«Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, más específicamente nuestra familia que nos habla. Este ‘nos’ debe entenderse como un complemento directo. Somos hablados y, debido a esto hacemos de las casualidades que nos empujan algo tramado. Hay en efecto, una trama, nosotros la llamamos nuestro destino.»
Jacques Lacan / 16-6-1975

Un rasgo decisivo del estado actual de la civilización occidental es que las familias se han modificado al ritmo del declive del padre: ampliadas, ensambladas, monoparentales, homoparentales… las familias incorporan en su seno las consecuencias de que el tradicional padre de familia ya no es lo que era. Esto es así, por más retoños nostálgicos o retornos fundamentalistas que pretendan convocarlo nuevamente, o servirse cínicamente de él.

De una forma o de otra nadie ha podido escapar hasta ahora de los asuntos de familia. Desde los encuentros y desencuentros causados por los deslizamientos del deseo humano, el lazo social encuentra en la familia un referente necesario donde hombres y mujeres advienen madres, padres e hijos –con sus desinencias– para fijar desde allí y en sus cuerpos las versiones singulares del malentendido entre los sexos, a partir de las respuestas de sus fantasmas inconscientes.

Tanto es así que los divanes analíticos registran hasta qué punto los que se echan en ellos no dejan de hablar de asuntos de familia; de ofrecer a sus analistas la oscura trama de lo que consideran sus destinos –trama que al desplegarse entre relatos, sueños y asociaciones, revela las contingencias de los acontecimientos vividos, transformados luego en necesarios al ser procesados por la substancia gozante que a cada cual anima–.

Las transformaciones de la intimidad afectan hoy a las familias; en nombre del goce de la mirada lo privado se vuelve público: el todo para ver-todo para mostrar se activa desde los múltiples gadgets que ofician de pantallas omnivoyeurs con los que los hijos se intercomunican. Es frecuente que los secretos más íntimos de una familia se revelen en las redes sociales para ser luego viralizados, en ocasiones fuera del control de sus padres (quienes, además, suelen ser sobrepasados por el vertiginoso avance tecnológico).

Por otra parte, si del padre como genitor siempre pudo dudarse, hoy las tecno-ciencias permiten poner entre paréntesis que la madre sea certisima. Además, las nuevas configuraciones familiares (que con las nuevas leyes de alianza y de género han pasado del padre de familia a las parentalidades) muestran que puede haber dos madres -o dos padres- para un hijo, pero además evidencian hasta qué punto se trata siempre de funciones que se distribuyen, más allá de los sexos implicados en el asunto (lo que no garantiza la ausencia de respuestas sintomáticas en hijos, padres y/o familias). Debemos destacar la importancia de considerar los efectos de la ciencia y de las técnicas de reproducción en las nuevas configuraciones familiares.

La construcción de la adolescencia –referida así por J.-A. Miller– requiere nuevos escenarios: las tribus urbanas son las micro-totalidades a las que los jóvenes suelen acudir para «reinventarse» luego del estallido del universo paterno, que hasta ayer (bien o mal) los cobijara. Es cada vez más frecuente la existencia de familias sin padre, comandadas por madres solas –que deben hacerse cargo de ellos–.

En este contexto los chicos malos (pobres o ricos) se presentan desafiantes de la autoridad, reemplazándola a veces por drogas y/o por armas con las que intentan hacerse un lugar en el mundo. Las clases sociales ya no alcanzan como concepto reunificador que dé cuenta de los acontecimientos; con los fenómenos de la globalización, las familias actuales atraviesan los diversos escenarios de la pos modernidad.

La violencia urbana y las segregaciones familiares presentan diariamente nuevas víctimas. La actualidad del femicidio, por ejemplo, ¿no es acaso un nuevo nombre de un viejo problema, que encontró la sanción legal que merecía, y que da cuenta del retorno impotente del padre/hombre cuando se acabaron los recursos simbólicos para soportar lo héteros en una mujer?

Jacques-Alain Miller tomó la cita del epígrafe para demostrar hasta qué punto Jacques Lacan –en la última parte de su enseñanza– se esforzó por destituir «el psicoanálisis basado en el Otro». Esto lo llevó a repensar la práctica del psicoanálisis no a partir del Otro, sino a partir del Uno solo. [1]

Refiriéndose a Jacques Lacan en su Seminario 24 [2] a propósito de Joyce, Miller invita a «no conformarse con ser hablado por su familia» sino, por el contrario, a «reconocer su identidad sinthomal»; concluye que «ser su sinthoma es librarse, después de haberlas recorrido, de las escorias heredadas del discurso del Otro«. Debemos resaltar que previamente había identificado al Inconsciente –al que llamaremos hoy transferencial– con el discurso de «la propia familia«. [3]

Los asuntos de familia cuando del analizado se trata, parecen encontrar su «destino» en una brusca reducción: separarse «de las escorias heredadas del discurso del Otro«.

Referirse a los asuntos de familia implica para nosotros interrogar las formas por las que cada uno ha intentado dar sentido a su propia existencia a partir del Otro. De ese modo se trata de pasar del Otro –considerado desde el inicio como causa culpable del destino del individuo– a la insondable responsabilidad de uno solo acompañado por su sinthoma.

Por ello, alojar los asuntos de familia en la práctica analítica implica dejarse enredar –el tiempo que sea necesario– por la serie de malentendidos edípicos en los que alguien se ha constituido, para colaborar a que se desembrolle de ellos al final de recorrido.

En este trayecto no sólo tropiezan los analizantes; los analistas también solemos enredarnos con los asuntos de familiaEl lapsus del acto analítico se nutre a menudo de estos asuntos de familia y convoca por esta vía al control de la práctica y al análisis del analista.

Sus enredos en la práctica, subtitulo de los Asuntos de familia, toma de este modo su valor de advertencia para el practicante del psicoanálisis.

A ellos nos dedicaremos en nuestro próximo ENAPOL VIII. ¡Los esperamos!


Notas

  1. A partir de lo que hay de absoluto en el sinthoma del Uno… Tiempo 2: síntoma-inconsciente-Destino//Tiempo 1: Sinthoma-Une-bévue-Azares. Miller, J.-A., El ultimísimo Lacan. Curso de la Orientación Lacaniana, Buenos Aires: Paidós, pp. 138-140.
  2. Lacan, J., Seminario 24, «L´insu que sait de l’une bévue sáile a`mourre«, inédito.
  3. «Porque el inconsciente es el discurso de los otros, del Otro, de nuestra familia…» Miller, J.-A., op. cit., p. 138.