{"id":1354,"date":"2026-10-31T22:16:07","date_gmt":"2026-10-31T21:16:07","guid":{"rendered":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/?post_type=avada_portfolio&#038;p=1354"},"modified":"2026-11-03T01:55:41","modified_gmt":"2026-11-03T00:55:41","slug":"la-urgencia-dicha-2","status":"publish","type":"avada_portfolio","link":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/pt\/portfolio\/la-urgencia-dicha-2\/","title":{"rendered":"La urgencia dicha*"},"content":{"rendered":"<p><div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 fusion-flex-container has-pattern-background has-mask-background nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:calc( 1200px + 80px );margin-left: calc(-80px \/ 2 );margin-right: calc(-80px \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:100%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:40px;--awb-margin-bottom-large:20px;--awb-spacing-left-large:40px;--awb-width-medium:100%;--awb-order-medium:0;--awb-spacing-right-medium:40px;--awb-spacing-left-medium:40px;--awb-width-small:100%;--awb-order-small:0;--awb-spacing-right-small:40px;--awb-spacing-left-small:40px;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-column-has-shadow fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-text fusion-text-1\" style=\"--awb-font-size:14px;\"><p>Agradecemos la amable autorizaci\u00f3n del autor R. Seldes y de Colecci\u00f3n Diva para publicar en la secci\u00f3n Textos de Referencia de la web del XIII ENAPOL el segundo cap\u00edtulo del libro <em>La urgencia dicha<\/em>, cuya primera edici\u00f3n fue publicada en la Ciudad Aut\u00f3noma de Buenos Aires por la Colecci\u00f3n Diva en el a\u00f1o 2019, p. 31-43.<\/p>\n<\/div><div class=\"fusion-separator fusion-full-width-sep\" style=\"align-self: center;margin-left: auto;margin-right: auto;margin-top:10px;margin-bottom:10px;width:100%;\"><\/div><div class=\"fusion-text fusion-text-2 argumento\" style=\"--awb-font-size:30px;--awb-text-font-family:&quot;EB Garamond&quot;;--awb-text-font-style:italic;--awb-text-font-weight:400;\"><mark class=\"fusion-highlight custom-textcolor highlight1 awb-highlight-background\" style=\"--awb-text-color:var(--awb-color8);\"> En los inicios <\/mark>\n<\/div><div class=\"fusion-separator fusion-no-medium-visibility fusion-no-large-visibility fusion-full-width-sep\" style=\"align-self: center;margin-left: auto;margin-right: auto;margin-top:10px;margin-bottom:10px;width:100%;\"><\/div><div class=\"fusion-text fusion-text-3\"><p>Urgencias hay muchas, las sociales y las individuales: las de los fondos libidinales, ll\u00e1mense urgencias econ\u00f3mico-financieras o amorosas; las arrebatadoras; las de las p\u00e9rdidas reales o imaginadas: las invasoras. Las del Otro que de golpe se ha puesto a vociferar en las orejas ps\u00edquicas del sujeto, o las que lo someten a la angustia m\u00e1s cruel; las on\u00edricas, que los dejan insomnes e incluso pueden desencadenar una psicosis; o al rev\u00e9s, las que atan a algunas personas al querer dormir, cuanto <em>m\u00e1s <\/em>mejor, y si fuera para siempre, mejor a\u00fan.<\/p>\n<p>Tenemos preguntas que no silenciamos: \u00bfC\u00f3mo sabemos que una urgencia es una urgencia? \u00bfQui\u00e9n de todos los que estamos concernidos por el psicoan\u00e1lisis no se ha formulado esta pregunta? Hay otras \u00bfen qu\u00e9 se diferencia el tratamiento de la urgencia de lo que cualquier psicoanalista debe enfrentar cuando est\u00e1 ante un sujeto mudo o aterrado, ante el agitado desanudado, ante el llanto, el grito o el silencio furioso, la mudez ominosa, que se encarnan en un hombre desesperado, en una mujer decepcionada, en un joven hiperexigido, en un sujeto ir\u00f3nico, en alguien que ha perdido el amarre al lenguaje? \u00bfQu\u00e9 implica ofrecerse de un modo discreto para escuchar a quienes padecen de la ruptura aguda de la cadena significante?, tal como \u00c9ric Laurent nos ayud\u00f3 a definir en un generoso encuentro que tuvo con el Equipo de Urgencias que construimos a finales de los a\u00f1os 80 en el Hospital Evita de Lan\u00fas junto con quince colegas y que fue para nosotros el inicio de este recorrido.<\/p>\n<p>Resaltemos la invenci\u00f3n que fue ese dispositivo: uno recib\u00eda un paciente, quiz\u00e1s \u00e9ramos dos si hab\u00eda que medicar. De acuerdo a los casos, el paciente ten\u00eda una, dos, diez sesiones en la misma ma\u00f1ana, era vuelto a citar al d\u00eda siguiente o el subsiguiente, era recibido por los mismos o por otros. He ah\u00ed el detalle que llamaba la atenci\u00f3n, no a todos. Inventamos el dispositivo de a varios a nuestra medida y conveniencia. Ten\u00edamos un sistema de fichas en donde consign\u00e1bamos algunos datos, nos llam\u00e1bamos por tel\u00e9fono para comentar qui\u00e9n o qui\u00e9nes vendr\u00edan al d\u00eda siguiente. Era un dispositivo hospitalario colectivo.<\/p>\n<p>En las reuniones de investigaci\u00f3n, de una vez a la semana o cada quince d\u00edas, analiz\u00e1bamos los procedimientos, nos plante\u00e1bamos los problemas, nos encontr\u00e1bamos con las paradojas. \u00bfY la transferencia? La que se quer\u00eda instalar desde el inicio, cuando quien recib\u00eda al \u201curgido&#8217;\u2019 y despu\u00e9s del tiempo de la urgencia, no continuaba m\u00e1s con ese tratamiento. \u00bfQu\u00e9 decirle al paciente cuando nos reclamaba \u201c\u00bfpor qu\u00e9 no me puedo seguir atendiendo con usted?\u201d \u00a0\u201cUsted fue quien me vio en ese estado, usted es quien sabe\u201d \u00bfY c\u00f3mo hac\u00edamos cuando la urgencia se resolv\u00eda y que en el 80% de los casos implicaba un pasaje a atenci\u00f3n en consultorios externos? Con una caracter\u00edstica especial, los pacientes que eran atendidos por el equipo de Urgencias deseaban permanecer m\u00e1s tiempo en el tratamiento en el hospital, o demandaban atenci\u00f3n en privado.<\/p>\n<p>Deb\u00edamos intervenir entre nosotros, para interpretar el horror al acto, para aceptar que hab\u00eda que decir basta&#8230; y la otra gran pregunta \u00bfcu\u00e1ndo finalizar el tiempo de la atenci\u00f3n en la urgencia si la instituci\u00f3n, tal como marca su funci\u00f3n, no lo instituye?<\/p>\n<p>Hab\u00eda una l\u00f3gica cristalina, precisa, de c\u00e1lculo matem\u00e1tico, casi un real, con un equipo finito, con tiempos finitos. Si no deriv\u00e1bamos se terminaba la atenci\u00f3n en la urgencia y hab\u00eda que dejar a los nuevos \u201curgidos\u201d en listas de espera, lo que era, m\u00e1s que una paradoja, una irresponsabilidad. El tiempo de concluir la atenci\u00f3n en la urgencia coincid\u00eda con\u00a0el momento para comprender: que hubiera precipitado en un significante, el de la urgencia, que no siempre era tan f\u00e1cil de aislar.<\/p>\n<p>Pero eso ya hab\u00eda producido un cambio en lo que era para nosotros su tiempo, la introducci\u00f3n en la prisa originaria de un tiempo de pausa y espera, para quienes llegaron a nuestro encuentro cuando el decir se Ies hab\u00eda congelado, aun en el estribillo o la repetici\u00f3n mon\u00f3tona del grito de padecimiento, en el grito del silencio, siempre de dolor, siempre de sufrimiento. Es lo que nos dice un poeta tucumano: \u201cEl tiempo es un silencio que subyace debajo del olvido\u201d.<\/p>\n<p>Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, a partir de esa experiencia, surgi\u00f3 la idea PAUSA, el centro psicoanal\u00edtico de la atenci\u00f3n de urgencias. Pasamos a la actualidad, no nos divierte la nostalgia, nos parece cruel, da\u00f1ina y superyoica.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-2 fusion-flex-container has-pattern-background has-mask-background nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:calc( 1200px + 80px );margin-left: calc(-80px \/ 2 );margin-right: calc(-80px \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-1 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:100%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:40px;--awb-margin-bottom-large:20px;--awb-spacing-left-large:40px;--awb-width-medium:100%;--awb-order-medium:0;--awb-spacing-right-medium:40px;--awb-spacing-left-medium:40px;--awb-width-small:100%;--awb-order-small:0;--awb-spacing-right-small:40px;--awb-spacing-left-small:40px;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-column-has-shadow fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-text fusion-text-4 argumento\" style=\"--awb-font-size:30px;--awb-text-font-family:&quot;EB Garamond&quot;;--awb-text-font-style:italic;--awb-text-font-weight:400;\"><mark class=\"fusion-highlight custom-textcolor highlight1 awb-highlight-background\" style=\"--awb-text-color:var(--awb-color8);\"> El decir siempre en cuesti\u00f3n <\/mark>\n<\/div><div class=\"fusion-separator fusion-no-medium-visibility fusion-no-large-visibility fusion-full-width-sep\" style=\"align-self: center;margin-left: auto;margin-right: auto;margin-top:10px;margin-bottom:10px;width:100%;\"><\/div><div class=\"fusion-text fusion-text-5\"><p>\u00bfPor qu\u00e9 la \u201curgencia dicha\u201d? La palabra \u201cdicha\u201d produce algunos equ\u00edvocos. Plantear el tema de los equ\u00edvocos y del inconsciente es nuestra manera de ubicamos en la pr\u00e1ctica anal\u00edtica. En primera instancia, da lugar a internamos en el terreno de las significaciones, terreno preciso, necesario, para captar lo que transmite la demanda de un paciente, a quien le solicitamos hablar.<\/p>\n<p>Las preguntas con las que comienza el tratamiento de una urgencia implican \u00bfqu\u00e9 significa esto? \u00bfcu\u00e1ndo comenz\u00f3? Los fen\u00f3menos \u00bfde qu\u00e9 discurso se han resbalado? Aguardamos que se responda con significantes. En ocasiones s\u00f3lo hay silencio, que tambi\u00e9n es una respuesta. Tratamos de que no sea un pasaje al acto. \u201cUrgencia dicha\u201d es, en primer lugar, poner en cuesti\u00f3n el decir.<\/p>\n<p>Partimos de una premisa y es que nadie conoce la lengua que el otro habla, aunque compartamos el lenguaje, nadie conoce la lengua privada de cada qui\u00e9n. En cada caso, en todas las circunstancias, estamos obligados a recordar lo que Lacan nos ha ense\u00f1ado cuando formul\u00f3 \u201cNo comprender\u201d ya que nadie conoce la lengua en la que el otro habla. Si fu\u00e9semos un poco m\u00e1s exigentes afirmar\u00edamos que tampoco sabemos\u00a0qu\u00e9 lengua habla en nosotros. El propio an\u00e1lisis nos proporciona alguna idea acerca de c\u00f3mo algunos significantes tocaron nuestro cuerpo de una manera singular.<\/p>\n<p>Cuando Lacan en el <em>Seminario <\/em><em>1 <\/em>se refiere a \u201cno comprender\u201d propone la fecundidad del \u201cm\u00e9todo de los comentarios\u201d, que apunta al mismo problema. Dice que comentar un texto es como hacer un an\u00e1lisis, porque una de las cosas que m\u00e1s debemos evitar es comprender demasiado, comprender m\u00e1s que lo que hay en el discurso del sujeto. No es lo mismo interpretar que imaginar comprender, es lo contrario. Afirmar\u00e1 con contundencia que \u201clas puertas de la comprensi\u00f3n anal\u00edtica solo se abren en base a un cierto rechazo de la comprensi\u00f3n\u201d.<span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[1]<\/sup><\/span><\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente, en el <em>Seminario 2<\/em>, retomar\u00e1 el tema. \u201cSuelo dec\u00edrselo a las personas que controlo: cuiden, sobre todo, de no comprender al enfermo, nada los pierde tanto\u201d Y agrega: \u201cO sea que en nombre de la inteligencia simplemente hay ilusi\u00f3n de aquello que debe detenernos, y que no es comprensible\u201d. Acent\u00faa su posici\u00f3n con una met\u00e1fora para diferenciar la comprensi\u00f3n de la explicaci\u00f3n. \u201cUn m\u00fasico es siempre m\u00fasico de su propia m\u00fasica\u201d.<span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[2]<\/sup><\/span><\/p>\n<p>Comprender para Lacan era uno de los dos peligros en la aprehensi\u00f3n de nuestro dominio cl\u00ednico, tambi\u00e9n advirti\u00f3 sobre otro: no ser bastante curiosos. \u201cEnse\u00f1amos a los ni\u00f1os que la curiosidad es una reprobable falta, y en conjunto esto es cierto: no somos curiosos, y no es f\u00e1cil provocar este sentimiento de manera autom\u00e1tica\u201d.<span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[3]<\/sup><\/span><\/p>\n<p>Se tratan de dos indicaciones de las pocas que se encuentran en sus ense\u00f1anzas y que son especialmente \u00fatiles en el tratamiento de la urgencia, siempre marcado por la prisa. A la prisa por concluir no conviene a\u00f1adirle una prisa por comprender por parte del analista. \u00bfEn d\u00f3nde ubicamos el extremo de lo que no se comprende? En el s\u00edmbolo matem\u00e1tico ya que se trata de un significante que se representa a s\u00ed mismo. Es la pretensi\u00f3n imposible del discurso del amo, el que querr\u00eda significarse a s\u00ed mismo, uno que aspira a que el decir coincida con el dicho. No nos torturemos con posiciones ideales, porque no hacemos matem\u00e1ticas. Ni pretendemos hacerlas en la urgencia, eso no quiere decir que no intentemos realizar algunos c\u00e1lculos. \u00bfPor qu\u00e9 alejarnos de la comprensi\u00f3n?<\/p>\n<p>Por un lado, tenemos lo que llamamos un enunciado, que es lo efectivamente pronunciado, y como tal, es una proposici\u00f3n verdadera (V o F). Por otro lado, tenemos la enunciaci\u00f3n, algo m\u00e1s escondido, algo no dicho, algo que se capta, que se transmite de otras maneras. Es la misma relaci\u00f3n entre la palabra dicha y el decir. El enunciado es la palabra dicha pero hay un decir no dicho que es la enunciaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es sobre esa diferencia, sobre esa anomal\u00eda entre el enunciado y la enunciaci\u00f3n que interviene la interpretaci\u00f3n anal\u00edtica, la que apunta a la causa. Y cuando se apunta a una causa es para producir un efecto. Hay un cierto c\u00e1lculo antes, o mejor dicho, hay una preparaci\u00f3n. Lo hemos llamado la preparaci\u00f3n del acto. Y, es a partir de ese efecto que nos podemos pronunciar sobre el c\u00e1lculo efectuado. Tenemos entonces la causa y los efectos a partir de la interpretaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la urgencia ofrecemos un Otro, un s\u00edmil del Otro quiz\u00e1s, para que el sujeto pueda captar algo de su inmersi\u00f3n en ese algo que lo desborda. En las consultas hay algo muy interesante y es que un sujeto \u201cautosufriente\u201d, se dirija al Otro, a quien pueda encarnarlo.<\/p>\n<p>Lacan nos ense\u00f1\u00f3 que en todos los casos se trata de esclarecer lo que implica la demanda. Si existe una, eso quiere decir algo, hay un pedido m\u00ednimo que es el de ser escuchado. Ya el mismo hecho de hablarle al Otro, de poner en juego su decir, ubica al sujeto en una posici\u00f3n carente, la de no ser, la de no tener, mientras que quien encarna al Otro se le atribuye un ser, incluso un todo-poder.<\/p>\n<p>Lacan fue muy perspicaz al homologar el sujeto que \u201cquiere decir\u201d con el sujeto de la necesidad. Luego, al transformar la necesidad en demanda, el resto que deja es el deseo, algo que para \u00e9l pudo ser definido como incompatible con la palabra. El deseo no puede ser dicho, sucede, se expresa entre l\u00edneas. En todo caso, entendemos que el mismo quedar\u00e1 del lado del querer decir, y aunque imposible, porque la comunicaci\u00f3n es siempre fracasada, resultar\u00e1 que del otro lado habr\u00e1 algo que siempre es exitoso, algo de otra dimensi\u00f3n, el goce de la pulsi\u00f3n. Tenemos ah\u00ed, no un querer decir, sino un querer gozar.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Si al deseo, en tanto resto, lo colocamos del lado de la insatisfacci\u00f3n y de la infelicidad, del otro lado, del lado del goce, tendremos la felicidad y la satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-3 fusion-flex-container has-pattern-background has-mask-background nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:calc( 1200px + 80px );margin-left: calc(-80px \/ 2 );margin-right: calc(-80px \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-2 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:100%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:40px;--awb-margin-bottom-large:20px;--awb-spacing-left-large:40px;--awb-width-medium:100%;--awb-order-medium:0;--awb-spacing-right-medium:40px;--awb-spacing-left-medium:40px;--awb-width-small:100%;--awb-order-small:0;--awb-spacing-right-small:40px;--awb-spacing-left-small:40px;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-column-has-shadow fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-text fusion-text-6 argumento\" style=\"--awb-font-size:30px;--awb-text-font-family:&quot;EB Garamond&quot;;--awb-text-font-style:italic;--awb-text-font-weight:400;\"><mark class=\"fusion-highlight custom-textcolor highlight1 awb-highlight-background\" style=\"--awb-text-color:var(--awb-color8);\"> El sujeto es feliz <\/mark>\n<\/div><div class=\"fusion-separator fusion-no-medium-visibility fusion-no-large-visibility fusion-full-width-sep\" style=\"align-self: center;margin-left: auto;margin-right: auto;margin-top:10px;margin-bottom:10px;width:100%;\"><\/div><div class=\"fusion-text fusion-text-7\"><p>\u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n tienen el deseo y la pulsi\u00f3n? El deseo implica una cesi\u00f3n en comparaci\u00f3n con la pulsi\u00f3n. Es un axioma: la pulsi\u00f3n siempre se satisface, de forma directa, indirecta, de manera econ\u00f3mica, dolorosa o agradable. Esta tesis se corresponde con se\u00f1alar que hay arreglos,\u00a0modos de goce. Lacan, en \u201cTelevisi\u00f3n\u201d, trabaj\u00f3 los afectos, los denomin\u00f3 <em>las pasiones del alma<\/em>.<span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[4]<\/sup><\/span> En esta entrevista pronunci\u00f3 su consabida expresi\u00f3n <em>el sujeto es feliz<\/em><em>. <\/em>En la edici\u00f3n en castellano de los <em>Otros Escritos <\/em>se la ha traducido por \u201cel sujeto es dichoso\u201d.<span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[5]<\/sup><\/span> Es l\u00edcito preguntarnos por este deslizamiento entre lo que com\u00fanmente se aceptaba y la nueva versi\u00f3n. En el diccionario etimol\u00f3gico de Corominas se lee la definici\u00f3n de <em>dicha: suerte feliz, 1335; primitivamente signific\u00f3 \u201cdestino\u201d. <\/em>Su origen es del lat\u00edn <em>dicta<\/em> \u201ccosas dichas\u201d al cual <em>lalengua<\/em>, como siempre, hizo\u00a0sus retoquecitos. Lo transmiti\u00f3 en el sentido de \u201chado\u201d <em>fatum<\/em>, que es el participio pasado de <em>fari<\/em>, \u201cdecir, hablar\u201d aunque empleado con el sentido de \u201csuerte o destino\u201d por la creencia pagana de que la suerte individual se deb\u00eda a unas palabras que pronunciaban los dioses, o las Parcas, al nacer el ni\u00f1o.<span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[6]<\/sup><\/span> En la urgencia, el analista produce un empuje a hablar, a decir.<\/p>\n<p>Cuando Lacan se\u00f1ala que el sujeto siempre es dichoso, se refiere a que el sujeto es feliz en la satisfacci\u00f3n de la repetici\u00f3n. La <em>urgencia dicha<\/em> \u00a0as\u00ed ubicada, nos remitir\u00eda a esa extra\u00f1a felicidad del silencio de la pulsi\u00f3n que puede llegar a lo m\u00e1s mort\u00edfero. Lacan hace un tour interesante en esta entrevista, porque vuelve a hablar de la \u201ccomprensi\u00f3n\u201d y la define como \u201cmorder el sentido\u201d. Lo hace a continuaci\u00f3n de poner el acento en la tristeza, y su contrario el <em>gay-saber<\/em>. As\u00ed est\u00e1 escrito en la misma p\u00e1gina: \u201cLo opuesto de la tristeza que es un pecado, una falta moral si se toma como referencia el <em>bien decir, <\/em>mientras que el <em>gay-saber<\/em>, la gaya ciencia es por el contrario una virtud. Una virtud no absuelve a nadie del pecado, original como todos saben. La virtud de manifestar en qu\u00e9 consiste: no en comprender, en morder en el sentido sino en pasar roz\u00e1ndolo lo m\u00e1s cerca posible&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>Pronunciar que el sujeto es feliz es una vociferaci\u00f3n, tal como la ha definido J.-A. Miller. Una vociferaci\u00f3n es una exclamaci\u00f3n que proviene\u00a0de una voz fuerte, no es un enunciado ni es una proposici\u00f3n. El enunciado viene siempre con su enunciaci\u00f3n, es un hecho sin valor de verdad o falsedad. La vociferaci\u00f3n en cambio, supera la divisi\u00f3n del enunciado y la enunciaci\u00f3n, no se suspende ni se distancia de qui\u00e9n la pronuncia incluso cuando no haya semejante que no se distancie de donde se pronuncia. Incluye fundamentalmente su punto de emisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Nos consultan en m\u00faltiples oportunidades por depresiones. \u201cConsideramos a la tristeza como un saber, un saber triste, un saber cortado de la vida, separado de lo real del goce. Es un saber que se articula solo, y que ha perdido el vac\u00edo que lo articular\u00eda al propio goce\u201d, se\u00f1al\u00f3 \u00c9ric Laurent en su tercera conferencia del Seminario de Bah\u00eda en noviembre de 2000.<span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[7]<\/sup><\/span> El analista es quien se orienta por la \u00e9tica del bien decir, la que prescribe encontrar un acuerdo, una armon\u00eda entre el significante y el goce. El problema de la depresi\u00f3n es un asunto de saber, es fundamentalmente, un saber triste que no puede decirse.<\/p>\n<p>Recibimos pacientes deprimidos, en urgencia muchas veces, moderada o grave, que no logran poner en discurso algo de eso no dicho. Paradojalmente, la llamamos la <em>urgencia dicha<\/em>, la que se goza sin saberlo. Escuchar la demanda de cada uno marca un giro, en tanto para el discurso anal\u00edtico los hechos del deseo y la respuesta del goce son singulares.<\/p>\n<p>Si la temporalidad del an\u00e1lisis es la angustia, y eso vale tambi\u00e9n para la urgencia, para ese momento de perplejidad en el que <em>la palabra queda presa en la garganta<\/em><span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[8]<\/sup><\/span>, contamos con la funci\u00f3n operatoria del deseo del analista que apunta a suscitar un contorno de espera. No de esperanza, eso siempre complica. Lo podemos caracterizar como una propuesta que permita una mezcla de aburrimiento en los casos m\u00e1s excitados, (el aburrimiento siempre es la espera de Otra cosa), con la oferta de encontrar una sorpresa que sea m\u00e1s eficiente que la disyunci\u00f3n o quedar descolgado del Otro. Se trata siempre de intentar localizar el goce a partir de lo que se dice.<\/p>\n<p>Sabemos que en la psicosis, liberado de las sujeciones a la significaci\u00f3n f\u00e1lica, el objeto <em>a <\/em>se pone a pulular. El goce ya no est\u00e1 localizado, el significante no logra localizarlo. Y aparece ese otro goce que escapa a la funci\u00f3n normalizante del goce f\u00e1lico. En la melancol\u00eda, por ejemplo, cuando el sujeto se reduce a su ser de desecho para servir a la voluntad de un Otro todopoderoso y maligno. Lo que atormenta al psic\u00f3tico es un goce sin ley y sin marco. \u00bfC\u00f3mo podemos describirlo? Alucinaciones insistentes, presencia insoportable de la mirada por doquier, temores diversos como ser envenenado, burlado, violado, perturbaciones hipocondr\u00edacas, tentativas de mutilaci\u00f3n, sentimiento de p\u00e9rdida o deformaci\u00f3n de los \u00f3rganos del cuerpo, pasajes al acto etc.<\/p>\n<p>Es verdad, que ciertas formas de delirio consiguen aplacar y hasta extinguir estas manifestaciones parasitarias al lograr reunir lo esencial de los investimentos libidinales sobre una construcci\u00f3n significante sistematizada. No alentamos su producci\u00f3n ni nos proponemos delirar con los pacientes sino intentar reducir esos delirios, nunca nutrirlos.<\/p>\n<p>Cuando hay ciertos significantes que aparecen con un gran peso en lo real, exceso o falta absoluta de significaci\u00f3n, son tomados en cuenta muy especialmente por lo que Lacan llam\u00f3 el <em>sujeto del goce<\/em>, quien les otorga una atenci\u00f3n \u00fanica, que testimonia del goce que implica la ruptura en la cadena significante. Esos significantes con valor de letra, para poder volver a ser insertados en el mundo del sujeto, precisan del delirio para apaciguarlo, para que salga de su perplejidad y entienda algo. Algunas de esas palabras pueden cobrar el valor de neologismos. Su importancia es que permiten localizar el goce, por eso les debemos tanto respeto. En el paranoico se ve m\u00e1s claramente c\u00f3mo el delirio es parte de su tentativa de curaci\u00f3n, para ordenar el bullir del goce. El sujeto se aferra a su delirio como algo que es \u00e9l mismo.\u00a0<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a><\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-4 fusion-flex-container has-pattern-background has-mask-background nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:calc( 1200px + 80px );margin-left: calc(-80px \/ 2 );margin-right: calc(-80px \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-3 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:100%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:40px;--awb-margin-bottom-large:20px;--awb-spacing-left-large:40px;--awb-width-medium:100%;--awb-order-medium:0;--awb-spacing-right-medium:40px;--awb-spacing-left-medium:40px;--awb-width-small:100%;--awb-order-small:0;--awb-spacing-right-small:40px;--awb-spacing-left-small:40px;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-column-has-shadow fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-text fusion-text-8 argumento\" style=\"--awb-font-size:30px;--awb-text-font-family:&quot;EB Garamond&quot;;--awb-text-font-style:italic;--awb-text-font-weight:400;\"><mark class=\"fusion-highlight custom-textcolor highlight1 awb-highlight-background\" style=\"--awb-text-color:var(--awb-color8);\"> El operador de perplejidad <\/mark>\n<\/div><div class=\"fusion-separator fusion-no-medium-visibility fusion-no-large-visibility fusion-full-width-sep\" style=\"align-self: center;margin-left: auto;margin-right: auto;margin-top:10px;margin-bottom:10px;width:100%;\"><\/div><div class=\"fusion-text fusion-text-9\"><p>En nuestra experiencia inaugural de la atenci\u00f3n de la urgencia por parte de psicoanalistas, en la pr\u00e1ctica hospitalaria, hemos realizamos un\u00a0texto titulado \u201cLa urgencia y el discurso\u201d<span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[9]<\/sup><\/span>, inspirado en la lectura del curso de J.-A. Miller <em>Los signos del goce.\u00a0<\/em><\/p>\n<p>All\u00ed plante\u00e1bamos que en la urgencia el significante no se articula en un decir y se verifica el efecto de mortificaci\u00f3n que \u00e9l mismo produce aislado, que impide el movimiento de representaci\u00f3n que permita una p\u00e9rdida de goce, una localizaci\u00f3n. Claro como el agua: se trata del discurso del amo o del inconsciente impedido. El surgimiento del exceso aparece como inevitable. Se trata de ese momento en el que el significante hace objeto, lo que implica un traspaso de lo simb\u00f3lico a lo real.<\/p>\n<p>Un sujeto en la urgencia aparece como fuera de discurso, fuera de lazo social, en un goce autista que no se dirige a nadie, de all\u00ed nuestra primera propuesta de ofrecemos en la direcci\u00f3n de la urgencia, en ambos sentidos de direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>En ese entonces, no hac\u00edamos grandes relatos acerca de la diferencia entre la urgencia en las neurosis o en las psicosis. Lo plante\u00e1bamos del lado de la estructura. Es la psicosis la que nos muestra la estructura mientras la neurosis se\u00f1ala c\u00f3mo se la vela.<\/p>\n<p>Nuestra \u201clocura\u201d desde entonces fue siempre ubicarnos en la dimensi\u00f3n de producir el sujeto. Hablar de las urgencias como subjetivas no va de suyo, sino que implica la intervenci\u00f3n del analista. Dicho de otra manera, las urgencias no suelen ser subjetivas sino por la inmixi\u00f3n de un analista y de su escucha al extraer algo del decir en los dichos.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 obtenemos de esto? Que la estructura se revela en la urgencia cuando los saberes existentes fallan, cuando la mayor parte de los sentidos que pueblan la vida de un sujeto caducan.<\/p>\n<p>En la urgencia intentamos hacer legible algo de lo inefable, lo que deja a un sujeto perplejo, por lo tanto no lo pensamos en t\u00e9rminos de levantar la represi\u00f3n.<\/p>\n<p>No es la neurosis con sus defensas la que nos permite captar el mecanismo de la urgencia, sino m\u00e1s bien la psicosis y la demostraci\u00f3n lacaniana de que todos somos delirantes. El delirio es una interpretaci\u00f3n, es algo que da sentido a lo que se aparece, a lo que irrumpe en la vida de una persona, por lo general s\u00fabitamente. Es ese punto de perplejidad en que el sentido no aparece, el que podemos calificar como un momento en espera de sentido, enigm\u00e1tico, que no colma de satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la urgencia surge lo enigm\u00e1tico, ese decir arrinconado. Hay algo que se inmoviliza, surge un solo significante que suele provenir \u00abcomo de lo real\u00bb o adquiere ese valor, para dejar fijo al sujeto.<\/p>\n<p>Para ubicamos en la urgencia nos servimos del fen\u00f3meno elemental en tanto metonimia inm\u00f3vil, o como met\u00e1fora impotente. Utilizamos el \u00aboperador de perplejidad\u00bb<span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[10]<\/sup><\/span> en tanto la situaci\u00f3n normal del ser humano como efecto de significante y traumatizado por <em>lalengua<\/em>, es tener que descifrar un significante.<\/p>\n<p>De la misma manera tomamos la cuesti\u00f3n de la paranoia inicial de todo sujeto al comienzo de un an\u00e1lisis, el significante de la transferencia, el que autoriza a que se puedan hacer las interpretaciones ulteriores, lo cual nos permite homologar dicho significante al inicial de un delirio.<\/p>\n<p>\u00bfEs posible la producci\u00f3n de un significante amo, un S<sub>1<\/sub> en el dispositivo de la urgencia? No siempre llegamos a aislarlo cuando contamos con tres o cuatro meses de tratamiento, pero eso no nos impide que se produzcan algunos significantes fuertes, que condensan libido, que permiten nombrar, de manera transversal, el goce en juego.<\/p>\n<p>El significante Uno siempre es elemental, no se sabe lo que significa, est\u00e1 a la espera del saber, del S<sub>\u00b2<\/sub> o del delirio. Todo saber es delirio y el delirio es un saber, con el elemento de delirio que hay siempre en la invenci\u00f3n. \u201cLo interesante de la invenci\u00f3n de saber es que el delirante no retrocede ante la elaboraci\u00f3n de saber\u201d, dice J.-A. Miller, as\u00ed como el analista no debe retroceder ante el psic\u00f3tico, y por supuesto ante la urgencia.<\/p>\n<p>En el trabajo de la <em>urgencia dicha <\/em>se comienza a perder algo de goce. \u00bfLa <em>urgencia dicha <\/em>es dichosa o justamente deja de serlo? Apelemos a un ox\u00edmoron, partir de una conclusi\u00f3n: que el significante no solamente\u00a0mortifica el organismo del viviente, sino que tambi\u00e9n produce goce. Y es con eso con lo que tenemos que v\u00e9rnoslas en el an\u00e1lisis, una experiencia de hablar.<\/p>\n<p>El sujeto de la <em>urgencia dicha <\/em>no debe nada sino a la contingencia de lo que sucede. Las coordenadas del caso cuando hacemos cl\u00ednica son del orden de la contingencia, y no estaba escrito. \u00bfCu\u00e1ndo la urgencia deja de ser \u201cdichosa\u201d? Cuando se capta, de verdad, que entre el decir y el dicho hay una p\u00e9rdida y alcanza con que se la pueda soportar un poco.<\/p>\n<p>El trabajo propuesto en la urgencia subjetiva no es sino una exploraci\u00f3n, una investigaci\u00f3n cl\u00ednica para rodear esos puntos en los cuales se encontr\u00f3 una certeza, en los cuales se produjo un desabrochamiento salvaje entre la cadena significante y el goce pulsional. Una investigaci\u00f3n que realizada en un lazo discursivo, permite que el sujeto capte la causa de esa ruptura y la ponga al trabajo.<\/p>\n<p>En definitiva, se trata de custodiar que los sujetos logren penetrar en los insondables vericuetos de su decir, con la consideraci\u00f3n que le otorgamos en el psicoan\u00e1lisis de la orientaci\u00f3n lacaniana a la dignidad del s\u00edntoma. De este modo argumentamos que cada uno puede arribar en el tratamiento de su urgencia a un punto en el que la vida le sea un poco m\u00e1s satisfactoria, y tambi\u00e9n un poco m\u00e1s vivible.<\/p>\n<p>Transformar la urgencia subjetiva en una aventura psicoanal\u00edtica es sin lugar a dudas el modo de asegurar la singularidad de cada caso y en cada una de las situaciones, sin pretender un retomo a lo anterior, refrendar el valor de la contingencia en la vida de las personas.<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a><\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-5 fusion-flex-container has-pattern-background has-mask-background nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-margin-top:20px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:calc( 1200px + 80px );margin-left: calc(-80px \/ 2 );margin-right: calc(-80px \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-4 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:100%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:40px;--awb-margin-bottom-large:20px;--awb-spacing-left-large:40px;--awb-width-medium:100%;--awb-order-medium:0;--awb-spacing-right-medium:40px;--awb-spacing-left-medium:40px;--awb-width-small:100%;--awb-order-small:0;--awb-spacing-right-small:40px;--awb-spacing-left-small:40px;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-column-has-shadow fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-separator fusion-full-width-sep\" style=\"align-self: center;margin-left: auto;margin-right: auto;margin-bottom:20px;width:100%;\"><div class=\"fusion-separator-border sep-single sep-solid\" style=\"--awb-height:20px;--awb-amount:20px;border-color:var(--awb-color3);border-top-width:1px;\"><\/div><\/div><div class=\"fusion-text fusion-text-10\"><p><sup>* <\/sup>Este cap\u00edtulo ha sido especialmente editado para nuestra web con el permiso de su autor.<\/p>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[1]<\/sup><\/span> Lacan, J. (1953-1954), <em>El seminario, Libro 1, Los escritos t\u00e9cnicos de Freud<\/em>, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 1981. p. 119-120.<\/p>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[2]<\/sup><\/span> Lacan, J. (1954-1955), <em>El seminario, Libro 2, El Yo en la teor\u00eda de Freud y en la t\u00e9cnica psicoanal\u00edtica<\/em>. Buenos Aires, Paid\u00f3s, 1978. p. 137.<\/p>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[3]<\/sup><\/span> <em>Ibid,<\/em> p.160.<\/p>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[4]<\/sup><\/span> Lacan, J., \u201cTelevisi\u00f3n\u201d, <em>Otros Escritos,<\/em> Buenos Aires, Paid\u00f3s, 1973, p. 551.<\/p>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[5]<\/sup><\/span> <em>Ibid., <\/em>p. 552.<\/p>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[6]<\/sup><\/span> Corominas. J<em>., Breve diccionario etimol\u00f3gico de la lengua castellana. <\/em>Espa\u00f1a, Gredos, 2009, p. 192.<\/p>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[7]<\/sup><\/span> Laurent, \u00c9., <em>Las pasiones del ser. <\/em>Buenos Aires, Tres Haches, 2001, p. 76.<\/p>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[8]<\/sup><\/span> Buarque, C., <em>C\u00e1lice, <\/em>Direzione Generale, Preta Music, Cara Nova Editora musical,\u00a01973.<\/p>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[9]<\/sup><\/span> AA.VV., \u201cLa urgencia y el discurso\u201d, <em>Los psicoanalistas frente a <\/em><em>la pr\u00e1ctica hospitalaria, <\/em>Buenos Aires, Editores Vergara, 1989.<\/p>\n<p><span style=\"color: #00ff00;\"><sup>[10]<\/sup><\/span> Miller, J.-A., \u201cLa invenci\u00f3n del delirio\u201d, AA.VV., <em>El saber delirante<\/em>, Buenos Aires, Paid\u00f3s, 2005, p. 93.<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":1,"featured_media":1352,"menu_order":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"portfolio_category":[87],"portfolio_skills":[],"portfolio_tags":[],"class_list":["post-1354","avada_portfolio","type-avada_portfolio","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","portfolio_category-textos-de-referencia-pt"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/1354","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio"}],"about":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/wp-json\/wp\/v2\/types\/avada_portfolio"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1354"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/1354\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1432,"href":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/wp-json\/wp\/v2\/avada_portfolio\/1354\/revisions\/1432"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1352"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1354"}],"wp:term":[{"taxonomy":"portfolio_category","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_category?post=1354"},{"taxonomy":"portfolio_skills","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_skills?post=1354"},{"taxonomy":"portfolio_tags","embeddable":true,"href":"https:\/\/enapol.com\/xiii\/wp-json\/wp\/v2\/portfolio_tags?post=1354"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}