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Lectora 2º Tiempo

Louise Lhullier – EBP/AMP

Mi punto de partida es la nada, que me atrapó desde la primera lectura del texto, en la cita en epígrafe de la carta 101 de Freud a Fliess.

Cito: “¿Qué ocurrió en la primera infancia? Nada, pero ya había el germen de un primer impulso sexual.”

¿Cómo leer esa nada? La pregunta que la antecede – ¿qué ocurrió en la primera infancia? – ya indica: no ocurrió nada. Nada de acontecimiento. Por otro lado, ese “pero ya había” que viene después de la coma señala que en ese “nada de acontecimiento” estaba el germen de lo pulsional.

Es posible enumerar una serie de nadas anteriores a ese acontecimiento de cuerpo. Nada de representaciones, de significado, de significaciones. Por lo tanto, nada de sujeto, sea el de la fenomenología, ese sujeto que tiene conciencia de sí, que habla como Yo, operador de sentido, sea el sujeto del inconsciente. Nada de palabra, nada de mundo, nada de ser. Nada de imaginario, pero también nada de simbólico pues, para que haya simbólico, es preciso que se cuente al menos 1 (Lacan, Sem. XVI, p. 290).

Podemos cuestionar también si cabría hablar de lo real, de ese real que no está enlazado a nada y que condensa el puro hecho del traumatismo, como lo definió Lacan (citado por Miller en la página 50 de Piezas Sueltas). ¿Cómo podría un real que condensa el puro hecho del traumatismo ser anterior al trauma? De la nada al acontecimiento: “Un del goce. Choque pulsional, en los términos de Freud, acontecimiento de cuerpo, con Lacan”.

Sigo lo que el texto indica: un “antes” que es el tiempo de esa nada – fuera de la historia, fuera del tiempo del inconscienteque sufre una ruptura debido a un acontecimiento que inaugura el “después”, tiempo del parlêtre y de aquello de lo que se ocupa el psicoanálisis.

Lacan distingue el acontecimiento del fenómeno de cuerpo, pues el primero implica la incidencia del significante sobre él. En otras palabras, ese tiempo de la nada no era el de un cuerpo sin fenómenos, es decir, sin manifestaciones observables de la vida que lo habitaba. Pero el tiempo del cuerpo hablante solamente advendrá si y cuando el significante incida sobre él.

El concepto de clinamen evocado en el texto, así como el bello video recomendado, dicen de cómo por el psicoanálisis y por el arte es posible una aproximación a la idea de ese origen fuera del sentido, mero accidente en medio del desorden, del cual el parlêtre es la consecuencia.

Un desorden propio de lo que Miller definió como goce “natural” de un cuerpo vivo, colocando ese “natural” entre comillas. Pero también desorden de los significantes que vienen del Otro como enjambre, zumbido de lalengua, materialidad sonora, anterior al sentido.

Hasta que, por accidente, algo de ahí se recorta, resuena, hace vibrar la materia bruta del cuerpo vivo, de su naturaleza de cuerpo, haciendo existir Un goce, origen del cuerpo en tanto sustancia gozante, en los términos de Lacan. Ese algo que se recorta se constituye, entonces, como significante Uno, que no hace cadena, que no se articula y se cuenta como cero de sentido.

Para designar ese encuentro fundador del parlêtre, al que Lacan se refirió como el misterio del cuerpo hablante, Bernardino Horne sugirió el término encarnación. En sus palabras:

“El misterio de la encarnación es, entonces, la realización de la unión de la palabra – no en su significación, no en su sentido, sino en la materialidad de sus resonancias – con el cuerpo, también como materia bruta. (…) Se trata de un acontecimiento que es del registro de lo real. (…) lo que nace de ese encuentro es el parlêtre.” (p. 47)

¿Cómo pensar la letra en tanto materialidad en su relación con el sonido? En el texto encontramos las metáforas de la cicatriz y de la herida, y la referencia a una escritura indecible, a un saldo de goce que se precipita de la lalengua como ilegible.

Lacan atribuyó la función de letra a ese significante Uno, fuera del sentido y que no se confunde con el número 1 de la serie de los números naturales. Él lo escribe como número romano I, para que no se confunda con el 1.

El borramiento de ese I producirá el agujero, la falta, el cero de la inexistencia y, también, el cero que da inicio a la secuencia de los números naturales y a la posibilidad de contar, requisito esencial para la instauración del orden simbólico, como enseñó Lacan.

En la perspectiva de Plotino, referencia de Lacan en relación al Uno, que Sergio Givone aborda en Historia de la nada, la nada es el único predicado que corresponde a ese Uno, que no es algo (…) sino que es propiamente “la nada” de las cosas de las que es el principio (p. 76). Como principio, nada precede al Uno, que de nada tiene necesidad y a nada está vinculado (p. 86). El acto por el cual el Uno se hace principio, fuente, potencia (p. 76), es profundamente infundado (p. 86).

Plotino se refiere a un acto; nosotros, a partir de Lacan, a un acontecimiento que está en el origen. Ahí nos detenemos, no vamos más allá. Esa es la raíz de todo aquello de lo que el psicoanálisis se ocupa.

Freud nos presenta la vía de acceso que nos lleva a encontrar esa raíz, ese origen, en el trauma. Trauma como fórmula general del acontecimiento de cuerpo que deja marcas de afecto. Esa es la hipótesis presentada en el texto del cual soy lectora.

Marcas de afecto que podemos leer en el síntoma. Según Miller, “el goce en cuestión en el síntoma no es primario. Es producido por el significante. Y es precisamente esa incidencia significante la que hace del goce del síntoma un acontecimiento, no apenas un fenómeno. El goce del síntoma demuestra que hubo un acontecimiento, un acontecimiento de cuerpo tras el cual el goce natural entre comillas, que se puede imaginar como el goce natural del cuerpo vivo, se encontró perturbado y desviado. Ese goce no es primario, pero es primero en relación al sentido que el sujeto le da, y lo hace por medio de su síntoma como interpretable.” (Leer un síntoma, Opción Lacaniana n. 70, p. 19).

Por lo tanto, es por la vía del síntoma que se puede tocar, en un análisis, algo de ese real, de esa “marca” dejada por el acontecimiento de cuerpo inaugural, encarnación del significante. Esa nada encarnada, pura letra, que está en el origen y permanece irreductible, leo en el texto, es algo del orden del goce que no se puede decir, pero sí se puede usar.

Así, la pregunta por el saber-hacer en los análisis que los autores nos presentan encuentra una orientación que repercute en el título del XII ENAPOL: Hablar con el niño implica una operación que siga las huellas de ese incurable, desarmando las trampas del sentido y resistiendo al deseo de dormir, para que cada uno pueda encontrar su imposible e inventar con ello algo más digno que la miseria del sufrimiento sintomático.

Los testimonios de los AE, como los de Pepita, Marie-Hélène Blancard y Carolina Koretzky, dan testimonio de ese posible frente al imposible.

Leitora 2º Tempo

Louise Lhullier – EBP/AMP

O que aconteceu na primeira infância? Nada, mas já havia o germe de um primeiro impulso sexual.[1]

Meu ponto de partida é o nada dessa citação de Freud, que se lê em epígrafe no texto O germe do pulsional e a lalíngua[2], do qual fui leitora nas Conferências Federativas do XII ENAPOL.

Como ler esse nada? A pergunta que o antecede – O que aconteceu na primeira infância? dá uma indicação: nada aconteceu. Nada de acontecimento.  Por outro lado, este mas já havia que vem após a vírgula aponta que nesse nada de acontecimento havia o germe do pulsional.

É possível elencar uma série de nadas anteriores a esse acontecimento. Nada de representações, de significado, de significações. Portanto, nada de sujeito, seja o da fenomenologia, esse sujeito que tem consciência de si, que fala como Eu, operador de sentido, seja o sujeito do inconsciente.  Nada de palavra, nada de mundo, nada de ser. Nada de imaginário, mas também nada de simbólico pois, para que haja simbólico, é preciso que se conte pelo menos 1[3]. Podemos questionar também se caberia falar de real, desse real que não está enlaçado a nada e que condensa o puro fato do traumatismo[4], como o definiu Lacan. Como poderia um real que condensa o puro fato do traumatismo ser anterior ao trauma, isto é, ao acontecimento de corpo que inaugura a experiência de cada falasser?

Do nada ao acontecimento ao Um do gozo. Choque pulsional, nos termos de Freud, acontecimento de corpo, com Lacan. Sigo o que o texto indica: um antes que é o tempo desse nada Fora da história, fora do tempo do inconscientee um acontecimento que inaugura o “depois”, tempo do falasser e daquilo de que se ocupa a psicanálise.

Lacan distingue o acontecimento do fenômeno de corpo, pois o primeiro implica na incidência do significante. Em outras palavras, esse tempo do nada não era o de um corpo sem fenômenos, ou seja, sem manifestações observáveis da vida que o habitava. Mas o tempo do corpo falante somente advirá se e quando o significante incidir sobre ele.

O conceito de clinamen evocado no texto e o belo vídeo recomendado dizem de como pela psicanálise e pela arte é possível uma aproximação à ideia dessa origem fora do sentido, mero acidente em meio à desordem, do qual o falasser é a consequência.

​Uma desordem própria do que Miller definiu como gozo “natural” de um corpo vivo, colocando esse “natural” entre aspas[5].  Mas também desordem dos significantes que vêm do Outro como enxame, zumbido de lalingua, materialidade sonora, anterior ao sentido.

Até que, por acidente, algo daí se recorta, ressoa, faz vibrar a matéria bruta do corpo vivo, de sua natureza de corpo, fazendo existir Um gozo, origem do corpo enquanto substância gozante, nos termos de Lacan.  Esse algo que se recorta constitui-se, então, como significante Um, que não faz cadeia, que não se articula e conta-se como zero de sentido. Para designar esse encontro fundador do falasser, a que Lacan se referiu como o mistério do corpo falante, Bernardino Horne sugeriu o termo encarnação. Nas suas palavras,

O mistério da encarnação é, então, a realização da união da palavra – não em sua significação, não em seu sentido, mas na materialidade de suas ressonâncias – com o corpo, também como matéria bruta. (…) Se trata de um acontecimento que é do registro do real. (…) o que nasce desse encontro é o falasser[6].

Como pensar a letra enquanto materialidade na sua relação com o som? No texto encontramos as metáforas da cicatriz e da ferida e a referência a uma escrita indizível, a um saldo de gozo que se precipita de lalíngua como ilegível. Lacan atribuiu a função de letra a esse significante Um, fora do sentido e que não se confunde com o número 1 da série dos números naturais. Ele o escreve como algarismo romano I, para que não se confunda com o 1.

O apagamento desse I, produzirá o furo, a falta, o zero da inexistência e, também, o zero que dá início à sequência dos números naturais e à possibilidade de contar, requisito essencial à instauração da ordem simbólica, como ensinou Lacan.

Na perspectiva de Plotino, referência de Lacan em relação ao Um, que Sergio Givone aborda em Historia de la nada, o nada é o único predicado que cabe a esse Um, que não é algo (…) mas que é propriamente “o nada” das coisas de que é o princípio[7]. Como princípio, nada precede ao Um, que de nada tem necessidade e a nada está vinculado[8]. O ato pelo qual o Um se faz princípio, fonte, potência[9], é profundamente infundado[10].

A isso que Plotino chama ato nos referimos, a partir de Lacan, como acontecimento. Um acontecimento que está na origem e que acessamos guiados por Freud, que nos apresenta a via de acesso que nos leva a encontrar com o trauma. Trauma enquanto fórmula geral do acontecimento de corpo que deixa marcas de afeto[11]. Essa é a hipótese apresentada no texto do qual sou leitora.

Marcas de afeto que podemos ler no sintoma. Segundo Miller,

o gozo em questão no sintoma não é primário. Ele é produzido pelo significante. E é precisamente essa incidência significante que faz do gozo do sintoma um acontecimento, não apenas um fenômeno. O gozo do sintoma demonstra que houve um acontecimento, um acontecimento de corpo após o qual o gozo natural entre aspas, que se pode imaginar como o gozo natural do corpo vivo, encontrou-se perturbado e desviado. Esse gozo não é primário, mas é primeiro em relação ao sentido que o sujeito lhe dá, e o faz por meio do seu sintoma como interpretável.[12]

Portanto, ​é pela via do sintoma ​ que se pode ​t​ocar, em uma análise, ​a​lgo desse real, ​dessa marca deixada pelo acontecimento de corpo inaugural, encarnação do significante. Esse nada encarnado, ​pura letra, que está na origem e resta irredutível, ​leio no texto, é algo da ordem do gozo que não se pode dizer, mas se pode usar. Assim, a pergunta pelo saber-fazer nas análises que os autores nos apresentam encontra uma orientação que repercute no título do XII ENAPOL: Falar com a criança implica uma operação que siga as pistas desse incurável, desarmando as armadilhas do sentido e resistindo ao desejo de dormir, para que cada um possa encontrar o seu impossível e inventar ​com isso algo mais digno ​que a miséria do sofrimento sintomático.

Os Analistas da Escola testemunham sobre esse possível face ao impossível.


[1] Freud, S. Carta de Freud a Fliess – 3 de janeiro de 1899. A correspondência completa de Freud para Fliess 1887-1904. Rio de Janeiro: Imago, 1986, p. 339

[2] Disponível pelo link: O-germen-pulsional-e-a-lalingua.pdf

[3] Lacan, J. O seminário, livro XVI: de um outro ao Outro. Rio de Janeiro: Jorge Zahar Ed., 2008, p. 290.

[4] Miller, J.-A. Piezas Sueltas. Buenos Aires, Paidós, 2013, p. 50

[5] Miller, J.-A. Ler um sintoma. Opção Lacaniana: Revista Brasileira Internacional de Psicanálise, n. 70, junho 2015, p. 19

[6] Horne, B. El mistério. In: Bernardino Horne; Iordan Gurgel (compiladores). El campo uniano: la última enseñanza de Lacan y sus consecuencias. Olivos: Grama Ediciones, 2023, p. 47. (tradução livre)

[7] Givone, S. Historia de la nada. Córdoba: Adriana Hidalgo Editora, 2001, p. 76

[8] Id., p. 86

[9] Id., p. 76

[10] Id., p. 86

[11] Disponível pelo link: O-germen-pulsional-e-a-lalingua.pdf

[12] Miller, J.-A. Ler um sintoma, op.cit.