Buenos días a todos, quiero empezar agradeciendo y expresando mi alegría por trabajar en el armado del XIII ENAPOL. A Gaby Camaly, María Hortensia Cárdenas y Elisa Alvarenga, del Bureau de la FAPOL; al presidente de la AMP, Ricardo Seldes; a mis tres colegas, Andrea, Eugenia y Gabriela; y a todos los que ya han aceptado embarcarse con nosotros en este trabajo.
Últimamente, por cuestiones de trabajo, he prestado mucha atención a los dolores y las delicias de estar juntos y hacer cosas juntos, a la dimensión colectiva de la Escuela, que tiene en cuenta la soledad de cada uno, pero que no desconoce la «dignidad de lo que no se hace solo, y sí juntos »[1], como dice Miller. Esa dignidad, para entrar en el tema del XIII ENAPOL, tiene que ver con la dignidad de los malentendidos, de hacer de ellos y con ellos un esfuerzo de poesía para dar lugar a lo que sueña, falla y ríe. Esa es una cosa muy preciosa que el campo freudiano es capaz de hacer: renovar las formas de lazo incluyendo los malentendidos. Quiero contarles que esto ya está presente y espero que este ánimo le llegue a cada uno.
Me gustaría partir de la idea central de Lacan de que la esencia de la comunicación es el malentendido, ya que apunta al desfasaje entre significante y significado, entre enunciado y enunciación, entre el decir y el dicho, que la experiencia del hablar —en el análisis— permite experimentar.
Hoy en día observamos un movimiento muy fuerte en torno a las formas de comunicación, como si estas fueran tributarias de una evolución del lenguaje —incluso tecnológica— en la que se pudiera superar los malentendidos. Por ejemplo, el uso de las redes sociales para comunicarse directamente con el público, o la inteligencia artificial para perfeccionar un texto y comunicarse con mayor claridad. Pero también tenemos el oscurantismo que utiliza los malentendidos para suscitar ambigüedades en un relativismo de consecuencias desastrosas. Por un lado, la ambición de una lengua sin lalengua; por otro, el peligro de que una lengua se desate en pura lalengua. Por eso me parece tan relevante el tema del XIII ENAPOL; al fin y al cabo, lo que está en juego son las formas de usar lalengua, y esto tiene consecuencias clínicas y políticas de las que podremos conversar.
Entonces, ¿cómo situar los malentendidos en la experiencia analítica? ¿Los malentendidos del inconsciente, esos que se experimentan cuando, del decir, no se sabe quién lo dice? Esto es esencial para el trabajo de análisis: poder experimentar, en los giros de lo dicho, el enigma que encierra el decir, los desplazamientos de las verdades de lo que «estaba escrito». ¿Cómo puede la función del corte y de la interpretación «concordar con la pulsación del cuerpo hablante para insinuarse en el síntoma»?[2] ¿Cómo hacer del malentendido un acontecimiento del decir que abre hacia otra relación con el saber, con el lenguaje y con el ser?
Para Lacan, el malentendido tiene una dimensión de anterioridad, aquella que «… ya está antes, en la medida en que, aun antes de este bonito legado, ustedes forman parte, o más bien son parte del parloteo de sus antepasados».[3] Nacemos bañados en una lengua que ni siquiera conocemos; el cuerpo se constituye en esas aguas desconocidas que dejan marcas, los restos en el tamiz del lenguaje que la experiencia analítica hace vibrar. Es en lo que resuena en el cuerpo donde los malentendidos encontrarán los caminos de esa trama en la que estamos enredados; al fin y al cabo, somos hijos del malentendido, de los caminos y desvíos de donde somos y fuimos hablados.
En este sentido, retomo la cuestión de lalengua que mencioné al principio como eje de las prácticas del discurso del amo en los tiempos que corren. Lalengua es la forma que Lacan concibió a los malentendidos en su última enseñanza. En “Monólogo de la apalabra”, Miller destaca que lalengua está « está hecha de aluviones, de aluviones que se acumulan de los malentendidos de cada uno y de las creaciones lenguajeras de cada uno.»[4] Consideramos a los malentendidos no como un déficit en la comunicación, sino como un lugar de invención, como la contribución de cada uno a la lengua común —fíjense que hay una dimensión pública y colectiva de lalengua que sería muy interesante investigar junto con las formas de lazo que puede producir, si es que eso es posible—. El aluvión de malentendidos, en la experiencia analítica, es, precisamente, lo que impide que una lengua se estabilice en una totalidad estanca o en una identidad consigo misma que se cristaliza en discursos homogéneos y produce formas de segregación. Aquí, la poética del malentendido, que está hecha de lalengua, podrá enseñarnos sobre los efectos de los encuentros con la alteridad interna del propio goce que ella hace resonar. Y también sobre los encuentros con las «palabras de júbilo», con la precisión de un bien decir que encuentra nuevas formas de entrelazar goce y lengua. Al fin y al cabo, no se trata de aclarar el malentendido, ni siquiera de alimentarlo, sino de permitir que «un sujeto encuentre una forma de malentendido con el que pueda subsistir.»[5]
Para terminar, quiero señalar que los malentendidos son los enredos de sentido que necesitamos separar, los hilos de una historia que se desenreda, el desfasaje siempre presente entre enunciado y enunciación que se revela como fantasía, dice Lacan. Pero los malentendidos también apuntan a la opacidad de lalengua, «la irrepresentabilidad de la letra de la vida»[6] soporte de la singularidad de cada ser hablante que el discurso analítico escucha, pero que es importante que se haga oír. Cómo hacer vibrar las algarabías de cada sujeto que se aventura en una experiencia analítica, sus vacilaciones entre sonido y sentido, entre lo legible y lo ilegible, es lo que pretendemos explorar en el XIII ENAPOL.
Flávia Cêra
Revisión: Silvia Jacobo
[1] Miller, J.-A. “Affectio societatis”, Elucidación de Lacan Charlas brasileñas, Buenos Aires, EOL Paidós, 1998, p.551.
[2] Miller, J.-A., “El inconsciente y el cuerpo hablante”, Scilicet: El cuerpo hablante. Sobre el inconsciente en el siglo XXI, Buenos Aires, Grama, 2015, p.34.
[3] Lacan, J., “El malentendido”, En los confines del seminario, Buenos Aires, Paidós, 2022, p.81.
[4] Miller, J.-A., “Monólogo de la apalabra”, La fuga del sentido, Buenos Aires, Paidós, 2012, p.147.
[5] Lacan, J., “Discours de Jacques Lacan à la Université de Milán le 12 mai 1972”, Lacan in Italia 1953-1978, La Salamandra, 1978, p.38.(traducción propia)
[6] Milner, J.-C., “Back and forth from letter to homofony”, Problemi International, vol. 1 no. 1. Society for Theoretical Psychoanalysis, 2017, p. 97. (Traducción propia).




