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Mackling Limache Casabona

Mackling Limache Casabona

La alegría, o para hablar mi lenguaje, el gay
saber, es una recompensa de un esfuerzo
continuado, atrevido, tenaz, subterráneo, que, a
decir verdad, no es para todo el mundo
”.[1]

 

Inmediatamente leí el título del texto trabajado por este grupo de investigación, me surgió la pregunta: ¿Qué afinidad posible entre el goce y la alegría?

En nuestra práctica, la del psicoanálisis, escuchamos con mucha frecuencia frases como: “partimos del sufrimiento subjetivo”, “damos un lugar a la palabra del sujeto”, “escuchamos la urgencia y la hacemos resonar”, -entre otras-, ciertamente con mucho valor, pero afín a cierta desdicha inicial desde donde empezamos a operar, por supuesto, que no nos quedamos con el sufrimiento ni sus atolladeros, nos deslizamos del sentido al goce en juego. En tanto analistas no ofrecemos consuelo, perdón ni alguna benevolencia a quien toca el consultorio y decide hablar, por el contrario, nuestra práctica está tomada, más bien por cierta inhumanidad, hay una frase que me impactó cuando la leí: El analista no es un sádico, es inhumano. No goza en su acto, pero tampoco pierde la oportunidad de hacer existir al psicoanálisis.[2]

Cito el recorte elegido para la investigación:

“[…] Freud sintió que debía reintroducir nuestra medida en la ética por medio del goce […] ¿Y no es tratar de actuar con ustedes [en ese sentido] […] dejarlos con la pregunta: ¿qué alegría encontramos en eso que constituye nuestro trabajo?”[3]

Este recorte que eligieron y los puso al trabajo, brinda algunas perspectivas que resaltaron en el texto: el entusiasmo, la ética, el deseo del analista y la transmisión, en su relación con el saber y la operación sobre el goce, recojo algunos planteamientos:

  • Lo que el analizante puede alcanzar a saber: “el real con el que tropieza.”
  • Lo que el analista debe saber: “su lugar en el discurso analítico.”
  • Lo que se juega en la transferencia, “del sujeto supuesto saber a encarnar el objeto a”

Pero el texto, se desliza un poco más allá… cuando plantea: el bien decir no ignora lo que surge como imposible. Miller en su texto “A propósito de los afectos” dice: la ética del bien-decir consiste en cercar, en encerrar, en el saber, lo que no puede decirse. Es decir, no solamente no lo ignora, sino que es vital que eso imposible sea su marco, franqueando así la impotencia del sentido. Hay una cita muy conocida de Lacan en la Proposición, que va en la misma vía: lo no sabido se ordena en el marco del saber. Si podemos decirlo, es un estatuto del saber distinto, un saber que se funda en el bien-decir de lo que no hay. Ayer tuvimos una mesa del Pase, y se hizo la transmisión de un bien-decir sobre eso que no hay, pero que, en virtud del recorrido analítico hasta su fin de análisis, puede transmitirnos las ficciones y fixiones, es decir cómo se las arregló con ese real, hasta la invención del sinthome, incluso habló sobre aquello incurable de su propio caso que insiste, pero que ahora advertida del impasse hay una relación distinta con esos “fundamentos neuróticos”.

En el texto se preguntan: ¿Cuál es la alegría de nuestro trabajo?

Y uds. se contestan: “Puede tratarse de una alegría que no desconoce la castración ni la ética del bien decir…

Lacan en Televisión, evoca el entusiasmo del fin de análisis. Entusiasmo por ser posibilidad de gaya ciencia o saber alegre.[4] En ese sentido, este saber toca lo real, Miller va a llamarlo incluso: la alegría lacaniana, porque da lugar al goce en el ejercicio del saber.[5]

Me parece importante ubicar la alegría en tanto afecto que toca a lo real, afecto que -incluso- conmociona el cuerpo y no está ligado al plano de las emociones, ciertamente hay toda una “teoría de las emociones” y una oferta de adecuación y reeducación de las emociones, Lacan por el contrario circunscribe el afecto hacia las pasiones del alma.

No hacemos un elogio a la alegría, porque sabemos que, si lo tomamos con la seriedad que corresponde, es un campo que se conquista en la experiencia analítica.

Me surgen algunas preguntas, tomando también en cuenta el eje en el que está inscrito la investigación: “El quizá del niño y su locura”.

  • Si el deseo del analista es un tratamiento a la patología neurótica del ser del analista, ¿Qué relación entre el deseo del analista y el saber alegre?
  • Mito y saber en el niño. Como pensar la a función de la ficción en el relato infantil, la satisfacción que se extrae de esta construcción, y su relación con el dispositivo analítico.

Defensa de la alegría – Mario Benedetti

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.


[1] Lacan, J. Seminario 14.

[2] Sobre la rudeza o dulzura del psicoanalista. https://redpsicoanalitica.org/tag/experiencias-del-analisis/

[3] Lacan, J. “Alocución sobre las psicosis del niño”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 389

[4] Miller J.A., A propósito de los afectos, Matemas II. Pág 163

[5] Íbid.