La devastación de la palabra: ¿Hemos pasado la raya? La devastación de la naturaleza humana
Alejandra loray
Una de las cosas que pensé al leer el título el texto fue la relación con el tema de nuestro ENAPOL, Hablar con el niño.
Me di una respuesta, seguramente hay otras. En la cita de Freud que está como introducción habla del reino de la fantasía dentro del alma como un parque natural, una reserva donde todo, hasta lo inútil o dañino, puede pulular y crecer. Este reino de la fantasía, heredero del juego infantil –si seguimos a Freud–, es ya una defensa y velo a lo indecible del traumatismo de la lengua, y lo construimos, cada uno de nosotros, en el universo de la palabra en que nos criamos, tras el está lo que escapa al lenguaje. Por eso la palabra (lenguaje, cultura, familia…) es aquello con lo que construimos la fantasía y al niño, “lo niño”, lo infantil sobre lo que armamos nuestra trama.
¿La naturaleza es humana?
Sigo con esto la interrogación primera del texto.
Creo que según la acepción que demos al término varía nuestra respuesta. De modo infantil, acudí al diccionario de la RAE que es como el oficial de la lengua castellana a buscar la palabra naturaleza, y dadas las características de este encuentro quise hacer lo mismo con el portugués, le pregunté a google qué diccionario consultar, (desde ya me disculpo con los amigos brasileños por los errores que pueda tener por ignorancia). Google me dijo Priberam, Caldas Aulete y Houaiss de Brasil. Cuando lo estaba haciendo me di cuenta que estaba ya de lleno en la naturaleza humana, el universo de la lengua, las lenguas y el malentendido. Debo decir que hay coincidencia en las definiciones de ambas lenguas y de esta búsqueda inútil tomo 2 acepciones:
Una remite a lo creado, el mundo físico, los seres del reino animal y vegetal, la condición del hombre antes de la civilización. En este sentido la expresión naturaleza humana sería un oxímoron. Es una contradicción pues en psicoanálisis sabemos que el lenguaje produce en el viviente la pérdida del [mítico] estado de naturaleza. Esta acepción refiere a la naturaleza que estudian las “ciencias naturales”, al mundo sin intervención humana y el hombre que corresponde a ella sería el “buen salvaje” de Rousseau (heredero de la edad de oro de los griegos, Hesíodo) antes de ser corrompido por la civilización y sus maldades. Podemos decir que no hay para los seres hablantes tal estado de naturaleza, ni tampoco el buen salvaje pues por poco que seamos mordidos por el lenguaje, a través del auxilio imprescindible del Otro sin el cual estamos condenados a morir, ya somos seres hablantes.
Sin embargo, naturaleza es también la condición, lo característico, en este caso, las propiedades y caracteres propios de los seres humanos. Desde esta perspectiva en la naturaleza humana se trata, como ha desplegado JAM, del cuerpo hablante, que conjuga –como puede– el cuerpo de la biología, afectado por el lenguaje y habitado por el goce. Aquí ya no hay oxímoron ni contradicción, sino la definición de lo humano.
Pasar la raya y arrasar
En el Seminario 7 Lacan habla de dos barreras que detienen frente al goce innombrable –¿sería esta la raya que no conviene cruzar?–, [tener en cuenta la concepción del goce a esta altura en la enseñanza da Lacan, el goce imposible].
Estas barreras son la del bien “articulada … en su relación con la Ley” (p. 267) y más allá, la última, “La verdadera barrera que detiene al sujeto ante el campo innombrable del deseo radical, en la medida en que es el campo de la destrucción absoluta […] porque lo verdadero no es demasiado bonito de ver que lo bello es, si no su esplendor, al menos su cobertura” (p. 262). Traspasar estas barreras sería una transgresión, ¿podríamos decir un pasaje al acto, o un acto en el caso de un fin de análisis, y en ciertas condiciones, como testimonian los AE?
Lo humano requiere pues, algún modo de defensa ante lo real, un límite que no es moral sino ético: no pasar la raya. Antes “la naturaleza era el nombre de lo real… a tal punto que todo orden en lo humano debía imitar al orden natural” (JAM “Lo real en el siglo XXI”),[1] sin embargo, el discurso de la ciencia y el discurso capitalista destruyen “la estructura tradicional de la experiencia humana”.[2] “Capitalismo plus ciencia se han combinado para hacer desaparecer la naturaleza, [3]
Tal como leyó Lacan en 1960 “…el discurso de la física, engendrado en la omnipotencia del significante, confinará con la integración de la Naturaleza, o su desintegración”.[4] Vemos esto en el planeta devastado por la explotación económica sin límites, las construcciones, una tierra arrasada donde es inviable la vida humana. Se trata de la eliminación de cualquier rastro de naturaleza, y por lo tanto la “desnaturalización” de lo humano.
La naturaleza humana y la inteligencia artificial
Un ejemplo de esta desnaturalización y al alcance de la mano de todos es la IA, acumulación de información con aspiración a ser total, pura combinatoria simbólica que elimina el goce y las pasiones. Puede escribir textos, tesis, ofrecer psicoterapia y aconsejar las 24 hs del día, todos los días. No hay preguntas por hacerse: ¿Por qué no me dice nada? ¿me dijo tal cosa, qué me quiso decir?
Régimen sin pérdida ni falta, un Otro de la demanda siempre disponible, que elimina el régimen del no-todo, y también la contingencia y la sorpresa. Es un lenguaje
que responde a la demanda del usuario cuando conoce nuestro algoritmo. ¿Podría/podrá el psicoanálisis estar a salvo? Ya en “Función y campo…” Lacan explica la diferencia entre la comunicación humana y la de las abejas, y entendemos que lo que no pueden estos bichitos (y otros) es fingir-fingir, responden al algoritmo del instinto –si puedo decirlo así–. ¿Puede la IA escuchar y responder como un psicoterapeuta? entiendo que sí. ¿y cómo un psicoanalista que se orienta por lo real? ¿Qué haría frente al lapsus, o al silencio? Podemos probar… Cómo entendería lo que Freud planteaba en 1905: “Dos judíos se encuentran en el tren. “¿A dónde vas?” pregunta uno de ellos. “A Cracovia”, responde el otro. “¿Ves lo mentiroso que sos –salta indignado el primero.-. Me dices que vas a Cracovia, para que yo crea que vas a Lemberg. Cuando en verdad vas a Cracovia. Entonces, ¿para qué mientes?.”[5]
No se trata solo de la verdad y la mentira, sino de palabras, ficciones y goce. No es la palabra como concepto (diccionario) sino la que resuena para cada uno y repercute en el cuerpo [Caetano Borges luna] esa que puede hacer sonar otra cosa que el sentido [Lacan, sem. 24] Se trata del cuerpo hablante, de la palabra que puede tocar el goce, el verdadero problema.
¿Qué sujetos producirá esto?
Guiados por la IA, ¿Será el resultado el que anticipó Huxley en Un mundo feliz? ¿O Black Mirror? Seres programados, condicionados como los perros de Pavlov que pueden resetearse, reprogramarse y … usar fármacos para tratar lo que resta: lo “indomeñable” de la pulsión.
Nuestra concepción del sujeto, por devaluada que esté la palabra, es que esta “conserva el valor de tésera (de pacto)”,[6] con lo humano y el valor del síntoma, como respuesta de lo real, allí donde el psicoanálisis puede intervenir.
La ley de la naturaleza puede ser previsible —esta es tarea de la ciencia. Lo real sin ley no es previsible —esta es tarea del psicoanálisis,[7] porque esa es la dimensión de lo que escapa al algoritmo, de lo que no se puede anticipar y sucede por sorpresa, es a lo que no renunciamos, parafraseando a Galileo diría eppur si muove.[8]
[1] JAM Lacaniana 13, pp. 88-89
[2] JAM, Lo real en el siglo XXI, lacaniana 13, p. 87
[3] JAM, IBID.P 92
[4] Lacan, sem. 7, p. 284
[5] Freud, el chiste, 1905
[6] Lacan, función y campo
[7] Bassols. La ley de la naturaleza y lo real sin ley
[8] «Eppur si muove» es una frase italiana que significa «Y sin embargo se mueve» y se atribuye a Galileo Galilei, quien supuestamente la murmuró tras abjurar de la teoría heliocéntrica ante la Inquisición en 1633