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LALENGUA DESENCADENADA – 2ª LECTORA

Silvana Di Rienzo – NEL

El título de la conversación que nos reúne hoy aquí “Lalengua desencadenada” me recordó una frase del lunfardo, este dialecto argentino inventado por los inmigrantes de distintas lenguas a finales del siglo XIX para poder comunicarse entre sí, pero que conservaba en la invención cierta resonancia de la lengua materna. El dicho del lunfardo que me evocó el título es: “se le soltó la cadena”, que se refiere a que alguien está fuera de sí, evoca lo irracional, el sin sentido, cuando se ha perdido la cordura.

Bien, el texto “El germen pulsional y lalengua” transmite de una forma muy precisa sobre “eso” que no se puede “soltar” porque nunca se encadenó. Que es heterogéneo a la cadena. En cierto sentido incluso diría que posibilita la cadena por las elucubraciones de saber que “eso” suscita, y, también podríamos decir que “eso” que nunca se encadenó no es sin la cadena, pensando en el “baño de lenguaje” vehiculizado por un deseo, no anónimo, que incluso antecede nuestra llegada al mundo, pensando en esas palabras dichas por el Otro que como ruidos sin sentido resuenan afectando el cuerpo.

Propongo para esta lectura partir de algunos conceptos extraídos del texto que dan la pista de la complejidad de la que se trata cuando se apunta a “Hablar con el niño” en la experiencia de un análisis orientado por lo real. El texto recorta el filo de la letra freudiana a la luz de la última enseñanza de Lacan y la depuración y reorientación operada por Lacan en este proceso que comporta una importancia crucial para nuestra práctica.

Parto de la referencia a la carta de Freud a Fliess de 1899 en la que leemos: “A la pregunta por lo que ocurrió en la primera infancia, la respuesta reza: Nada, pero había ahí un germen de moción sexual”, esta cita nos acerca a eso de lo que se trata. Uno del goce, acontecimiento de cuerpo expresado en términos de choque pulsional en Freud. Agujero de la existencia, la Nada que menciona Freud en su carta, y el germen del “goce que hay”, en exceso.  Estado inicial vacío de sentido y de ser, que es sacudido por un impacto que resuena en el cuerpo sin palabras para ser nombrado.

La palabra “germen” da la dimensión acertada de lo que se trata, en sus dos acepciones según el diccionario de la RAE, por un lado, en tanto principio u origen, agregaría que preludia al parletre, principio u origen, pero con una temporalidad lógica particular que no se inscribe en la cronología, en la diacronía sino en la sincronía. Por otro, como agente patógeno, que resuena a la referencia que hace Miller en su curso “Los divinos detalles” del texto freudiano “El malestar en la cultura”, cuando dice: “hay algo que vuelve al hombre incapaz de una satisfacción completa, hay algo podrido en el reino del goce”. Mal encuentro inevitable del humano con la sexualidad. “Germen en el que bulle una energía que se distribuye en el cuerpo sin ley, oleadas pulsionales que desbordan en aparato”.

La sexualidad traumática desveló a Freud y en su obra da cuenta de las marchas y contramarchas en su búsqueda de respuestas, sin embargo, la cita de la carta a Fliess ya contiene una clave de lectura, no se trata de lo que aconteció en la realidad, ¿qué pasó en la infancia? no pasó nada. De lo que allí se trata no concierne a un suceso que pueda ser relatado porque la infección del germen se produce sobre la nada, pero no es sin efectos.

Este inevitable encuentro traumático con lo real sin ley, fuera de sentido, deja sus marcas, innombrables por la lengua común, iniciando el impacto de lalengua sobre el ser hablante. Marcas descadenadas que no se enlazan con nada, “elementos Unos que no se articulan…enjambres que zumban perturbando el cuerpo” en su materialidad sonora de letra que captura el cuerpo en su extrañeza y carencia de sentido. Acontecimiento de cuerpo inaugural, efecto del encuentro de dos materialidades, la materialidad sonora del significante y el cuerpo biológico, siendo el sonido en sus resonancias lo que hace vibrar, gozar, al cuerpo. Sabemos cómo Lacan propone nombrar lo que nace de ese encuentro, es el parletre.

El texto nos conduce circunscribir el recorrido iniciado por Lacan en el Seminario XIX,  que culmina al final de su enseñanza, en el que comienza a delinear un nuevo eje al dirigirse, no ya al Otro y al ser en su fugacidad, sino al Uno, al Uno solo, como marca originaria, indeleble, que funda la existencia. Lo que tiene una crucial importancia ya que marca un punto de inflexión para pensar la práctica, la interpretación, la transferencia, el final de análisis, con efectos que aún hoy nos siguen interrogando. En la experiencia de un análisis partimos entonces del lenguaje, pero orientados por lo real en la lectura de los jirones de goce en su resonancia que iteran en el discurso.

El texto nos presenta con exactitud estas dos dimensiones que se dan sincrónicamente a partir del acontecimiento inaugural, la sustancia gozante, goce Uno y el agujero, el exceso y el vacío.

No es de extrañar que cuando se intenta decir o imaginar algo sobre este encuentro inaugural abundan comparaciones con lo real de la naturaleza, el Big Bang, potente explosión y la succión del agujero negro al silencio inanimado y oscuro. Un tsunami, la ola que golpea y arrasa y el vacío que se genera por el agua extraída para la formación de la ola. Los efectos de un terremoto, la energía poderosa que golpea la tierra haciéndola temblar y el agujero que deja el derrumbe. En fin, torpes intentos de imaginar lo que no puede ser dicho, tal como lo transmite el texto, en palabras del testimonio de Carolina Koretzky: “Ninguna palabra, ninguna imagen podrá restaurar el momento preciso y exacto en que las palabras encontraron el cuerpo”.

Punto de intersección del texto “El germen pulsional y lalengua” y el título que orienta este XII ENAPOL, ya que “Hablar con el niño” es hablar con el trauma, es hacer hablar en sus resonancias al cuerpo pulsional y al inconsciente hecho de lalengua, apuntar a la letra que va al vacío de lo innombrable, nombrándolo sin embargo de algún modo en su materialidad vacía de sentido. Los extractos de los testimonios de AE compartidos en el texto dan cuenta de ello. Sin embargo, para llegar allí, siguiendo a Lacan, “hay que sudar” surcando los mares de “todo lo que se inventa como respuesta a lo real: el fantasma, el síntoma…», leemos en el argumento.

Y para eso no hay un manual, una guía de instrucciones ni un método estandarizado sino una orientación, orientación por lo real que se desprende de la última enseñanza de Lacan y que nos hace seguir hablando, y escribiendo, en el intento de cernir algo de “eso” en la singularidad de cada caso.