Skip to content

¿Cómo se depositan las marcas de goce?

Inés Sotelo

El precioso trabajo ¿Cómo se depositan las marcas de goce? [cuyos relatores han sido María Teresa Russi (NEL) y Liliana Aguilar (EOL) y en cuya elaboración han participado colegas de las tres Escuelas de Latinoamérica: Álvaro Rendón (Guayaquil), Aurora Valladares (Ciudad de Guatemala), Caroline Quixabeira (Goiânia), Eugenia Destéfanis (Córdoba), Fernando España (Ciudad de México), Gonzalo Domínguez (Mendoza), Júlia Solano (Salvador), Katya Schwazenberg (Santiago de Chile), Marcela Di Bella (Tandil), Mônica Campos (Belo Horizonte), Nelson Matheus Silva (Recife), Sasha Santrovichi (Misiones)], comienza con una cita de Éric Laurent desprendida de la entrevista realizada por Raquel Cors Ulloa:

“…lo que sí sería necesario es que el analista pueda leer sobre el cuerpo del niño cómo se depositan las marcas de goce que ha recibido, que ha encontrado, que fueron escritas” (Laurent, 2021, p. 297).

En dicha entrevista, Eric Laurent indica aggiornamento para pensar estas cuestiones: la infancia, sus marcas de goce y por qué no el analista lector, partenaire de la época, con sus infancias y sus goces hoy.

En el trabajo se recortan tres S1: “insoportable”, “infancia” y “marcas”, para pensarlos en relación con el goce, con lo ilimitado en la sexualidad infantil y con las dos dimensiones de la infancia: por una parte, como aquel periodo que se atraviesa y, por otra parte, como aquello que nunca se atraviesa, que queda, que se deposita.

Leemos en el escrito que “Para interrogar lo insoportable partimos de un párrafo (…) en donde lo insoportable se articula con lo real, con lo infantil y con lo ilimitado: ‘El término “insoportable” acentúa el toque de real que debe ser reintroducido siempre, al considerar lo infantil. Lo insoportable en la sexualidad infantil es su relación con lo ilimitado. Por eso, su insuperable exigencia es siempre rechazada, así como la del goce llamado femenino (…)’”[1].

También, se preguntan ¿por qué este goce sería insoportable o, en todo caso, qué es eso que sería insoportable, que estaría en relación con lo ilimitado de este goce?

“Lo que Freud nos enseña de inicio es que el encuentro con lo sexual tiene el carácter de un mal encuentro. La sexualidad llega como una perturbación, como una exaltación, como un excedente y eso es lo que llamamos trauma y lo que J.-A. Miller elabora cuando recupera la expresión freudiana ‘excedente sexual’” (Freud, 1992/1896).

Esta tensión entre la sexualidad infantil y lo ilimitado del goce femenino, nos conduce a Lacan, que en “Lituratierra” (2012/1971), hablará de una localización de lo femenino “entre centro y ausencia”. Desbordada, sin límites, una alteridad que se envuelve a sí misma, alteridad que se desplaza más allá de todo limite. Sabemos que nada que aporte la esfera del falocentrismo, agota aquello que Freud llamaba “el enigma de la feminidad”. Entre centro y ausencia, entre el centro del falo y la soledad del goce femenino confrontado con su propia ausencia.

Una pregunta o cuestión que podemos poner a conversar en la sala, debido a su complejidad, es acerca de esa tensión que señalan y que invito a desplegar. ¿Podemos pensar ese infantil que se articula con lo femenino como aquello de lo traumático que el Edipo no alcanzó a modular?

En el trabajo, tomando el testimonio “Doble condena”, de Helene Bonnaud, sitúan que, a partir de esa palabra (materna, paterna), que repercute en todo el cuerpo, queda un elemento inhistorizable, a partir del cual ella puede atrapar Otro goce.

¿Cómo pescar en el relato de lo traumático que trae a un sujeto a la consulta con el analista, esas marcas tempranas, ese real traumático, anudado con palabras e imágenes, transformadas hoy en texto devenido demanda? Del grito al llamado, si hay Otro que acuse recibo, dirá Miller en Los signos del goce (Miller, 2011).

¿Dónde está el trauma? ¿En el acontecimiento infantil o en el encuentro con  lo real, hoy devenido texto, es decir, el llamado?

Las marcas de goce

Partimos de una afirmación: una marca es un trazo indeleble, es decir, una escritura. J-A. Miller recupera un término lacaniano para definir lo que es una marca de goce: “‘Estigma”. Es un término que designa y evoca el término trauma y, al mismo tiempo, es el punto de fijación (Miller, 2019). El niño vive en el cuerpo hablante a través de las marcas de goce que se hacen presentes en la repetición. Pero, ¿por qué la marca provoca la repetición buscada? ¿Por qué lo que se busca es lo que la marca, marca la primera vez? (Lacan, 1966-67, p. 37).

La precisa referencia de JAM, conduce a establecer en el trabajo que, en realidad, nos defendemos del excedente, del exceso, del mal encuentro con lo sexual, a la vez que allí está el sujeto, repitiendo, en esa búsqueda de la primera marca. Troumatisme. En el Seminario 21 (1973-74), Lacan afirma que todos inventamos un truco para llenar el agujero en lo real: donde no hay relación sexual, el sujeto inventa.

Leer lo insoportable de la infancia

Los tres ejes que nos planteamos –lo insoportable, lo infantil y las marcas de goce– tienen, cada uno, su especificidad, pero tienen también un factor común: el trauma. En este sentido, si “hablar con el niño es hablar con el trauma”, tal como lo propone Irene Kuperwajs (2025) en los textos preparatorios, podemos seguir esa línea y decir que hablar con el niño es hablar con las marcas de goce y, también, que hablar con el niño es hablar con lo que para cada quien resultó insoportable.

Los testimonios que el trabajo nos trae dan cuenta de esas palabras que marcan, que exceden, que conmueven, insoportables, pero, sobre todo, de la respuesta de goce que el sujeto da, vía el síntoma. El “no sé” de Débora Rabinovich, que se fija como síntoma, da cuenta del encuentro contingente con la sexualidad, con lo oscuro, inatrapable de ese goce que toca el cuerpo y “fractura”.

El punto que invito a conversar en la sala, ante la pregunta ¿Cómo se depositan las marcas de goce?, es el de pensar el estatuto del consentimiento del sujeto, que responde con el síntoma y la repetición.

Este trabajo, acompañado por la entrevista a Éric Laurent, es una invitación, también, a leer las infancias hoy, las marcas de goce, ese trazo indeleble, esa escritura que evoca el trauma, siendo, al mismo tiempo, punto de fijación.

Al leer las infancias en las consultas hoy, el analista cuenta con esa brújula extraordinaria, de “Los paradigmas del goce”, propuestos por JAM (2011a). Los tiempos del Otro que no existe, de la caída de los relatos y de la función paterna, del arrasador predominio de la imagen, del lugar del saber ubicado en un chat o en un teléfono, nos exigen el aggiornamento, leer la actualidad del trauma, los síntomas actuales, el “sujeto que está allí donde está el niño”.

Concluyo invitando a conversar en esta mesa acerca de las infancias que se atraviesan hoy, así como lo que queda de esas infancias que nunca se abandona y llega a nuestros consultorios, con edades diversas, pero marcadas por el modo en que la época vivió, vive la pulsión.


 

Referencias bibliográficas

Freud, S. (1992). Carta 46, de 1896. En Obras Completas, Vol. 1. Buenos Aires. Amorrortu.

Kuperwajs, I. (17 de marzo de 2025). Aprender a hablar con eso. Texto presentado en la Introducción al tema del XII ENAPOL: Hablar con el niño. https://enapol.com/xii/es/aprender-a-hablar-con-eso1/

Lacan, J. (1966-1967). Seminario 14: La lógica del fantasma. Inédito.

Lacan, J. (2012). Lituratierra, de 1971. En Otros escritos. Buenos Aires. Paidós.

Lacan, J. (1973-1974). Seminario 21: Los incautos no yerran (Los nombres del padre). Inédito.

Laurent, E. (julio de 2021). Lo insoportable de la infancia. Entrevista realizada por Raquel Cors Ulloa. Bitácora Lacaniana. Revista de la Nueva Escuela Lacaniana(9).

Miller, J-A. (2011). Los signos del goce. Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller. Buenos Aires. Paidós.

Miller, J-A. (2011a). La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, 1998-1999. Buenos Aires. Paidós.

Miller, J-A. (2019). Causa y consentimiento. Los cursos psicoanalíticos de Jacques-Alain Miller. Buenos Aires. Paidós.

[1] Párrafo propuesto por la comisión organizadora.