Ana Lydia Santiago (EBP)

Lacan, a lo largo de su enseñanza, reorienta el afecto hacia las pasiones, distingue la angustia de la emoción y rescata las contribuciones clásicas de la ética de las pasiones para una lectura de los afectos en el ámbito de la clínica psicoanalítica. Lo hace en miras a evitar que los analistas se ocupen de su clasificación, e inducirlos a cuestionar qué crédito darles a los afectos en la experiencia. Esclarece que cada analista debe empeñarse en “verificar el afecto”¹. El afecto no habla por sí ni es verdadero solo porque se manifiesta y moviliza el cuerpo. Es necesario hacer que sea verdadero. Lo que interesa es aquello que, en el afecto, prevalece en el inconsciente. Verificar el afecto en Lacan significa “en el campo del lenguaje, establecer en qué el afecto es efecto de verdad”².

En el psicoanálisis, “[…] el afecto quiere decir que el sujeto está afectado en sus relaciones al Otro”³. Se considera el significante, el Otro y el goce. Para situar el goce, se hace necesaria la mediación de un aparato capaz de captar de qué modo el goce se conjuga con el mal. Según Miller, la contribución original de Lacan consiste en extraer de la reflexión filosófica las pasiones del ser, las dimensiones de la virtud y del pecado, para introducirlas como eje central de la investigación clínica de los afectos: “Los afectos están ligados a la cuestión de lo que es bueno o malo “⁴.

Es sólo a partir de la falta moral que se puede rescatar la implicación del sujeto en la cólera como sujeto de una elección de goce. Esta elección permite establecer el alcance de la clínica del bien decir: no se trata de un mero manejo del significante por el significante, sino de lo que va a proporcionar tipos de resonancia entre dos sistemas distintos -el del significante y el del goce-, que oscilan en frecuencias propias⁵. La ética del bien decir apunta a encontrar una vibración que haga posible un acuerdo entre el significante y el goce; “ella consiste en cernir, circunscribir, ceñir, en el saber, lo que no puede ser dicho”⁶.

La cólera como toque en lo real

La cólera no es más que “lo real que llega en el momento en que armamos una bellísima trama simbólica, en que todo va bien, el orden, la ley (…). Percibimos de repente que las clavijas no entran en los agujeros”⁷. Es necesario una decepción previa, derivada del fracaso de una correlación esperada entre el orden simbólico y la respuesta de lo real. Otra imagen de la cólera se da cuando todo parecía tranquilo en el estrecho de Bósforo pero una tormenta hace que el mar se agite, y afirma, entonces: “Toda cólera es agitar el mar”⁸. Esa es la imagen usada por Lacan para precisar que la cólera es provocada “cuando, a nivel del Otro, del significante -es decir, siempre en el nivel de la fe, de la buena fe -, no se juega el juego”⁹.

La cólera es un ejemplo convincente de que ese afecto llega al cuerpo como desacuerdo, justamente porque la propiedad del cuerpo es la de ser la sede del lenguaje. En la cólera hay presencia de “un verdadero toque de lo real”, lo que señala que el lenguaje no se muestra enteramente capaz de dar lugar a ese real. Sin embargo, paradójicamente, el psicoanalista no descuida el hecho de que es solo en el ámbito de la estructura del lenguaje y de la palabra que se puede incidir sobre el sujeto afectado por el real de la cólera.

En “Televisión”, Lacan establece una polaridad entre la dimensión del pecado y la de la virtud en lo que concierne a los afectos. En cuanto a la tristeza, por ejemplo, sitúa, en el polo opuesto, el saber alegre [gay savoir]¹⁰. No se trata de un saber marcado por la potencia, pero, aunque fragilizado, es lo que hace pasar de la impotencia a lo imposible, un imposible de saber lleno de entusiasmo y, en ese caso, su virtud implica entusiasmo en alcanzar algún acuerdo posible entre significante y goce, en poder ceñir, a través del saber, un pedazo de lo real.

Así, si “los afectos están ligados a la cuestión de lo que es bueno o malo”¹¹, ¿cuál es el polo opuesto a la cólera? ¿A qué virtud el pecado de la cólera – que, de hecho, integra la lista de los siete pecados capitales – hace contrapunto como toque en lo real?

 

 

Traducción: Federico Oyola

Revisión: Mariela Praderio

 


 

Notas

¹ LACAN, J., “Televisión”. Otros Escritos. Buenos Aires. Paidós. 2012, p.550.

² MILLER, J.-A. “A propósito de los afectos en la experiencia analítica”. Matemas II.Buenos Aires. Editorial Manantial. 1994. P. 154.

³__________ Ibid. p. 160.

⁴__________ Ibid. P. 161.

⁵ LACAN, J. “Televisión”. Op. Cit. p. 550.

⁶ MILLER, J.-A. “A propósito de los afectos en la experiencia analítica”. Op. Cit. p154.

⁷ LACAN, J. El seminario, libro 6, El deseo y su interpretación (1958-1959). Buenos Aires. Paidós, 2015. p. 159. N. A.: Lacan define la cólera en estos términos, tomando la imagen de Charles Péguy para situarla en la relación del sujeto con el Otro. También en: LACAN, J. El seminario, libro 7, La ética del psicoanálisis (1959-1960). Op. cit., 1986. p. 127-128.

⁸ _________ Ibid. p.169.

⁹ _________ El seminario, libro 10, La angustia (1962-1963). Buenos Aires, Paidós. 2007, p. 23.

¹⁰ ________ “Televisión”. Op. cit., p. 552.

¹¹ MILLER, J.-A. “A propósito de los afectos en la experiencia analítica”. Op. cit. p. 154.