Usos del cuerpo en el autismo y su tratamiento.
El niño autista se define por estar atrapado en lalengua sin una posible elucubración de lenguaje. Es decir un sujeto que no se ha introducido en el lenguaje pasando por el balbuceo, que testimonia ya una captación del sujeto en una relación con un Otro. En el autismo si hay un Otro es un Otro de pura exterioridad de los significantes. El cuerpo es vivido como exterior, ajeno, deshabitado de un sentimiento de vida.

Es un cuerpo perturbado por la proliferación desregulada de lalengua que no ha alcanzado la extracción necesaria para su regulación. Es decir que a diferencia del neurótico el autista hace una positivización de lalengua.

Si hacemos la distinción entre traza y significante pudiéramos pensar lalengua como un enjambre de trazas que invaden el cuerpo del niño, y que, sería necesario que la traza se borrara para que se produzca la hiancia en la que el sujeto se haría representar. De ahí la dificultad de que pueda insertarse la voz del otro, ya que esta solo tiene lugar en un fondo de falta, es decir permitir que la voz se pierda para dar lugar a la palabra.

En la problemática del autismo, no habría otro modo de orientarnos en la experiencia analítica sino es por el goce encarnado en el cuerpo. El sujeto no es un ente reducido a la conciencia y a las manifestaciones de conductas, es una articulación entre la imagen, que da consistencia al cuerpo, lo simbólico que es la operación significante, la insistencia, y lo real que da la ex – sistencia, lo que permite que algo quede fuera del cuerpo, para que el sujeto pueda operar con los objetos. En el caso del autismo hay una modalidad radical de la forclusion psicótica. Hay ausencia de toda «prótesis imaginaria» dando cuenta de una mayor precariedad en la constitución,subjetiva.

El niño autista no tiene un cuerpo, el goce retorna sobre un borde en el cuerpo, Laurent lo llama neo –borde que ocupa el lugar de lo que hay, cuando no están los límites del cuerpo. Por eso vemos que los autistas hacen de sus cuerpos herramientas defensivas para protegerse de lo real. «El cuerpo autista seria verdadero cuerpo sin órganos. El desmembramiento del cuerpo a través de sus órganos es sobrellevado con el precio del encierro… « [1] y produce un forzamiento a reemplazar la función que no ha sido posible por la regulación del lenguaje, es decir su cuerpo es usado a manera de armazón o de un caparazón como indica Laurent en el cual pueda encapsularse. «El encapsulamiento funciona como una burbuja de protección cerrada en la cual vive el sujeto; no tiene un cuerpo, tiene su capsula o su burbuja muy solida detrás de la cual esta» [2].

En relación a esto me ha resultado muy ilustrativo el texto «La Batalla del Autismo».[3] refiriéndome específicamente al cuarto capítulo, debo decir que el desarrollo que hace sobre el cuerpo de los sujetos autistas y los objetos es muy novedoso, porque nos presenta las dos dimensiones de la función de los objetos en la relación con el cuerpo.

La primera que hace la función de contención, es decir de poner límite al cuerpo, de contenerlo de este sentimiento de inconsistencia, este es el caso de Temple Grandin con su cattle chute, con la finalidad de dar forma a un cuerpo informe ella crea este aparato que hace la función de ponerlo en horma, a diferencia de otros casos donde el organismo mismo se hace armadura defensiva, se constituye en un caparazón que parecería ofrecerle cierta defensa al retorno de goce en el cuerpo. Se constituye en una especie de neo borde que hace de límite en el cual se vuelve imposible contacto alguno con el sujeto.

La otra vía que sería opuesta al hug machine de Temple, sería la vía de la extracción del objeto en lo real del cuerpo. Muchos autistas presentan la modalidad de extraer las heces de sus cuerpos introduciendo incluso la mano en su ano, es decir extraer este objeto sin forma que se impone al cuerpo a cualquier costo. Me parece que, en este caso hay una precariedad mayor que en Temple, porque a pesar de no haber registro imaginario en el autismo, ella ha logrado capturar algo de la forma y del cuerpo, al punto que se ve empujada a crear este aparato que la contenga. En el segundo caso me parece que el cuerpo mismo es invasivo al niño autista al punto de destrozarlo si es posible para extraer los objetos introducidos en su cuerpo que lo hacen a cualquier costo y de cualquier modo. Hay otras vías que me parecen menos intrusivas al cuerpo como el de Barron que se sirve de las estaciones de radio para calmar su angustia. Aunque esta en el puro registro de la iteración de la letra de goce, es menos invasivo a mi criterio que en los otros casos, en los cuales el sujeto autista arremete, ataca sobre su propio cuerpo, tratando de hacer el agujero que no hay.

Tener en cuenta la diferencia que habría entre acontecimiento de cuerpo y fenómenos de borde es indispensable porque esto haría la diferencia en el modo de tratamiento a seguir, se diferencia totalmente de los otros modos de intervenciones como las del orden conductistas, o de aprendizaje. Diferenciar la clínica original de la clínica del circuito como lo llama Laurent nos conduce a tener otra perspectiva en la dirección del tratamiento, se tratará aquí de desplazar el objeto autista para logra abrir un nuevo espacio que no es ni del sujeto, ni del Otro, espacio que permitiría un poco mas de alteridad al niño en la relación con los objetos y con los otros.

Rosine y Robert Lefort resaltan la importancia de los objetos en el tratamiento, ya que si hay carencia de lo imaginario en estos casos de autismo el uso de objetos permitiría sostener un trabajo más concreto en la relación con el cuerpo. Es decir introducir nuevos objetos para que sea posible la extracción del objeto autista y que venga a ocupar ese lugar otro objeto, es de alguna manera un acontecimiento de cuerpo y permitiría que el sujeto alcance a ceder algo de ese goce que lo trastorna.

Los objetos son elementos esenciales para el tratamiento del autismo, son instrumentos para protegerse de la angustia, animan su cuerpo, procurándose una satisfacción y finalmente establecer un vínculo con el otro. Cualquier cosa que estén a su alcance, juguetes, objetos cotidianos, su propio cuerpo, el de los compañeros, son objetos suplementarios electivamente erotizados, que funcionan a la manera de un órgano que convenga a su cuerpo y pueda producir su montaje. Cito: Laurent []]]]]»De esta manera vemos como estos objetos suplementarios a los cuales se adosan logran una cierta estabilización, y les permite serenar su cuerpo, funcionando como un verdadero instrumento para moderar el retorno de goce y construirle un borde, un contorno a ese cuerpo» creo que esta, es la manera más aproximada en la cual la dimensión subjetiva es respetada y se considera como el núcleo central del trabajo psicoanalítico respetar y trabajar con las particularidades del sujeto.

El desarrollo topológico que encontramos en este texto nos ilustra de una manera más clara, cómo el cuerpo del autista no alcanza los límites necesarios para sostenerse. Si en el toro hay dos clases de agujeros el del interior y el otro que conecta lo exterior con lo interior, y en el autismo hay forclusión del aguajero no se hace posible constituir ningún espacio topológico en el cual, el cuerpo alcance la contención. De ahí la dificultad de sostenerse y poder hacer limite al cuerpo.

En relación a esta ausencia de cuerpo y de contención, es importante tener muy claro la función que hace el doble del autista, ya que la experiencia del agujero sin borde se acompaña de la del doble en el espejo y el borde separado del cuerpo. Por este motivo puede decirse que, el doble funciona como un borde separado del cuerpo del sujeto autista, la función de este doble seria suplir la ausencia de borde.

La inexistencia del cuerpo está relacionada con la inexistencia del borde del agujero, ya que un cuerpo solo existe si un objeto puede separarse de él. Lo cual supone la existencia de la mirada del otro, que otorga un cuerpo y le da una consistencia. Cuando esto no se produce, «cuando las miradas no se cruzan» la experiencia del espejo se reduce a la del doble.

La dimensión de un doble se acompaña de la construcción de un borde capaz de localizar el goce que se repite sin fin en el «Uno de goce» .

De igual manera en el objeto mirada y el objeto voz, es necesaria la extracción, que la traza se pierda para que la visión devenga mirada. «Hay aquí un fracaso en el montaje del circuito pulsional, en relación a la imagen, hay un defecto en la presencia original del Otro que impediría el armado de la relación especular«, [5]. la no-mirada entre la madre y el niño produciría el fracaso del primer montaje de la estructura del aparato psíquico, el cuerpo del niño queda perturbado de un modo específico, no solo no miran a la madre, sino que frente a un estimulo caen en verdaderos cataclismo. En este caso el niño como recurso defensivo desvía la mirada, para evitar el goce intrusivo de la mirada del otro.

Con respecto al objeto voz Maleval , nos indica que la posición del autista es» no querer ceder el objeto voz» , [6] rechaza ceder el objeto de su goce vocal, forma de resistirse a la alienación de su ser en el lenguaje. Seria no hablar, no pasar por las condiciones del lenguaje, ya que aceptarlas estaría obligado a responder, obedecer, a pasar por el Otro, de esa manera conservar una total libertad, pero una libertad dolorosa como lo indican aquellos autistas que han dado cuenta de su existencia.

Laurent nos indica que la marca de goce no podría ser extraída de la palabra, al punto que el sujeto vive la emisión de la palabra como una verdadera mutilación. «Hablar es vaciarse» [7] Es por ello que la disociación de la voz y el lenguaje esta en el principio del autismo.

Pudiéramos decir que la verbosidad de los autistas a la que se refiere Maleval hace la función de ahogar y contener el goce invasivo de la voz, tanto de la suya como la del Otro que lo horroriza.

Me planteo un interrogante en relación al Otro del autista, sabemos que ciertos encuentros con el Otro inciden en el viviente libidinizando ciertas zonas, y dejándolas por fuera. E. Solano [8] plantea que el autismo del niño antecedió un autismo del otro, que impidió que el grito fuera significado, es decir pase a ser llamado. Dice: «Tras quedar el grito sin respuesta, no se instaura un sujeto que pide y se perdió la posibilidad de leer el grito como signo de un pedido, no hay el S2 que enlace el S1. Y quedo el S1 petrificado». Si sostenemos desde el psicoanálisis que hay, una posición subjetiva de no responder al Otro, una elección de no querer pasar por el otro, de ceder o no su goce, me preguntaría también ¿porqué?, que pasa con ese Otro?, qué papel juega ese Otro en la respuesta del niño?. Creo que juega un papel fundamental desde siempre, será quien ponga la mirada sobre el niño, el que hable al niño, quien le dará los elementos necesario para prenderlo al mundo, a la vida, el que debe presentarse horadado para que el niño pueda alojar ahí su voz, su mirada, un Otro que se implique en la relación, y cuando hablo de implicarse me refiero a un Otro encarnado y presente, y es eso justamente lo que no hay, nos encontramos con un Otro actual totalmente trastocado por la ciencia y la tecnología, guiados de forma mecanizada por indicaciones e instrucciones que siguen ciegamente con una rigidez incuestionable donde no hay lugar a la humanización, ese Otro de la modernidad, como lo indica L. Cazenave en su artículo «El síntoma autista como modelo de la civilización» donde las palabras y los cuerpos se separan en la disposición actual de la civilización. Cito: [9] «En efecto, el sujeto autista en su rechazo de la enunciación impide que el goce se embarque en la palabra, impide que la lengua se corporice y de lugar a un cuerpo de sujeto». Me interroga mucho ver que los sujetos de la modernidad tiene una dificultad de un saber hacer ahí con el niño, ausencia de un saber hacer de forma si puedo llamar connatural, algo que podría dejarse llevar más por el orden de la naturaleza. Se mantienen en una rigidez incuestionable, sin medir la relación, sin considerar la particularidad, reproducen un discurso medico científico que da lugar a la disyunción del lenguaje y el cuerpo.

El texto de Manuel Zlotnik [10] «Lo real puede desbocarse» clarifica esta dificultad en poder alcanzar una cierta armonía en el encuentro con su cuerpo y con el otro. El nos indica; «Antes la ciencia se limitaba a estudiar a la a naturaleza estableciendo sus leyes pero no interviniendo en ellas. Más adelante empezó a intervenir y eso llevo a que haya otro real aparte al que conocíamos como naturaleza, se trata de un real que es producto de la ciencia y que ya nada tiene que ver con la naturaleza.

Lo que se presenta en la actualidad son dos formas de un Otro, uno que pudiera presentarse como muerto, ausente totalmente y por lo tanto inerte a toda posibilidad de trasmitir vida, y por otro lado tenemos un Otro desbordado en sus pulsiones, saturado en su propio goce, sin dar lugar a la hiancia que permitiría alojar al otro. Un niño frente a estas dos situaciones pudiera, en el primer caso no alcanzar a percibir la respuesta del otro en donde su grito se pueda convertir en llamada, y en el segundo caso podría presentarse un rechazo como defensa al exceso de goce que viene del otro perturbador.

Frente a esto el analista interrogado en su práctica, no tiene otro camino que orientarse por el goce, y se pregunta de qué manera estos niños se las arreglan, con qué recursos cuentan para sostenerse en esta peculiar relación con el otro y con su cuerpo, y que particularidad se podría ubicar en este niño autista.

M. Manzotti , nos indica como alojar el cuerpo del autista en un dispositivo soporte. «Un dispositivo que habilite al niño por una vía distinta a la del forzamiento, del adiestramiento, del maternaje, o de la institucionalidad, ofertar a estos niños un trabajo de implicación subjetiva, por la vía del consentimiento y de la tolerancia al encuentro con el otro. Un dispositivo que soporte la inespecifidad de este sujeto«.[11]


  1. E. Laurent «El sentimiento delirante de la vida» 1ra Edición, Buenos Aires, Colección Diva 2011 p 232.
  2. Ibid p. 207
  3. E. Laurent «La Batalla del Autismo, de la Clínica a la Política» Ediciones Grama, Buenos Aires cap. 4 «Los sujetos autistas, sus objetos y su cuerpo». p. 79
  4. E. Laurent, Reflexiones sobre el autismo. «Hay un fin de análisis para los niños » Colección Diva Buenos .Aires. p 88
  5. L. Iuale. «Detrás del espejo, perturbaciones y usos del cuerpo en el autismo» 1ra. Edición Letra Viva. Buenos Aires 2011. P 83.
  6. J.C. Maleval,. «Más bien verbosos los autistas» en Psicoanálisis Aplicado, clínica del autismo y psicosis. Una publicación de la Fundación Avenir. Colección Invenciones. Junio 2008 pag. 17
  7. E. Laurent «El sentimiento delirante de la vida» 1ra Edición, Buenos Aires, Colección Diva 2011 p 206.
  8. E. Solano «Los niños del Uno solo» Analíticon psicoanálisis con niños 1987 pag 47.
  9. L. Cazenave. «El síntoma autista como modelo de la civilización»
  10. Manuel Zlotnik «Lo real puede desbocarse»
  11. M. Manzotti. y otros «Clínica del Autismo infantil. El Dispositivo soporte». Serie Praxia, Ediciones Grama, Buenos Aires P 65