega em sua alocução uma citação impactante: “acabei acreditando, veja só, nesse declínio da minha vida, que não existe gente grande”[10].

Bem, vejam só a que ponto chegamos: A mulher não existe, o Outro não existe, a relação sexual não existe e não existe gente grande. Todo mundo é louco com a língua que cada um inventa para falar com a criança, no telefone sem fio do real.

É um texto surpreendente! Destaco, ainda, quando Lacan assinala que através da criança generalizada pode se dar “entrada de um mundo inteiro no caminho da segregação”[11]. Isto nos faz perguntar: qual a relação entre a criança e a segregação, entre a psicanálise e a alegria? Questões que o próximo Enapol nos abrirá as vias para falar mais sobre isso, que, como nos lembrou Christiane Alberti, é um tema que convoca a todos a leituras tão clínicas quanto políticas, a partir da nossa experiencia mesma.

Que venham numerosos a soltar a língua da sua experiência e falar do que se fala quando se fala da criança em análise, em um caminho que vamos contar com Helenice de Castro na direção-geral e que contará em seu Comitê Diretor com Ana Viganó pela NEL, Irene Kuperwajs pela EOL e Ludmilla Féres Faria pela EBP. Um Comitê que já está por aí “fazendo arte”, preparando os textos de orientação, os eixos e tudo mais para animar todos vocês a se juntar conosco nesse encontro maior da Fapol.

Então, praticantes da psicanálise da Orientação Lacaniana, venham a Belo horizonte, nos dias 05, 06 e 07 de setembro de 2025 para tomar o XII Enapol como um lugar onde nos farão saber as razões de sua alegria ao “falar com a criança”.

É a nossa aposta!

Os esperamos!


[1] LACAN, J. O seminário, livro 1: Os escritos técnicos de Freud. (1953-1954) Texto estabelecido por Jacques-Alain Miller. Tradução de Betty Milan. 3. ed. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Ed., 1986, p. 52.
[2] LACAN, J. O seminário, livro 1: Os escritos técnicos de Freud. (1953-1954) Texto estabelecido por Jacques-Alain Miller. Tradução de Betty Milan. 3. ed. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Ed., 1986, p. 52.
[3] MILLER, J.-A. La resistencia inaugural. In: MILLER, J.-A. La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Buenos Aires: Paidós, 2014, p. 58. (Tradução livre)
[4] LACAN, J. Alocução sobre as psicoses da criança. (1967) In: LACAN, J. Outros escritos. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Ed., 2003, p. 364.
[5] LACAN, J. O estádio do espelho. In: LACAN, J. Escritos. Rio de Janeiro: Zahar Editores, 1998, p. 98.
[6] LACAN, J. El placer y la regla fundamental – Intervencion realizada em paris, junio de 1975.
[7] MILLER, J.-A. Teoria de lalíngua. In: LACAN, J.; MILLER, J.-A. A terceira / Teoria de lalíngua. Tradução de Teresinha N. Meirelles do Prado. Rio de Janeiro: Zahar, 2023, p. 89.
[8] LACAN, J. Nota italiana. (1974) In: LACAN, J. Outros escritos. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Ed., 2003, p. 314.
[9] MILLER, J.-A. Interview “Il disait, j’ai toujours 5 ans”. In Liberation, 13 avril 2001.
[10] LACAN, 1967/2003, op. cit., p. 367.
[11] Ibidem, p. 367.