“(…) Todo lenguaje es un malentendido.
Pero esta oscura interferencia va más lejos
y se introduce en nuestra soledad,
en los intersticios del monólogo que cada cual sostiene
como la última columna de su templo.
¿Hacia quién
o por lo menos hacia dónde
podemos entonces hablar?
La palabra propia del hombre todavía no existe”. 1
“Un pequeño guión que, en cierto modo, designa un vacío. Un vacío que puede indicar el lugar de una ausencia vibrante, viva, como un corazón que late con fuerza y nos dice que, por muy formados que estén los analistas de Orientación Lacaniana de la Escuela del Campo Freudiano, es propio del psicoanalista saber que no sabe”. 2
“…de lo que se trata después de todo, al fin de cuentas, es que la experiencia se vuelva tan corta como sea posible -es decir, que el sujeto con algunas interpretaciones se sostenga y encuentre una forma de malentendido en el cual pueda subsistir-”. 3
El tema del XIII Encuentro Americano de Psicoanálisis de la Orientación Lacaniana y del XXV Encuentro Inter-nacional del Campo Freudiano es una invitación a dirigir nuestros esfuerzos de elucidación hacia la temporalidad en el dispositivo analítico. Dicha coordenada, la del tiempo, se expresa por medio de ese durante que a su vez hace de nexo entre los otros dos términos que componen nuestro título: mal–entendidos y experiencia analítica.
“¿Qué hacemos del tiempo en psicoanálisis?”4 es una pregunta central que nos interesa sostener y desplegar. Jacques–Alain Miller la responde con sencillez y fructífera equivocidad: con el tiempo nos indica, “hacemos sesiones”.5 La advertencia lacaniana “hace falta tiempo”6 también debe ser mal–entendida. Se trata, por un lado, del tiempo que se necesita para “deshacerse de los embrollos” 7 de la eternidad –un tiempo que se conecta con lo que tiene una duración– y, por otro, del “tiempo como falla”8 en el sentido de lo que hace agujero en dicha temporalidad. Esta última acepción nos sitúa en el terreno del hacer sesión/cesión mencionado más arriba.
El tiempo en psicoanálisis es tanto el que dura como el que está marcado por la discontinuidad, por la irrupción de lo que hace hendiduras en el tiempo de comprender. Lacan nos advierte incontables veces que comprender es siempre adormecedor. En el tiempo analítico, el analista y el analizante se sirven de la palabra para otra cosa que el diálogo y la comprensión; allí el uso de las palabras se “arruga un poco” y es en ese “arrugamiento que reside su efecto operatorio”.9
Mientras que el sueño de la eternidad aspira a una exclusión del tiempo, incluir la duración en el análisis implica preservar la función temporal para operar con la atemporalidad del inconsciente sirviéndose de lo contingente en donde se aloja la dimensión del cuerpo y de lo real.
“Allí donde eso habla, goza…” 10
¿De qué está hecha esa experiencia si abordamos la cuestión desde la perspectiva de los mal–entendidos? ¿Cómo nos convendrá localizarla? ¿Qué aristas será conveniente retomar?
Para comenzar, se trata de la experiencia única del inconsciente que provoca la emergencia de lo que en psicoanálisis denominamos sujeto. Ese sujeto emerge del acto mismo de hablar y es allí donde se anoticia de que, en realidad, es hablado. Es el descubrimiento freudiano el que nos permite localizar al sujeto en lo que falla y trastabilla: en los lapsus, en los actos fallidos, en el chiste, en los sueños, en las fantasías, en el falso enlace de la producción de los síntomas y también en lo que evidencian las teorías sexuales infantiles acerca del desajuste entre el cuerpo y el saber.
Desde esta primera perspectiva, en la experiencia analítica cada sujeto puede encontrarse con los tropiezos de su inconsciente, un encuentro singular con un “(…) efecto separativo (…) con respecto al conjunto de la manada”.11 Por su parte, el analista toma distancia del saber clínico acumulado en la experiencia y, de esta manera, ubica como “único al sujeto”12 que se ofrece a ella.
Hasta aquí estamos en el terreno del primer retorno a Freud por parte de Lacan, necesario para restituir la dimensión del inconsciente localizada en el “eso sueña, eso falla, eso ríe”.13 Sin embargo, Jacques–Alain Miller nos advierte acerca de la censura que anida en este retorno: lo que se encuentra elidido allí es la vertiente de la satisfacción. Al incluir esta perspectiva, ya no se trata solo del mal–entendido en tanto fracaso o falla, sino también como vía de acceso a lo real del goce.
El próximo ENAPOL nos ofrece la oportunidad para preguntarnos: ¿en qué se transforma la experiencia analítica cuando, lejos de hablar para comunicar, el ser hablante goza hablando y lo hace solo? La interpretación del analista resulta vana si se reduce solo a hacer surgir un efecto de sentido. Lacan nos convoca a preservar lo real.14
“…lalengua no es un objeto recortado en la sincronía. Comporta una dimensión que es irreductiblemente diacrónica, ya que ella es, esencialmente, aluvional. Está hecha de aluviones, que se acumulan, de malentendidos, creaciones lenguajeras, de cada uno”.15
El mal–entendido ha ocupado un lugar central en los desarrollos de Lacan; sin embargo, dicho lugar no ha sido unívoco. Si en el primer Lacan el acento estaba puesto en la dimensión simbólica y en la hiancia entre significante y significado –que es condición de posibilidad para su emergencia–, hacia la última enseñanza el mal–entendido se apareja con el trauma, con lalengua y con el cuerpo. En el trayecto que va del lenguaje a lalengua, el concepto de mal–entendido adquiere distintas modulaciones que esperamos poder poner al trabajo durante nuestra cita.
Lalengua “es el sonido (…) un ruido, (…) una especie de vociferación primitiva”.16 Se trata de la relación primera del ser hablante con las palabras, cuando las aprehende al oírlas. Así, el mal–entendido –que se produce por esos sonidos que se separan o se unen y que, a su vez, condensan una multiplicidad de sentidos– es el sedimento, la materia de lalengua.
Lacan define al lenguaje como una elucubración de saber, un artificio sobre lalengua que sirve para decir cualquier cosa, pero es a partir de la fórmula o sintagma de la apalabra que el goce comienza también a hablar. Este estatuto que adquiere la lalengua puede remitirnos a la definición que Lacan señaló: “lo que equivoca con hacer–real (faire–réel)”.17 ¿A qué punto nos conduce esta formulación? ¿Acaso no es por los equívocos que palpitamos, que intuimos el mal–entendido fundamental por el cual el ser que habla es forzado por sus tonos, por sus evocaciones y por sus resonancias a una nueva lectura de su decir, a una nueva escritura?
Finalmente, si la forma de hablar del goce no se presta al diálogo, sino que es más bien un monólogo, el psicoanálisis no es más que un “autismo de a dos”18; en este sentido la Escuela es el invento lacaniano para contrariar esa soledad radical, y para hacer posible una transmisión del psicoanálisis.
Dirección general Andrea V. Zelaya
Comisión de dirección Eugenia Serrano (EOL) Flávia Cêra (EBP) Gabriela Urriolagoitia (NEL)
NOTAS REFERENCIA
1 Juarroz, R., (1975) “Sexta poesía vertical” Poesía vertical (Antología), Madrid, Colección Visor de Poesía, 1991, p. 130.
2 Miller, J., “Apresentação – Judith Miller nos diz o que é o CIEN”, CIEN Digital, Número 2, Dezembro de 2007, p. 5. Nota del traductor: En portugués en el original. La traducción al español es nuestra.
3 Lacan, J., “Discours de Jacques Lacan à l’Université de Milan le 12 mai 1972”, Lacan in Italia 1953-1978. Milan: La Salamandra, 1978, p. 38. «C’est à savoir que ce dont il s’agit après tout, en fin de compte, c’est que l’expérience tourne aussi court que possible – c’est-à-dire que le sujet avec quelques interprétations s’en tient quitte et trouve une forme de malentendu dans laquelle il puisse subsister» Nota del traductor: En francés en el original. La traducción al español es nuestra.
4 Miller, J.-A., (1999-2000) Los usos del lapso, Buenos Aires, Paidós, 2004, p. 13.
5 Ibid.
6 Lacan, J., (1970) “Radiofonía”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 449.
7 Miller, J.-A., (2004-2005) Piezas sueltas, Buenos Aires, Paidós, 2013, p. 391.
8 Laurent, E., (2024) La Extensión de los análisis, Buenos Aires, Grama, 2026, p 144.
9 Lacan, J., (1977) “Hacia un significante nuevo”, Revista Lacaniana de psicoanálisis, Operación analítica, n.º 27, Buenos Aires, Grama, 2019, p. 18.
10 Lacan, J., (1972-1973) El Seminario, Libro 20, Aún, Buenos Aires, Paidós, 2014, p. 127.
11 Miller, J.-A., (1995-1996) “Significante y goce”, Conferencias porteñas, Tomo 2, Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 246.
12 Miller, J.-A., Solano-Suarez E., Viganó, A. (ed.), “Perspectivas de política lacaniana (segunda intervención)”, El psicoanálisis en el siglo XXI, España, Ned ediciones, 2021, p. 30.
13 Lacan, J., (1967-1968) Mi enseñanza, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 102.
14 Miller, J.-A., (1995-1996) La fuga del sentido, Buenos Aires, Paidós, 2012, pp. 156-157. 15
15 Ibid., p. 147.
16 Ibid., p. 95
17 Lacan, J., (1977) “Hacia un significante nuevo. II. La varidad del síntoma”, Revista Lacaniana de psicoanálisis, La palabra que hiere, n.º 25, Buenos Aires, Grama, 2018, p. 16.
18 Ibid., p. 17
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Edición: Diego Real – Gimena Sozzi
Revisión de Edición: Gerardo Battista – Luján D´Addona




