Isolda Arango-Alvarez
NEL-Miami

¿Cómo concebir una imagen que ciertamente no remita a ninguna representación? Si bien el significante ha cedido lugar a la imagen y ahora son las imágenes las que se ofrecen y son tomadas como coordenadas identificatorias, ¿no hay ya en este tratamiento algo de lo simbólico entrampado? Ciertamente, la proliferación de imágenes desplazó a la proliferación significante. Sin embargo, estas imágenes parecen cumplir una función que era cumplida por el significante, en la medida en la que sirven a la búsqueda incesante del parlêtre de una identidad, identidad que ha sido y será siempre vacilante. Igualmente hay casos en los que ciertas imágenes sirven como punto de anudamiento o des-anudamiento.

Las marcas en la piel no son un fenómeno nuevo. Durante la historia estuvieron en función de ritos y tradiciones, siempre vinculadas a algún simbólico que les servía de marco. Bien sea vinculadas con movimientos políticos, símbolos religiosos, como marcas de transición del joven a la adultez o como marca distintiva de una tribu o clan, pero solían estar vinculadas con un aparato simbólico que les daba sentido. Las marcas no eran solamente marcas, indicaban una significación más allá de la marca misma.

En el caso de la neurosis, el Self- injury se presenta como una solución fallida a problemáticas “típicas” de la adolescencia, donde el superyó en su imperativo feroz deja, literalmente, marcas en la piel. Autolesionarse entonces vendría a ser uno de lo tratamientos posibles y contemporáneos a la angustia. Uno de los tratamientos posibles a la no relación sexual y al enigma de la feminidad a la que no hay quien no quede expuesto.

Miller señala en La ultimísima enseñanza de Lacan[2], a lo real como el tercero necesario para establecer una mediación entre lo simbólico y lo imaginario. Sin embargo, al parecer estos cortes literales en el cuerpo que funcionan para cortar la angustia que ha surgido a parir del “rompimiento con un novio” o “el sin sentido de la muerte del padre en un accidente de tránsito” (dichos de pacientes) están más bien anudados en un empalme real-imaginario, donde vía lo imaginario del cuerpo se intenta tramitar un real insoportable. El corte en el cuerpo opera como corte de la angustia que ha generado la emergencia de un real.

A partir de varios casos de chicas adolescentes que consultan por “hacerse cortes en la piel”, surge la pregunta por la función –si es que la hay- de la imagen de estas marcas. Estas chicas no ofrecen esos cortes a la mirada del Otro, solo de algunas otras (amigas), evidenciando que algo de la identificación histérica esta en juego. Resguardan estas marcas como un tesoro; la imagen de la piel cortada queda destinada a la intimidad de ese cuerpo, a la mirada propia en un momento de intimidad y privacidad; bien sea en el momento de producirse otro corte o bien sea cuando simplemente se les mira. Las pacientes relatan establecer cierta relación con estos cortes aunque sea solamente en función de esconderlos. ¿Son estos cortes un intento fallido de establecer un límite al estrago materno?

En este contexto, cuando se trata del Self-Injury ¿qué función podría cumplir la imagen de los cortes en la piel? Teniendo en cuenta que en estos casos el cuerpo llega tomado por la impulsión de un corte literal en su superficie, corte que causa cierto monto de goce que estraga y enmudece al mismo tiempo pero que, en su sin-sentido literal, estos cortes en la piel: cortan.

Cortan y tramitan lo indecible de lo real, cortando literalmente con el monto de angustia insoportable que sobrepasa al sujeto. Lo que interesa de este tratamiento es el punto que se podría ubicar de empalme con el goce en juego subyacente y la imagen de estos cortes en la superficie del cuerpo.

¿Qué función operativa podría cumplir la imagen de estos cortes en la piel? En general no se hacen indiscriminadamente a lo largo y ancho del cuerpo, suelen estar destinados a una parte del cuerpo, el brazo, la muñeca, el antebrazo e inclusive el muslo.

Por otra parte, estos cortes “dicen” en la medida en la que se invita al analizante a hablar de ellos, a “significantizar” esa imagen me atrevo a decir siguiendo los planteamientos de Miller en La imagen reina[3], quien señala en esta oportunidad que “las imágenes se significantizan, pueden transformarse en significantes y pueden ser tomadas como significantes”[4] Antes de esta invitación estos cortes no dicen nada, solo cortan y dejan su huella en el cuerpo, lo marcan.

En este sentido, ¿que del goce queda entrelineas en estos cortes? Tomando en cuenta lo planteado por Miller en el texto anteriormente mencionado: “las imágenes reinas no representan al sujeto pero se coordinan con su goce”[5] ¿Puede tomarse esta imagen de estos cortes en el estatuto de una imagen reina? Miller plantea tres imágenes reinas – al menos en este momento-: “el propio cuerpo, el cuerpo del Otro y el falo”[6]

En relación con este síntoma tan contemporáneo como el Self-Injury y la proliferación de casos de chicas adolescentes -siempre mujeres aun no he tenido casos de chicos con este padecimiento- surge la pregunta de si esa imagen de la piel donde yacen estos cortes puede funcionar como imagen reina en relación al falo, en la medida en la que los cortes en la piel se constituyen para estas jóvenes como el único medio para localizar un goce desbordado y enmarcar una angustia que no logra ser tramitada por la vía de lo simbólico, evidenciado en que la palabra no alcanza ni adviene como primer recurso.

Estas pacientes relatan una angustia insoportable o una irrupción de un goce hasta ahora desconocido pero que solo pasa a ser tramitado por la palabra una vez se encuentran con un analista que les invita a “decir sobre los cortes” y que introduce otro corte vía la interpretación. Antes de ese encuentro lo único que “apacigua” es la sensación de dolor y corte en la piel. Bien sea porque “calma la angustia” o porque infringe “un dolor más llevadero que el dolor de la muerte del padre”.

Siguiendo los planteamientos de Miller al respecto del Un-Cuerpo, cuando señala que “la tesis de Lacan según la cual la adoración del Un-Cuerpo es la ‘raíz de lo imaginario’”[7] Y teniendo en cuenta que en este orden de ideas el cuerpo no es mas del orden del ser sino del tener, que se trata de un cuerpo que puede quedar supeditado a la “creencia, creencia en tener un cuerpo como si fuese un objeto disponible”[8] se plantean dos preguntas que guían el trabajo en cuestión ¿Es este el lugar del cuerpo en el Self-Injury, un objeto del que se dispone en función de apaciguar la angustia generada por la emergencia de un real por la vía del imaginario del cuerpo? Y ¿es posible tomar al Self-Injury en la vía de interpretación que ofrece Bassols[9] como “una imagen que oculta lo indecible”?


[1] Nombre en inglés que se le atribuye a cortes superficiales que alguien se realiza en su piel, en general se hacen con algún objeto corto punzante, pero con el cuidado de no infringir un corte profundo y no está vinculado con intento de suicidio. En español suele llamársele Autolesión.

[2] Miller, J. A. (2012). Lo extraño y lo extranjero. El ultimísimo Lacan, p. 84

[3] Miller, J-A. (1998) La imagen reina. Elucidación de Lacan. Editorial Paidos. Buenos Aires, Argentina, pp. 577-602

[4] Ídem, p. 579

[5] ídem, p. 583

[6] ídem, p. 581

[7] ídem, p. 109

[8] ídem, p. 108

[9] Bassols, M. El imperio de las imágenes y el goce del cuerpo hablante. Recuperado en: http://oimperiodasimagens.com/es/faq-items/el-imperio-de-las-imagenes-y-el-goce-del-cuerpo-hablante-miquel-bassols/