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El inconsciente fuera de tiempo

Fernando Vitale

Lo eterno infantil, como título de esta conversación, me pareció un verdadero hallazgo porque en su intrínseca equivocidad, me evocaba en primer lugar algo del orden del oxímoron en tanto articula una expresión que alude a algo cuya existencia se encontraría  fuera de la dimensión del tiempo (lo eterno), con otra que sin duda nos remite a una categoría eminentemente temporal ya que la utilizamos  para describir un determinado periodo de la vida a la que nombramos como lo infantil.

También podríamos ponerlo en serie con el witz borgeano quien como todos saben, tituló a uno de sus libros como Historia de la eternidad…

Dicho equivoco resulta apropiado entonces para acercarnos a los enigmas del tiempo que la noción de inconsciente introduce en nuestra práctica.

El trabajo de Marcela Molinari y Carolina Puchet, interroga esta cuestión con mucho detalle: ¿qué fue lo que llevó a Freud a postular al inconsciente como algo que se situaría fuera de la dimensión del tiempo?

Lacan  se interrogó acerca de esta misma cuestión desde el inicio mismo de su enseñanza, y como lo señala la cita elegida por la Comisión científica para introducir esta conversación, va a plantear que no es nada fácil dar con dichas razones ya que seguir su pista nos lleva muy muy lejos -nada más ni nada menos- que a los problemas del tiempo que supone la práctica analítica.

Mi conjetura es que tan lejos lo llevó a Lacan esa cuestión, que será recién al final de su enseñanza, como lo ha planteado Jacques Alain Miller,  cuando Lacan considera que cuenta con los recursos conceptuales para abordar tan enigmática cuestión.

Lo que marcela y Carolina sitúan de entrada,  es que Lacan no comienza su indagación planteando al inconsciente como fuera de tiempo, sino intentando precisar cuál es el tiempo particular que la experiencia del inconsciente introduce en nuestra práctica. La pista inicial que van a tomar, es partir de lo que Freud nombró como nachtraglich y Lacan como apres coup.

Eso sitúa claramente al inconsciente en relación a la historia, pero subrayando de entrada que no hay que confundir ingenuamente a la historia con el pasado puro y simple. Lo que Lacan va a precisar, es  que la historia no es el pasado en sí, con lo que tiene de ya vivido, sino el pasado tal como es historizado, es decir, reescrito en el presente de la experiencia analítica y es por eso que las colegas subrayan que para Lacan el tiempo verbal más adecuado para dar cuenta de esa operación, es el futuro anterior o futuro perfecto,  el del tiempo del habrá sido.

Podemos decir entonces, que eso que nombramos como el inconsciente, fue la conjetura necesaria forjada por Freud para dar cuenta -nada más ni nada menos-  que de la particular relación que se entreteje en nuestra práctica entre la dimensión de la causa y la dimensión del tiempo.

Es claro que en un análisis, la historia en cuestión es la historia de la causa y lo que Lacan precisa, es que la temporalidad en juego que articulan las nociones de nachtraglich y apres coup, no es otra que la temporalidad propia de la cadena significante misma. Lo que la noción de cadena significante demuestra, es que la producción de la significación resulta siempre a posteriori e implica por lo tanto el entrecruzamiento de dos líneas de tiempo de sentido contrario. Es con esa célula basal con la que Lacan construirá su famoso grafo.

Es esa estructura temporal la que permite ver con más claridad, la causalidad retroactiva que está en juego en la teoría de las dos escenas que Freud postula como necesarias para explicar la efectividad del trauma.

No hay que olvidar que la famosa teoría de las dos escena del trauma  es el corazón mismo de la idea del inconsciente como causa. Es siempre por una segunda escena que la primera habrá sido causa, aunque sabemos que en el fondo, dicha primera escena, nunca quede más que supuesta e imposible de hacer advenir a la rememoración. Para Freud, todo lo que aparezca en su lugar no tendrá otro estatuto que el de recuerdo encubridor.

Ahora bien, lo que las autoras subrayan, es que esa particular dimensión temporal en juego en el inconsciente, condujo a Freud a la constatación de un efecto particular.  Cada nuevo hallazgo que se va produciendo en el desarrollo de un análisis, produce el efecto de que ya estaba escrito en un enigmático pasado al que llamamos infantil. Pero ese es un pasado muy pero muy misterioso…

Las autoras se animan a interrogar, ¿ese pasado es real, o es algo que se crea, se inventa en la experiencia analítica misma?

Para Miller, tal como lo plantea por ejemplo en La erótica del tiempo, ese es un efecto propio de la transferencia analítica.

Es el  analista en tanto encarna la función del S.s.S, el que produce como efecto que a medida que el desciframiento de la causa se produce en el vector que progresa, sea proyectado al mismo tiempo sobre el vector que retroactua,  constituyendo al inconsciente como un ya allí, como un destino, como un saber ya escrito que toma la forma de la necesidad lógica. Es ese saber que se deposita en la experiencia, el que introduce la dimensión de lo que denominamos lo eterno infantil.

La pregunta que me hace plantear el trabajo de Marcela y Carolina, es la siguiente:  ¿es lo mismo lo eterno infantil, que el inconsciente  fuera de tiempo?¿ es la misma la zona la del eterno infantil que inscribe sin duda al inconsciente transferencial, que lo que al final del texto las autoras colocan bajo la órbita de lo que llaman lo inanalizable del trauma y que resta rebelde a cualquier historización y a cualquier inscripción en una legalidad por más lógica que se la conciba?

Si es así, cuando decimos hacer hablar al niño y dar la palabra a eso que habla en cada uno como escuchamos en los trabajos que se presentaron ayer, ¿no es en realidad -como va a plantear Lacan en el seminario 19, darle la palabra al Uno mismo en su bifidez irreductible, el que fue a indagar en el Parménides de Platón -ese que a la vez es cierto y no es cierto que se sitúe fuera del tiempo- esas dos caras de ese Uno a las que Miller explora durante un año entero en su curso sobre el ser y el Uno?

Para concluir entonces, pero si esto es así, ¿no nos pone al rojo vivo la reconsideración tanto de eso que llamamos la transferencia como de la efectividad de la interpretación analítica misma?

Muchas gracias.