El grupo de investigación está compuesto por Noemí Alazraki, Diana Antebi, Silvia Bonzini, Verónica Berenstein, Estela Carrera, Paola Gutkowski, Paula Kalfus, Nestor Rozenberg, Eugenia Serrano, Gustavo Sobel y Gabriela Salomon (Responsable).

Cada integrante ha trabajado intensamente con diversos textos y contribuido en la elaboración de este trabajo.

Introducción
El tema que nos convoca es «Las Urgencias del Parlêtre». En nuestra investigación, nos planteamos:

1) Cómo repensar «la urgencia» desde la última enseñanza de Lacan con la lectura que J. A. Miller propone.

2) Cómo respondemos los practicantes del psicoanálisis de la orientación lacaniana en las urgencias ante «cuerpos que hablan» más allá del desciframiento. Sujetos angustiados, deprimidos, con pánico, que consumen, violentos. Con todo esto nos confrontamos en las guardias de los hospitales, en P.A.U.S.A. y aún en los consultorios, en una época marcada por la incidencia del discurso capitalista y de la ciencia en su alianza con la técnica, en lo que «Freud llamó el malestar en la cultura y que Lacan descifra como los callejones sin salida de la civilización» [1]

¿Cómo un analista podría estar a la par de la urgencia de quien lo requiere? Nuestra hipótesis es que lo que cobra allí relieve es su formación. Una formación que, en su propia experiencia analítica, le haya permitido captar que el uso del sentido es un semblante respecto del síntoma y especialmente, respecto de la contingencia en la que puede ubicarse su origen.

1) Repensar la urgencia
En el Prefacio a la Edición Inglesa del Seminario 11″, del año 76[2], Lacan da testimonio de su relación con la urgencia, relación articulada a lo que apremia. Allí dice : «Señalo que como siempre los casos de urgencia me apremiaban mientras que yo escribía esto»

Diez años antes, en «De un sujeto por fin cuestionado»[3]. explicita: «Al menos ahora podemos contentarnos con que una huella quedará a raíz de lo que nosotros hemos instaurado, habrá el psicoanalista que responderá a ciertas urgencias subjetivas..» La formación de un analista tendrá entonces una estrecha relación con la urgencia, es decir con la emergencia de lo que hace agujero como traumatismo.

J. A. Miller piensa la urgencia como anterior a la constitución misma del inconsciente transferencial y llama urgencia a «una modalidad temporal que corresponde al advenimiento de un traumatismo»[4] . La urgencia será entonces, eso que empuja, que no admite espera, lo que pone en movimiento la demanda de un potencial analizante.

En la clase del 15/11/2006 sobre el inconsciente real, Miller retoma el Prefacio del Informe del Congreso de Roma, de 1953[5], donde Lacan hace una primera mención a la urgencia: «Nada creado que no aparezca en la urgencia, nada en la urgencia que no engendre su rebasamiento en la palabra /…/ Pero nada también que no se haga en ella contingente»

En esa misma clase, hace alusión a los CPCT creados en ese momento en Europa y menciona que la urgencia, con la cual hay que ir a la par, es la que solicita el rebasamiento en la palabra del que hace el requerimiento, y muestra el fracaso de la verdad mentirosa.

Nada es creado sino a partir de alguna urgencia. Se toma así a la urgencia por el lado de lo que empuja. Se comienza por lo que entonces en la urgencia, y no sin ella, se pueda producir.

«Rebasar» según el Diccionario de la Real Academia española implica pasar o exceder cierto límite, es decir un desborde, algo imposible de simbolizar, lo real, aquello que sobrepasa lo que la palabra puede nombrar, lo que hace referencia al traumatismo que Lacan lee como troumatisme, agujero traumático, ligado a la ausencia de la relación sexual.

El término «engendrar» en la frase «la urgencia engendra su rebasamiento en la palabra» puede ser leído en el sentido de «crear, causar o formar». Pero en su segunda acepción engendrar es procrear, propagar la especie.

Podemos pensar que hay algo que engendra la urgencia en el sentido en que se procrea. En este punto se puede pensar a la misma como el revés de la ruptura aguda de la cadena significante, definición que utilizábamos y nos parece solidaria con la primera enseñanza de Lacan, la del inconsciente estructurado como un lenguaje. Con el término engendra se puede pensar la urgencia a partir de la incidencia de lo vivo, del cuerpo. Es un punto en que se puede apoyar el pasaje del sujeto en la urgencia a la urgencia del parlêtre. Nos encontramos aquí con un cambio de perspectiva.

Si en la perspectiva del sujeto se trata de introducir una pausa, en la del parlêtre se trataría de ubicar una oferta, de estar a la par de la urgencia de quien lo requiere. En este punto se trata entonces que el analista se haga partenaire, para que lo que en esa urgencia se engendra en la palabra, pueda ser leída en la vertiente de la verdad mentirosa. Estar a la par de la urgencia de quien lo requiere es también dejarse aspirar por el real de cada parlêtre.

2) Antecedentes
En Buenos Aires, en los años 80, un grupo de analistas de la orientación lacaniana bajo la dirección de Ricardo Seldes realiza una experiencia en la urgencia con los pacientes de los consultorios externos del Hospital Dr. Gregorio Araoz Alfaro.

En el año 2005 se funda P.A.U.S.A. (Psicoanálisis Aplicado a las Urgencias Subjetivas de la Actualidad) Centro creado por la Fundación del Campo Freudiano, la E.O.L. y el I.C.deB.A., para la asistencia, la docencia y la investigación. Los tratamientos que allí se ofrecen son de cuatro meses, pasando en primera instancia por una o más entrevistas de admisión. Se intenta en primer lugar ubicar la «urgencia subjetiva» que trae el paciente, la orientación del tratamiento está dirigida a que pueda subjetivar esa urgencia y que eso abra la posibilidad de una demanda de análisis. Observamos que en muchos casos, una vez resuelta la urgencia que trae el paciente, el tratamiento finaliza en la institución[6].

3) Clínica de la Urgencia

Angustia
En la época del Otro que no existe, enmarcar la angustia constituye una tarea fundamental para el analista.

La angustia ese afecto que no engaña, da cuenta del fracaso del Nombre del Padre, en la medida en que este es el operador mayor de la simbolización. Por otra parte, la angustia es la vía de acceso al objeto «a», a lo que no es significante, a lo real.

¿Qué es la angustia? Tal como lo señala Lacan «es lo que del interior del cuerpo ex –siste cuando algo lo despierta, lo atormenta»[7]. Tambien «…. es, precisamente, algo que se sitúa en nuestro cuerpo…»[8]

¿Cómo se presenta en la urgencia?
En nuestra casuística de PAUSA y también en las guardias de los hospitales nos encontramos con sujetos donde la dimensión de la angustia está presente en primera instancia. Sujetos que frente a una ruptura amorosa, la pelea con un hijo, la pérdida de la actividad laboral, o la desorientación, se precipitan al acting-out o al pasaje al acto.

En en el comienzo del Seminario X, Lacan hace un cuadro de doble entrada, intentando una definición más precisa de la angustia. En dicho cuadro, el pasaje al acto en el cuadro tiene un borde en la angustia y el otro (esencial) en el embarazo. Un significante en más barra al sujeto (momento de mayor embarazo del sujeto),produciendo una identificación al objeto a. Es desde allí que el sujeto se precipita fuera de la escena, en un dejarse caer (se laisser tomber) sin Otro.

El acting-out en cambio tiene un borde en la turbación o emoi. El sujeto se experimenta como a, pierde la referencia al significante.. Surge entonces un movimiento que apunta a constituirse como sujeto del significante. Hay en el acting una mostración («montrer sur la scene»), un llamado al Otro, un llamado a la interpretación, el problema es si esto es posible.

Es una cuestión que no es articulable por los significantes, pero es algo que está articulado en la estructura. La apuesta de Lacan es como el analista por su deseo podría volver a situar lo que ese sujeto es como objeto en el campo del deseo del Otro. Por eso no se trata de interpretación sino de lograr que se produzca una certeza de ocupar un lugar en el deseo del Otro. Poner en acto lo que Lacan llamaba «te deseo aunque no lo sepa» uno de las maneras que tiene Lacan de nombrar al deseo del analista

La continuación de este tema, mucho más articulado, la encontramos en el seminario R.S.I. Allí Lacan menciona la necesariedad de localizar lo real del Otro real. Otro real que hay que entender en la dirección de un máximo grado de alteridad. No es el Otro como sede de lo simbólico.

Del lado del analista se trata de pescar el punto real que está en juego en su analizante más allá de las identificaciones imaginaria y simbólica. Dicha localización, del lado del analizante, conlleva una certeza indecible de tener un lugar en el deseo del Otro.

Hay identificación en ese proceso de otro tipo. Es la identificación a lo real del Otro real que no se hace por piedad, ni por deber, ni por solidaridad. Esta indicación nos parece fundamental a la hora de recibir un paciente en acting.

Una pareja llega a la guardia de un hospital pidiendo por un psicólogo. La mujer dirá muy angustiada, que él la golpea fuertemente. Ella le ha puesto como condición que para continuar con el matrimonio, él debe consultar a un psicólogo. Ella tiene 49 y él 29 años.

La analista lo entrevista primero a él, dice que no sabe qué le pasa, por qué se pone violento con ella. Vive con su madre y con su mujer y dice que solo ha venido al hospital porque su pareja se lo pidió.

En la entrevista con la mujer, ella dice: «Me cuesta desprenderme de él, dejarlo, soy emprendedora y me tira todo abajo. De repente se descontrola, se quiere ir. Me pega fuerte, yo lo trato de contener pero se me escapa y me desespero. Lo conocí y me casé cuatro meses después. No me casé enamorada. No sé qué me pasa» «No sabe qué le pasa con él», se le señala «No sé si es amor o lo quiero ayudar o proteger» contesta

La analista le pregunta si tiene hijos, frente a lo cual responde: «Tengo un problema, pero eso no viene al caso» La analista le muestra interés por lo que ella dice.

Contará entonces que estuvo casada con un hombre 27 años. «Pasamos muchas cosas lindas y feas. Fui torturada. Él trabajaba para un político, lo amenazaron, huyó, yo estaba embarazada y me quedé, me amenazaron primero, luego me buscaron, fui torturada, perdí mi bebe, me vaciaron. Nunca a nadie le conté esto. Y agrega: mi padre, cuando algo no le gustaba me pegaba. La analista interviene : Hay algo que se repite, un hombre le pega, por un hombre es torturada.. Finalmente la sujeto concluye: «No sé porqué me castigo tanto –responde– estoy perdiendo todo. Tal vez yo tenga algo, me la busco. Necesito ayuda, ¿dónde podría tratarme? Es derivada a P.A.U.S.A.

Nos parece que el caso muestra como a partir de poder ubicar algo de su fantasma «ser pegada» se abre en el sujeto un pregunta por su goce «no sé porqué me castigo tanto» y una demanda de tratamiento. Si el riesgo en la urgencia es que el uso de la palabra se vuelva «cataplasma de sentido»[9], en este caso se apuntó en dirección a su insistencia de goce.

No queremos dejar de mencionar una modalidad actual en que se presenta la angustia: los «ataques de pánico» que pueden leerse desde lo que Miller llama la angustia constituyente, esa angustia laberíntica, sin límite, cercano a lo que Freud llamaba la «Hiflosigkeit» el desamparo.

En la mayoría de los casos los sujetos vienen pidiendo medicación.. A veces intentamos que vía la palabra la angustia sea ubicada como respuesta al Deseo del Otro y en otros buscamos vehiculizar ese «pánico» como signo de un goce deslocalizado.

¿Qué cuerpo en la urgencia?
Si hablamos de cuerpo viviente, es un cuerpo que está afectado por el goce. Goce entonces como un afecto del cuerpo. Se trata de ver desde qué incidencia el afecto de goce adviene al cuerpo. Pero debemos agregar también que el significante es causa de goce. Tenemos al final de esta perspectiva una clínica que toma como centro al síntoma como acontecimiento de cuerpo, Definir al síntoma como acontecimiento de cuerpo se deduce de que el síntoma es goce y ese goce pasa por el cuerpo: «Dejemos al síntoma en lo que es: un acontecimiento del cuerpo, ligado a lo que: se lo tiene /…/»[10]

El síntoma como acontecimiento de cuerpo conlleva la idea de que el parlêtre tiene un cuerpo, no es un cuerpo. El hombre tiene síntomas con los cuales ya no puede identificarse y será vía un análisis que el sujeto podrá al final identificarse con un síntoma.

En ese cuerpo suceden acontecimientos que dejan huellas, acontecimientos de cuerpo, acontecimientos de discurso. Esas huellas constituyen el síntoma en tanto haya un sujeto que pueda leerlas.[11]

¿Qué hace un analista con esto?
Una niña es traída a la admisión de P.A.U.S.A. por su abuela buscando un certificado para el jardín de infantes, para ser admitida en sala de 5 años. Presenta severas dificultades en la articulación de las palabras. La analista rechaza la demanda burocrática y cita a los padres a una nueva entrevista.

El padre dirá que no puede intervenir en la relación que tiene la niña con su madre. Menciona las dificultades de ambas para separarse. Por su parte, lo poco que la niña. habla es dirigido exclusivamente a sus padres. Su tono de voz es bajo y en la articulación que hace de las palabras predominan las vocales por sobre las consonantes. El efecto es de una jerga abebotada casi inentendible para un oído no familiar.

En el consultorio con la niña la analista le acerca una caja con muñecos. La pequeña agarra pequeños animales y los coloca encimados, uno al lado del otro. La intervención inicial del analista es juntar aun más a los pequeños muñecos hasta aplastarlos unos con otros con un gesto de fuerza exagerada, sin embargo sigue absorta en su tarea de pegoteo. Ambas, la niña y la analista, permanecen en silencio.

A partir de aquí, la analista irá aproximando su cuerpo al de la niña hasta que es ella la aplastada. La niña resiste el apriete en silencio e intenta seguir con sus muñecos. Hasta que finalmente, exclama con precisa claridad: «¡Salí de encima ya! ¡Me quiero ir a mi casa!» Finalizando aquí la entrevista y dándole entrada al dispositivo de P.A.U.S.A.

Esta última intervención podría pensarse como una perturbación de la defensa, operación diferenciada de la interpretación, entendiendo a la defensa tal como la define J.A. Miller en su curso La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, esto es como la relación subjetiva con lo real.

Otro caso
Un hombre de 35 años consulta porque su cuerpo tiembla. El tiene la certeza de estar loco. Su delirio erotómano lo aniquila.

De su padre dirá: «Cuando era chico yo lo deseaba mucho sexualmente a mi padre. Yo no lo sentía como un abuso y quería devolver la caricia. A los 4 años me metía en la cama con mi padre desnudo. El tenía una erección. Me dio vergüenza y temblé hasta que me quedé dormido». Advertimos que a sus 4 años frente al encuentro contingente con el goce, su cuerpo responde con el temblor.

A los 16 años, consulta al neurólogo por un temblor en todo el cuerpo. Sintió que enloquecía. Ese temblor aparece en ocasiones de encontrarse acostado en la cama con su madre.

La intervención analítica permitió a este sujeto sintomatizar un goce fijado en el cuerpo, «el temblor«. Ha aprendido a ser alertado por ese temblor que oficia de límite a la certeza de volverse loco. Cada vez que le dice a la analista que se está volviendo loco, ella responde: ¡Nada que ver! Eso lo mantiene a distancia del agujero y le dice que lo real miente. La certeza de volverse loco ha pasado a ser una verdad encarnada en el temblor del cuerpo.

En este caso podemos ubicar lo que se llama fenómeno de cuerpo: aquellos que se instalan de manera permanente constituyendo un «sin sentido encarnado»[12]. Fenómenos de cuerpo que bien podemos llamar sinthomes y que ordenan la vida del sujeto.

Finalmente, ¿De qué se trata en las Urgencias del Parlêtre?
Reinventar a un Otro que no existe. Causar un sujeto para que encuentre un singular camino de palabra después del encuentro con el traumatismo. Como dice Laurent[13] «El analista es un partenaire que traumatiza el discurso común para autorizar otro discurso, el del inconciente. /…/ Sabe que el lenguaje es un virus, y no puede reducir su posición a la de una dador de sentido»

Por último, retomando lo que planteáramos en la introducción, se trata de un asunto de formación del analista, que el analista haya hecho la experiencia de reducir el sentido del síntoma a la contingencia, y entonces será capaz de ocupar ese lugar insensato donde el sentido y el sin sentido se conjugan.

Como decía Francois Leguil en el año 1988 en Buenos Aires: «Se espera que el analista que se enfrenta con la urgencia no sea un hombre de vuelta de todo, pero si un hombre de vuelta de su propia «urgencia». [14]


  1. MILLER, J. A., «Lo real en el siglo XXI», en: El Orden Simbólico en el Siglo XXI, Argentina, Grama Ediciones, 2012, p. 425
  2. LACAN, J., «Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11», en: Otros Escritos, Argentina, Paidós, 2012, p. 601.
  3. LACAN, J., «Del sujeto por fin cuestionado», en: Escritos 1, Argentina, Siglo Veintiuno Argentina Editores, 1971, p. 58
  4. MILLER; J.A. Curso 2006-2007, clase del 15 de noviembre de 2006, Inédita
  5. LACAN, J., «Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis», en Escritos 1, , Siglo Veintiuno Editores Argentina, 1971, p. 63
  6. P.A.U.S.A. recibe setecientos pacientes anuales de los cuales un 30% continua su tratamiento una vez finalizado el tiempo institucional.
  7. LACAN, R.S.I, Clase del 17de diciembre de 1974 inédito
  8. LACAN, J., «La Tercera», en: Intervenciones y Textos 2, Argentina, Editorial Manantial, 1993, p. 102.
  9. MILLER, J.A., «Mas Allá del Narcisismo», en: El Lugar y el Lazo, Argentina, Paidós, 2013, p. 62
  10. LACAN, J., » Joyce El Síntoma», en: Otros Escritos, Argentina, Paidós, 2012, p. 595
  11. MILLER, J. A. y otros, Embrollos del Cuerpo, Argentina, Paidós, 2012, p. 110
  12. LAURENT, Eric, El revés del trauma en Virtualia 6, revista digital de la E.O.L., Argentina, 2002.
  13. LEGUIL, F., «Reflexiones sobre la urgencia» en: La Urgencia: El psicoanalista en la práctica Hospitalaria, Argentina, R. Vergara Ediciones, 1988, p. 28