{"id":1745,"date":"2025-02-26T12:06:30","date_gmt":"2025-02-26T11:06:30","guid":{"rendered":"https:\/\/enapol.com\/xii\/?page_id=1745"},"modified":"2025-05-28T10:05:45","modified_gmt":"2025-05-28T13:05:45","slug":"citas","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/enapol.com\/xii\/es\/epistemico\/bibliografia\/citas\/","title":{"rendered":"Citas"},"content":{"rendered":"<div class=\"wpb-content-wrapper\">[vc_row][vc_column]<div class=\"vcex-spacing wpex-w-100 wpex-clear\" style=\"height:50px;\"><\/div>[\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text css=\u00bb\u00bb]\n<article id=\"single-blocks\" class=\"single-page-article wpex-clr\">\n<div class=\"single-page-content single-content entry wpex-clr\">\n<div class=\"wpb-content-wrapper\">\n<div class=\"vc_row wpb_row vc_row-fluid wpex-relative\">\n<div class=\"wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12\">\n<div class=\"vc_column-inner\">\n<div class=\"wpb_wrapper\">\n<div class=\"wpb_text_column wpb_content_element\">\n<div class=\"wpb_wrapper\">\n<article id=\"single-blocks\" class=\"single-page-article wpex-clr\">\n<div class=\"single-page-content single-content entry wpex-clr\">\n<div class=\"wpb-content-wrapper\">\n<div class=\"vc_row wpb_row vc_row-fluid wpex-relative\">\n<div class=\"wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12\">\n<div class=\"vc_column-inner\">\n<div class=\"wpb_wrapper\">\n<div class=\"wpb_text_column wpb_content_element\">\n<div class=\"wpb_wrapper\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>FREUD<\/strong><\/span><\/h3>\n<p><em>\u201cLas vivencias de nuestros primeros a\u00f1os infantiles dejan unas huellas imborrables en nuestra memoria por aquellas impresiones que est\u00e1n destinadas a permanecer y ejercer su influjo hasta el t\u00e9rmino de nuestra vida, ella no nos ofrece nada, o bien nos entrega un n\u00famero relativamente pequeno de recuerdos dispersos, de valor a menudo cuestionable o enigm\u00e1tico\u201d.<\/em><\/p>\n<p>FREUD, S., <strong>\u201cSobre los recuerdos encubridores\u201d, <\/strong>(1899) En: <em>Obras Completas.<\/em> Tomo III, Buenos Aires, Amorrortu, 1991, p.297<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201cEl excedente sexual por s\u00ed solo no puede crear todav\u00eda ninguna represi\u00f3n; para ello hace falta la cooperaci\u00f3n de la defensa; ahora bien, sin excedente sexual la defensa no produce neurosis alguna\u201d.<\/em><\/p>\n<p>FREUD, S., <strong>\u201cCarta 46\u201d, <\/strong>(1896) En: <em>Obras Completas.<\/em> Tomo 1, Buenos Aires, Amorrortu, 1994, p.270<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201c\u2026 el trauma ps\u00edquico, o bien el recuerdo de \u00e9l, obra al modo de un cuerpo extra\u00f1o que a\u00fan mucho tiempo despu\u00e9s de su intrusi\u00f3n tiene que ser considerado como de eficacia presente\u2026\u201d.<\/em><\/p>\n<p>FREUD, S., <strong>\u201cSobre el mecanismo ps\u00edquico de feno\u0301menos histe\u0301ricos: comunicacio\u0301n preliminar (Breuer y Freud)\u201d, <\/strong>(1893) En: <em>Obras Completas.<\/em> Tomo II, Buenos Aires. Amorrortu, 1994, p.32<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c[&#8230;] cada peque\u00f1o fragmento de la historia deber\u00e1 ser narrado de nuevo, y s\u00f3lo en estas repeticiones aparecer\u00e1n los complementos que permitir\u00e1n obtener los nexos importantes, desconocidos para el enfermo\u201d.<\/p>\n<p>FREUD, S., <strong>\u201cSobre la iniciaci\u00f3n del tratamiento\u201d, <\/strong>(1913) En: <em>Obras Completas. <\/em>Tomo XII, Buenos Aires, Amorrortu, 2007, p.137<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201c(&#8230;) el analizado no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo act\u00faa. No lo reproduce como recuerdo, sino como acci\u00f3n; lo repite, sin saber, desde luego, que lo hace.\u201d<\/em><\/p>\n<p>FREUD, S., <strong>\u201cRecordar, repetir, reelaborar\u201d, <\/strong>(1914) En: <em>Obras Completas.<\/em> Tomo XII, Buenos Aires, Amorrortu, 2007, p 151-152.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEl despertar de\u00a0un\u00a0recuerdo\u00a0sexual de una \u00e9poca anterior\u00a0en\u00a0otra\u00a0posterior aporta a\u00a0lapsique\u00a0un\u00a0excedente sexual que\u00a0produce\u00a0efectos\u00a0como una\u00a0inhibici\u00f3n-pensar y brinda tanto al\u00a0recuerdo\u00a0como a sus\u00a0consecuencias\u00a0el\u00a0car\u00e1cter\u00a0obsesivo\u00a0{compulsivo} -elcar\u00e1cter de\u00a0lo\u00a0no\u00a0inhibible-.\u201d<\/p>\n<p>FREUD, S., <strong>\u201cFragmentos de\u00a0la\u00a0correspondencia\u00a0con\u00a0Fliess\u201d<\/strong>, (1950 [1892-99]), Carta 46, 30 de\u00a0mayo\u00a0de 1896.\u00a0En: Obras Completas. Tomo I, Buenos Aires,\u00a0Amorrortu, 1992, p. 270.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cA un recuerdo as\u00ed, cuyo valor consiste en subrogar en la memoria unas impresiones y unos pensamientos de un tiempo posterior, y cuyo contenido se enlaza con el genuino mediante v\u00ednculos simb\u00f3licos y otros semejantes, lo llamar\u00eda un recuerdo encubridor [Deckerinnrung]\u201d<\/p>\n<p><strong>Freud, S., \u201cSobre los recuerdos encubridores\u201d (1899), En: <em>Obras Completas, <\/em>Vol. III, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992, p. 309\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p>\u201cParece, adem\u00e1s, que en s\u00ed y por s\u00ed el recuerdo de un pasado remoto es facilitado por un motivo de placer.\u201d<\/p>\n<p><strong>Freud, S., \u201cSobre los recuerdos encubridores\u201d (1899), En: <em>Obras Completas, <\/em>Vol. III, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992, p. 310\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p>\u201c(\u2026) el concepto de un <em>recuerdo encubridor<\/em> como tal, que debe su valor mn\u00e9mico no a su contenido propio sino a su v\u00ednculo con otro contenido, sofocado. Seg\u00fan sea el tipo de ese v\u00ednculo se pueden distinguir diversas clases de recuerdos encubridores.\u201d<\/p>\n<p><strong>Freud, S., \u201cSobre los recuerdos encubridores\u201d (1899), En: <em>Obras Completas, <\/em>Vol. III, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992, p. 313\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p>\u201cEntre los recuerdos infantiles de vivencias importantes que afloran con igual precisi\u00f3n y nitidez, hay cierto n\u00famero de escenas que, tras la aplicaci\u00f3n de unos controles \u2013p. ej., el recuerdo de los adultos- se comprueba que han sido falseadas.\u201d<\/p>\n<p><strong>Freud, S., \u201cSobre los recuerdos encubridores\u201d (1899), En: <em>Obras Completas, <\/em>Vol. III, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992, p. 314\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEn estos tiempos del despertar, los recuerdos de infancia no afloraron, como se suele decir, sino que en ese momento fueron formados; y una serie de motivos, a los que es ajeno el prop\u00f3sito de la fidelidad hist\u00f3rico-vivencial, han influido sobre esa formaci\u00f3n as\u00ed como sobre la selecci\u00f3n de los recuerdos.\u201d<\/p>\n<p><strong>Freud, S., \u201cSobre los recuerdos encubridores\u201d (1899), En: <em>Obras Completas, <\/em>Vol. III, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992, p. 315\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cPor tanto, nos atrever\u00edamos a reconducir lo ominoso del Hombre de la Arena a la angustia del complejo infantil de castraci\u00f3n. Pero tan pronto surge la idea de recurrir a un factor infantil de esa \u00edndole para esclarecer la g\u00e9nesis de este sentimiento ominoso, nos vemos llevados a ensayar esa misma derivaci\u00f3n para otros ejemplos de lo ominoso\u201d.<\/p>\n<p><strong>Freud, S., \u201cLo ominoso\u201d (1919), En: <em>Obras completas,<\/em> Vol. XVII, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992, p. 233<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEn lo inconsciente an\u00edmico, en efecto, se discierne el imperio de una <em>compulsi\u00f3n de repetici\u00f3n <\/em>que probablemente depende, a su vez, de la naturaleza m\u00e1s \u00edntima de las pulsiones; tiene suficiente poder para doblegar al principio de placer, confiere car\u00e1cter demoniaco a ciertos aspectos de la vida an\u00edmica, se exterioriza todav\u00eda con mucha nitidez en las aspiraciones del ni\u00f1o peque\u00f1o y gobierna el psicoan\u00e1lisis de los neur\u00f3ticos en una parte de su decurso\u201d.<\/p>\n<p><strong>Freud, S., \u201cLo ominoso\u201d (1919), En: <em>Obras completas,<\/em> Vol. XVII, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1992, 238<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cAh\u00ed lo infantil, que gobierna tambi\u00e9n la vida an\u00edmica de los neur\u00f3ticos, consiste en otorgar mayor peso a la realidad ps\u00edquica por comparaci\u00f3n con la material, rasgo este emparentado con la omnipotencia de los pensamientos\u201d.<\/p>\n<p><strong>Freud, S., \u201cLo ominoso\u201d (1919), En: <em>Obras completas,<\/em> Vol. XVII, Amorrortu editores,\u00a0 Aires, 1992, p. 244<\/strong><\/p>\n<div class=\"wpb_wrapper\">\n<div class=\"wpb_text_column wpb_content_element\">\n<div class=\"wpb_wrapper\">\n<hr \/>\n<h3><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>LACAN<\/strong><\/span><\/h3>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>\u00abEn efecto, de lo que se trata en la repetici\u00f3n no es en absoluto de un efecto de memoria en el sentido biol\u00f3gico, cualquiera que sea. La repetici\u00f3n tiene cierta relaci\u00f3n con lo que, de este saber, est\u00e1 en el l\u00edmite y se llama goce\u201d.<\/p>\n<p><strong>Lacan, J., Clase I, \u201cProducci\u00f3n de los cuatro discursos\u201d (1969-1970), En <em>El Seminario, Libro 17, El reverso del psicoan\u00e1lisis<\/em>, Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2008, p. 13<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>\u00abLa rememoraci\u00f3n, la historizaci\u00f3n, es coextensiva al funcionamiento de la pulsi\u00f3n en lo que se llama lo ps\u00edquico humano. All\u00ed tambi\u00e9n se registra, entra en el registro de la experiencia la destrucci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p><strong>Lacan, J., Clase XVI, \u201cLa pulsi\u00f3n de muerte\u201d (1959-1960), En: <em>El Seminario, Libro 7, La \u00e9tica del psicoan\u00e1lisis<\/em>, Paid\u00f3s, Buenos Aires, 1990, p. 253<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>\u201cEl an\u00e1lisis se distingue entre todo lo producido por el discurso hasta entonces, por enunciar lo siguiente, hueso de mi ense\u00f1anza: que hablo sin saber. Hablo con mi cuerpo, y sin saber. Luego, digo siempre m\u00e1s de lo que s\u00e9\u201d.<\/p>\n<p><strong>Lacan, J., Clase X, \u201cRedondeles de cuerda\u201d (1972-1973), En: <em>El<\/em> <em>Seminario, Libro 20, A\u00fan, <\/em>Paid\u00f3s, Buenos Aires, 1991, 144<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>\u201cEl lenguaje no es m\u00e1s que lo que el discurso cient\u00edfico elabora para dar cuenta de lo que yo llamo lalengua.[\u2026]\n<p>El lenguaje es lo que se procura saber respecto de la funci\u00f3n de lalengua\u201d.<\/p>\n<p><strong>Lacan, J., Clase XI, \u201cLa rata en el Laberinto\u201d (1972-1973), En: <em>El<\/em> <em>Seminario, libro 20,<\/em> <em>A\u00fan.<\/em>, Paid\u00f3s, Buenos Aires, 1991, p. 166 \u2013 167<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cSi se puede decir que el inconsciente est\u00e1 estructurado como un lenguaje es por el hecho mismo de que los efectos de la lengua, ya all\u00ed como saber, van mucho m\u00e1s all\u00e1 de todo lo que el ser que habla es capaz de enunciar\u201d.<\/p>\n<p><strong>Lacan, J., Clase XI, \u201cLa rata en el Laberinto\u201d (1972-1973), En: <em>El<\/em> <em>Seminario, libro 20,<\/em> <em>A\u00fan.<\/em>, Paid\u00f3s, Buenos Aires, 1991, p. 168<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>\u201cToda formaci\u00f3n humana tiene por esencia, y no por accidente, el refrenar el goce. La cosa se nos aparece desnuda, y no ya a trav\u00e9s de esos prismas o lentes llamados religi\u00f3n, filosof\u00eda\u2026 hasta hedonismo, porque el principio de placer es el freno del goce.\u201d<\/p>\n<p><strong>Lacan, J., \u201cAlocuci\u00f3n sobre las psicosis del ni\u00f1o\u201d<\/strong> <strong>(1967), En: <em>Otros escritos<\/em>, Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2012, 384<\/strong><\/p>\n<div class=\"wpb_column vc_column_container vc_col-sm-12\">\n<div class=\"vc_column-inner\">\n<div class=\"wpb_wrapper\">\n<div class=\"wpb_text_column wpb_content_element\">\n<div class=\"wpb_wrapper\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>SEMIN\u00c1RIOS\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p><em>\u201cLa historia no es el pasado. La historia es el pasado historizado en el presente, historizado en el presente porque ha sido vivido en el pasado.\u201d<\/em><\/p>\n<p>LACAN, J., <strong>\u201cCap\u00edtulo I: Introducci\u00f3n a los comentarios sobre los escritos t\u00e9cnicos de Freud\u201d<\/strong> (1953-1954). En: <em>El seminario libro 1, Los escritos t\u00e9cnicos de Freud<\/em>,\u00a0Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2006, p. 27.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201cToda palabra tiene siempre un m\u00e1s all\u00e1, sostiene varias funciones, envuelve varios sentidos. Tras lo que dice un discurso est\u00e1 lo que \u00e9l quiere decir, y tras lo que quiere decir est\u00e1 otro querer decir (&#8230;)<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>LACAN, J.,<strong> \u201cCap\u00edtulo XIX: Funci\u00f3n creadora de la palabra\u201d<\/strong>\u00a0(1953-1954). En: El seminario libro 1, Los escritos t\u00e9cnicos de Freud, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2006, p. 351.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201cHay otra forma de defensa adem\u00e1s de la provocada por una tendencia o significaci\u00f3n prohibida. Esa defensa consiste en no acercarse al lugar donde no hay respuesta a la pregunta.\u201d<\/em><\/p>\n<p>LACAN, J.,<strong> \u201cCap\u00edtulo XV: Acerca de los significantes primordiales y de la falta de uno\u201d<\/strong> (1955-56). En: El seminario libro 3, Las Psicosis, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2006, p. 287<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c<em>El sujeto est\u00e1 unido con el objeto perdido por una nostalgia, y a trav\u00e9s de ella se ejerce todo el esfuerzo de su b\u00fasqueda. Dicha nostalgia marca al reencuentro con el signo de una repetici\u00f3n imposible, precisamente porque no es el mismo objeto, no puede serlo.\u201d<\/em><\/p>\n<p>LACAN, J., <strong>\u201cCap\u00edtulo I: Introducci\u00f3n\u201d\u00a0<\/strong>(1956-57). En: El seminario libro 4, La relaci\u00f3n con el objeto, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2008, p. 15.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201cLa elucidaci\u00f3n de la relaci\u00f3n del sujeto con el falo, en tanto que no lo tiene pero ha de ocupar su lugar, es la \u00fanica que permite concebir la culminaci\u00f3n ideal que Freud articula en su <\/em>Wo Es war, soll Ich werden.\u201d<\/p>\n<p>LACAN, J., <strong>\u201cCap\u00edtulo XXVII: Una salida por el s\u00edntoma\u201d<\/strong> (1957-1958). En: El seminario libro 5, Las formaciones del inconsciente, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 1998, p.496-497.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201cAqu\u00ed es donde alcanza el punto de horizonte donde se articula la consigna de Freud, su <\/em>Wo Es war, soll Ich werden<em>.<\/em><\/p>\n<p><em>Es tambi\u00e9n lo que otra sabidur\u00eda expresa en su <\/em>T\u00fa eres eso<em>.<\/em><\/p>\n<p><em>Esto es lo que al final ha de indicar la asunci\u00f3n aut\u00e9ntica y plena del sujeto en su propia palabra.<\/em><\/p>\n<p><em>Y ello significa \u2014 que en el horizonte de la palabra, sin el cual nada en el an\u00e1lisis podr\u00eda articularse, salvo trazando falsos caminos y produciendo desconocimientos, el sujeto reconozca d\u00f3nde est\u00e1.<\/em>\u201d<\/p>\n<p>LACAN, J., <strong>\u201cCap\u00edtulo XXVIII: T\u00fa eres a quien odias\u201d<\/strong> (1957-1958). En: El seminario libro 5, Las formaciones del inconsciente, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 1998, p.518.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cA partir del momento en que una parte del mundo simb\u00f3lico emerge, ella crea, en efecto, su propio pasado. Pero no de la misma manera que la forma a nivel intuitivo. Justamente en la confusi\u00f3n de ambos planos estriba el error, el error de creer que lo que la ciencia constituye mediante la intervenci\u00f3n de la funci\u00f3n simb\u00f3lica estaba all\u00ed desde siempre, que est\u00e1 dado.<br \/>\nEste error existe en todo saber, en la medida en que \u00e9ste es tan solo una cristalizaci\u00f3n de la actividad simb\u00f3lica y que, una vez constituido, lo olvida. En todo saber hay, una vez constituido, una dimensi\u00f3n de error, la de olvidar la funci\u00f3n creadora de la verdad en su forma naciente. Vaya y pase que se la olvide en el dominio experimental, ya que este se encuentra asociado a actividades puramente operativas [\u2026] Pero no podemos olvidarlo nosotros, analistas, que trabajamos en la dimensi\u00f3n de esa verdad en estado naciente\u201d.<\/p>\n<p>LACAN, J. <strong>\u201cCap\u00edtulo II: Saber, verdad, opini\u00f3n\u201d<\/strong> (1954-1955). En: El Seminario libro 2 El Yo en la teor\u00eda de Freud y en la T\u00e9cnica Psicoanal\u00edtica, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2008, p. 36<\/p>\n<hr \/>\n<p><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>ESCRITOS<\/strong><\/span><\/p>\n<p><em>\u201cSe trataba de ponerse a repetir \u00fanicamente siguiendo a Freud la frase de su descubrimiento: ello habla, y sin duda all\u00ed donde se lo esperaba menos,<\/em><\/p>\n<p><em>all\u00ed donde ello sufre.\u201d<\/em><\/p>\n<p>LACAN, J., <strong>\u201cLa cosa freudiana, o sentido del retorno a Freud en <\/strong><strong>psicoan\u00e1lisis\u201d <\/strong>(1956). En: Escritos 1, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2009, p.389-390.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201cEsta pasi\u00f3n del significante se convierte entonces en una dimensi\u00f3n nueva<\/em><\/p>\n<p><em>de la condici\u00f3n humana, en cuanto que no es \u00fanicamente el hombre quien<\/em><\/p>\n<p><em>habla, sino que en el hombre y por el hombre \u201cello\u201d habla\u201d.<\/em><\/p>\n<p>LACAN, J., <strong>\u201cLa significaci\u00f3n del falo\u201d <\/strong>(1958). En: Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2009, p.656.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cPues afirmar del psicoan\u00e1lisis como de la historia que en cuanto ciencias son ciencias de lo particular no quiere decir que los hechos con los que tienen que v\u00e9rselas sean puramente accidentales, si es que no facticios, y que su valor \u00faltimo se reduzca al aspecto bruto del trauma. Los acontecimientos se engendran en una historizaci\u00f3n primaria, dicho de otra manera, la historia se hace ya en el escenario donde se la representar\u00e1 una vez escrita, en el fuero interno como en el fuero exterior.\u201d<br \/>\nLACAN, J.<strong> Funci\u00f3n y campo de la palabra y del lenguaje en psicoan\u00e1lisis<\/strong> (1953). En: Escritos 1, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 1998, p. 253<\/p>\n<hr \/>\n<p><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>OUTROS ESCRITOS<\/strong><\/span><\/p>\n<p><em>\u201cEl inconsciente, eso habla; lo que lo hace depender del lenguaje, del que solo se sabe poco, a pesar de lo que designo como ling\u00fcister\u00eda\u201d.<\/em><\/p>\n<p>LACAN, J., <strong>\u201cTelevisi\u00f3n\u201d <\/strong>(1973) En: Otros escritos, Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2012, p.537.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c&#8230;la cuesti\u00f3n de saber si por ignorar como ese cuerpo es considerado por el sujeto de la ciencia, se tendr\u00e1 el derecho de dividirlo para el intercambio.<\/p>\n<p>\u00bfNo se discierne la converg\u00eancia de lo que he dicho hoy? \u00bfExtreaeremos la consecuencia de un t\u00e9rmino como el del ni\u00f1o generalizado?&#8230; \u201dTermino por creer, vea usted, en la declinaci\u00f3n de mi vida, que no hay personas mayores\u201d.<\/p>\n<p>LACAN, J.<strong><em>\u201c<\/em>Alocuci\u00f3n sobre las psicoses del ni\u00f1o<em>\u201d<\/em><\/strong>(1967). En: Otros Escritos (1901-1981), Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2016, p.389.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cNo hay otro trauma del nacimiento que el de nacer como deseado. Deseado, o no -lo mismo da, ya que es por el parl\u00eatre.<\/p>\n<p>El parl\u00eatre en cuesti\u00f3n se reparte, por lo general, en dos hablantes. Dos hablantes que no hablan la misma lengua. Dos que no se escuchan hablar. Dos que simplemente no congenian. Dos que se conjuran para la reproducci\u00f3n, pero a partir de un malentendido consumado -que el cuerpo de ustedes transmitir\u00e1 con la mencionada reproducci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>LACAN, Jacques, Disoluci\u00f3n V, \u201cEl malentendido\u201d, (1980), En: En los confines del seminario, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2022, p. 82<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEl ni\u00f1o realiza la presencia de (\u2026) objeto a en el fantasma. Satura, al sustituirse a este objeto, el modo de carencia en el que 126 se especifica el deseo (de la madre), cualquiera que sea su estructura especial4: neur\u00f3tica, perversa o psic\u00f3tica. \u00c9l aliena en s\u00ed todo acceso posible de la madre a su propia verdad, d\u00e1ndole cuerpo, existencia e incluso exigencia de ser protegido.<br \/>\nEl s\u00edntoma som\u00e1tico le da el m\u00e1ximo de garant\u00eda a este desconocimiento; es la fuente inagotable que, seg\u00fan los casos, testimoniar\u00e1 la culpabilidad, servir\u00e1 de fetiche o encarnar\u00e1 un rechazo primordial.\u201d<\/p>\n<p>Lacan, J. <strong>\u201cNota sobre el ni\u00f1o\u201d<\/strong> (1969) En: Otros Escritos, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2012, p.394<\/p>\n<hr \/>\n<h3><span style=\"color: #ff0000;\"><strong>MILLER<\/strong><\/span><\/h3>\n<p><em>\u201c(&#8230;) all\u00ed donde eso se callaba, all\u00ed donde eso no dec\u00eda nada m\u00e1s, yo debo advenir a rememorarme.\u201d<\/em><\/p>\n<p>MILLER, J.-A., <strong>\u201cCap\u00edtulo XIII: El deseo del analista en la experiencia anal\u00edtica\u201d\u00a0<\/strong>(1982-83). En: Del s\u00edntoma al fantasma. Y retorno, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2018, p. 222<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201c\u2026 la defensa califica de manera electiva la relaci\u00f3n subjetiva con lo real,\u201d<\/em><\/p>\n<p><em>\u201cLa defensa (\u2026) apunta a otra operaci\u00f3n y no recae sobre un significante.\u201d<\/em><\/p>\n<p>MILLER, J.-A. \u201c<strong>Cap\u00edtulo III: Perturbar la defensa<\/strong>\u201d (1998-1999). En: La experiencia de lo real en la cura psicoanal\u00edtica. Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2008. p. 51.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201c\u2026 para Freud la defensa califica una relaci\u00f3n con la pulsi\u00f3n respecto de la cual la interpretaci\u00f3n no es la operaci\u00f3n prescripta en el an\u00e1lisis.\u201d<\/em><\/p>\n<p>MILLER, J.-A. <strong>\u201cCap\u00edtulo III: Perturbar la defensa\u201d <\/strong>(1998-1999). En: La experiencia de lo real en la cura psicoanal\u00edtica. Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2008. p. 52.<\/p>\n<p><em>\u201c\u2026 el acontecimiento (\u2026) fundador de la huella de afecto, mantiene un desequilibrio permanente, mantiene en el cuerpo y en la psique un exceso de excitaci\u00f3n que no se deja reabsorber.\u201d<\/em><\/p>\n<p><em>\u201c\u2026 acontecimiento traum\u00e1tico, ese que dejar\u00e1 huellas en la vida subsecuente del parl\u00e9tre.\u201d<\/em><\/p>\n<p>MILLER, J.-A. <strong>\u201cCap\u00edtulo XXI: Acontecimientos del cuerpo\u201d <\/strong>(1998-1999). En: La experiencia de lo real en la cura psicoanal\u00edtica. Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2008, p.378.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201c<\/em>a<em> es aquello a lo cual hablamos (&#8230;) Ese objeto a, que es eso de lo que no podemos hablar, llegado el caso se encarna en sustancias diversas. Que preferimos hablar a A antes que a a, es un hecho<\/em>.\u201d<\/p>\n<p>MILLER, J.-A <strong>\u201cCap\u00edtulo XII: El resto de un an\u00e1lisis\u201d <\/strong>(1987-1988). En: Causa y consentimiento, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2019, p. 215-216.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201cLa sexualidad siempre es traumatizante.\u201d<\/em><\/p>\n<p>MILLER, J.-A <strong>\u201cCap\u00edtulo XII: El resto de un an\u00e1lisis\u201d<\/strong> (1987-1988). En: Causa y consentimiento, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2019, p. 283.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u201cSin duda, hay una distancia entre no saber lo que se dice y decir lo que no se sabe. Pero hay que empezar por no saber lo que se dice para poder llegar a decir lo que no se sabe\u201d.<\/em><\/p>\n<p>MILLER, J.-A.<strong> \u201cCap\u00edtulo I: Construcci\u00f3n de lo real\u201d<\/strong> (1983-1984). En: Respuestas de lo real, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2024, p. 13.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u00ab[&#8230;]uno se hipnotiza con la relaci\u00f3n madre-hijo, concebida bajo una modalidad dual, rec\u00edproca, si ustedes quieren, como si madre e hijo estuvieran encerrados en una esfera.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Miller, J-A. <strong>\u201cEl ni\u00f1o, entre la mujer y la madre\u201d, <\/strong><em>Virtualia<\/em> # 13, julio 2005. Disponible en:<a href=\"https:\/\/www.revistavirtualia.com\/articulos\/562\/virtualia-13\/el-nino-entre-la-mujer-y-la-madre\">https:\/\/www.revistavirtualia.com\/articulos\/562\/virtualia-13\/el-nino-entre-la-mujer-y-la-madre<\/a>. Consultado el: \u00a09 de abril de 2025.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u00ab[&#8230;] al hipnotizarse con la relaci\u00f3n madre-hijo no es s\u00f3lo la funci\u00f3n del padre, cuya incidencia sobre el Deseo de la Madre es, sin duda, necesaria para permitirle al sujeto un acceso normalizado a su posici\u00f3n sexuada.\u201d<\/em><\/p>\n<p>Miller, J-A. <strong>\u201cEl ni\u00f1o, entre la mujer y la madre\u201d, <\/strong><em>Virtualia<\/em> # 13, julio 2005. Disponible en:<a href=\"https:\/\/www.revistavirtualia.com\/articulos\/562\/virtualia-13\/el-nino-entre-la-mujer-y-la-madre\">https:\/\/www.revistavirtualia.com\/articulos\/562\/virtualia-13\/el-nino-entre-la-mujer-y-la-madre<\/a>. Consultado el: \u00a09 de abril de 2025.<\/p>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c\u00abEl hombre naci\u00f3 libre, y por doquier se encuentra sujeto con cadenas\u00bb. Nada m\u00e1s<\/p>\n<p>falso que esto. El hombre naci\u00f3 con cadenas. Es prisionero del lenguaje, y su estatuto<\/p>\n<p>primero es el de ser objeto. Causa de deseo de sus padres, si tiene suerte. Si no, desecho<\/p>\n<p>de sus goces.\u201d<\/p>\n<p><strong>Miller, J.-A.; Prefacio a <em>El inconsciente del ni\u00f1o. Del s\u00edntoma al deseo de saber.<\/em> H\u00e9l\u00e8ne Bonnaud, Gredos, Barcelona, 2014, p. 6<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cEn un an\u00e1lisis efectivo podemos acompa\u00f1ar esa transformaci\u00f3n que va de la familiaridad con la familia al surgimiento de lo que en ella se revela extra\u00f1o (\u2026) la familia es el marco en el que se experimenta ese viraje de lo familiar a lo extra\u00f1o\u201d.<\/p>\n<p><strong>Miller, J.-A., Clase I, \u201cCausalidad y libertad\u201d<\/strong> <strong>(1987-1988), En: <em>Causa y consentimiento,<\/em> Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2019, p. 13<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c(\u2026) lo decisivo (\u2026) no es que el trauma sea un hecho de historia, sino que en ese momento podemos hablar del trauma como significante enigm\u00e1tico. La f\u00f3rmula \u201cel significante enigm\u00e1tico del trauma sexual\u201d, que encontramos en \u201cLa instancia de la letra\u201d, ya indica (\u2026) aprehender el trauma (\u2026) a partir del enigma, que es el \u201ccolmo del sentido\u201d.<\/p>\n<p><strong>Miller, J.-A.,<\/strong> <strong>Clase VIII, \u201cEl estatus del trauma\u201d<\/strong> <strong>(1987-1988), En: <em>Causa y consentimiento<\/em>, Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2019, p. 149<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cSe necesita que haya un decir para que exista algo como la verdad, y ni siquiera alcanza la escritura, la cual puede ser solamente \u00edndice, si se la descifra. La idea de verdad supone que hay una superposici\u00f3n de lo simb\u00f3lico y lo real, que el dicho puede recubrir el hecho.\u201d<\/p>\n<p><strong>Miller, J.-A., Clase IX \u201cLa verdad mentirosa\u201d<\/strong> <strong>(2008-2009), En: <em>Sutilezas anal\u00edticas,<\/em> Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2012, p. 141<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cAdem\u00e1s, la articulaci\u00f3n misma del discurso anal\u00edtico conduce al analizante a construir, a tejer \u2013a partir de las contingencias pasadas y de las cotidianas- una trama de verdad mentirosa, una trama de verdad variable, cambiante, de verdad que bascula incesantemente en la mentira, que no es m\u00e1s que transitoria\u201d.<\/p>\n<p><strong>Miller, J.-A., Clase IX \u201cLa verdad mentirosa\u201d<\/strong> <strong>(2008-2009), En: <em>Sutilezas anal\u00edticas,<\/em> Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2012, p. 144<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cY en el fondo no se trata tanto de que estos tres elementos (S1, S2, $) sean significantes o efectos de verdad, sino de que son <em>functores para gozar, <\/em>son elementos de un aparato de goce.\u201d.<\/p>\n<p><strong>Miller, J.-A., Clase IX \u201cLa verdad mentirosa\u201d<\/strong> <strong>(2008-2009), En: <em>Sutilezas anal\u00edticas,<\/em> Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2012, p. 145<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201cY se trata menos de saber lo que se extrajo del goce, lo que se extrajo del fantasma, en t\u00e9rmino de efectos de verdad, en t\u00e9rminos de saber, que es decir la satisfacci\u00f3n que se logr\u00f3 extraer del modo de gozar, pues este es lo que es.\u201d<\/p>\n<p><strong>Miller, J.-A., Clase IX \u201cLa verdad mentirosa\u201d<\/strong> <strong>(2008-2009), En: <em>Sutilezas anal\u00edticas,<\/em> Paid\u00f3s, Buenos Aires, 2012, p. 145<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n[\/vc_column_text][\/vc_column][\/vc_row]\n<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>[vc_row][vc_column][\/vc_column][\/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text css=\u00bb\u00bb] &nbsp; FREUD \u201cLas vivencias de nuestros primeros a\u00f1os infantiles dejan unas huellas imborrables en nuestra memoria por aquellas impresiones que est\u00e1n destinadas a permanecer y ejercer su influjo hasta el t\u00e9rmino de nuestra vida, ella no nos ofrece nada, o bien nos entrega un n\u00famero relativamente pequeno de recuerdos dispersos, de valor a&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"parent":566,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"templates\/no-sidebar.php","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/xii\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1745"}],"collection":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/xii\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/xii\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/xii\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/xii\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1745"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/enapol.com\/xii\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1745\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5155,"href":"https:\/\/enapol.com\/xii\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/1745\/revisions\/5155"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/xii\/es\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/566"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/xii\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1745"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}