Presentación del XI ENAPOL en la NELcf – 18 de marzo

Empezar a analizarse

Presentan:
Jorge Assef
Mónica Febres-Cordero

Del “querer ser” inconsciente al “devenir analista”… y retorno

Reseña de ÁNGEL SANABRIA – NELcf – Ciudad de México

Más que hacer un recuento o una reseña de la presentación, intentaré recortar algunos puntos que me interesaron particularmente. En primer lugar, la historia detrás del título “Empezar a analizar(se)” –que escribo así, con énfasis en el reflexivo–, destacando el efecto de interpretación que esta sugerencia de Miller produjo en los organizadores, según relata Assef, con el desplazamiento de la idea inicial (los problemas técnicos de las entrevistas preliminares, la lógica de la entrada en análisis, la clínica de los comienzos de la cura…) hacia el foco de la formación del analista.

A partir de allí, tenemos un tema y dos referencias (ambas de Miller): “¿Cómo se inician los análisis?”, “¿cómo se deviene analista en el siglo XXI?”. Se trata entonces de la articulación lógica entre la entrada en análisis y la cuestión del final del análisis. Por un lado, la idea de que el final del análisis se juega ya en la entrada: el cómo terminan los análisis depende del cómo se inician –“cómo comienzan para poder terminar”(Miller)–; y por el otro, la indicación de que el “devenir analista” es producto del propio analizar(se), más que del estudio y la experiencia acumulada.

Así, Jorge Assef comienza por traernos un muestrario de los motivos de consulta que tocan a nuestra puerta en la actualidad y que reflejan los cambios en los lazos sociales. Nuevos modos de presentación del síntoma que reclaman nuevos modos de encarnar la suposición de saber y la dimensión de enigma y de sorpresa del inconsciente.

Lo que está aquí en juego es la existencia misma del inconsciente junto con la del psicoanálisis. Porque no se trata en realidad de que la dimensión del inconsciente esté “ya allí” desde los albores del tiempo, antes incluso de la aparición del psicoanálisis que viene a nombrarlo y organizarlo como campo. Y, en la medida que su estatuto –que Lacan calificó de pre-ontológico– es el de un “querer ser”, su existencia efectiva es también un asunto de deseo. De allí la pregunta crucial de Lacan al inicio del Seminario 11: “¿qué ha de ser el deseo del analista para que opere correctamente?”.

Surge entonces una pregunta, planteada efectivamente por la audiencia: si ser (o devenir) analista es el resultado del propio análisis llevado hasta el final, ¿puede haber de algún modo “analista”, o al menos “deseo del analista”, en el practicante antes del pase? Como lo resume Assef: “Si el analista adviene con el final de análisis, ¿entonces antes qué había? ¿Qué somos antes, psicoterapeutas?”. Sería un error, nos recuerda Assef, pensar que recién en el pase se es analista. Por el contrario, “ser analista es trabajar para devenir analista” (Miller).

Podemos decir además que esto concierne no solo al momento solitario en el dispositivo analítico, donde se trata de poder encarnar desde su propio estilo el Otro de la transferencia y poder además alojar ese quantum de sufrimiento y goce que escapa a los significantes, como lo destacó Mónica Febres. Concierne también a ese otro momento, el de la transferencia de trabajo dentro de esa comunidad de “analizantes perpetuos, raros y singulares” que es -o “quiere ser”- la Escuela. Agreguemos entonces una tercera referencia, también de Miller: “La Escuela de Lacan”. Aquella institución pensada para “favorecer el discurso analítico y, por tanto, la importancia del propio análisis” por encima de lo que Miller llama “la pequeña política” del grupo.

Primera noche hacia el XI ENAPOL en la EOL – 12 de mayo

OBSTÁCULOS EN EL INICIO DEL ANÁLISIS

Presentan: Marina Recalde, Blanca Sánchez
Conversa: Luis Tudanca
Coordina: Betty Nagorny

Reseña de SILVIA ONS – EOL

La primera noche preparatoria para el XI ENAPOL tuvo una gran convocatoria y las presentaciones dieron lugar a un interesante debate. Tanto Marina Recalde como Blanca Sánchez acordaron ubicar que, en los comienzos de un análisis, se da forma a lo amorfo que se presenta y Luis Tudanca precisó que ello supone la configuración del síntoma.

A partir de este punto se plantearon cuestiones para interrogar, en particular la referida a la presencia del deseo del analista en el transcurso de un análisis, tanto en lo concerniente al síntoma que tiene vinculación con el inconsciente, como con aquel que permanece sin ese “besuqueo”. Tal afirmación llevaría a reformular al deseo del analista, ya que es un deseo que permite la apertura del inconsciente necesaria para arribar a la diferencia absoluta entre el ideal y el objeto[1]. Entonces, un síntoma sin relación al inconsciente es aquel que se basta a sí mismo, que no necesita del Otro y si es así, el deseo del analista no ha operado. Me parece importante tal precisión ya que se habló del síntoma sin diferenciarlo del sinthome, algo que daría para otra conversación.

Un sujeto demanda análisis en el momento en el que el equilibrio sinthomático se desbarata y como consecuencia, el síntoma –sin “h”– deja de bastarse a sí mismo. Lacan lo precisó de la siguiente manera: “el síntoma no es definible de otro modo que por la manera en que cada uno goza del inconsciente en tanto que el inconsciente lo determina”[2].

Dos vectores se ponen en juego: determinación y ese margen de libertad relativo a cómo cada uno goza de esas marcas, su insondable decisión. Ello solamente se descubre en un análisis por la función deseo del analista que solo se verifica por sus consecuencias, es decir que, si el síntoma permanece ignorante del inconsciente, ese deseo no ha operado. Dice Miller: “Se prohíbe la entrada a todo aquel que obedezca al principio de contradicción”[3], es decir que no esté a tono con el principio del inconsciente: ausencia de ese principio.

Celebro gratamente lo ocurrido en esta noche que dio lugar a una pluralidad de voces tan necesarias para nuestra Escuela. Y aquí recuerdo el principio de Leibniz: “máxima variedad en la unidad”.


[1] Lacan, J., (1964), El seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1989, p. 164.

[2] Lacan, J., (1974-1975) “El seminario, libro 22, RSI”, clase del 18 de febrero de 1975 (inédito).

[3] Miller, J.-A., (2008-2009) Sutilezas analíticas, Buenos Aires, Paidós, 2011, p. 68.

Primera actividad preparatoria de la EBP para el XI ENAPOL – 17 de junio

¿CUÁNDO COMIENZA UN ANÁLISIS?

Presentan: Romildo do Rêgo Barros, Patricia Badari
Conversa: Nohemí Brown

Es preciso preguntar cada vez…

Lilany Pacheco – EBP

En Perspectivas de los Escritos y Otros escritos de Lacan, Miller se dedica a una cuestión que él considera no resuelta[1]: la de medir la incidencia clínica y práctica del concepto de sinthoma, tal como Lacan lo escribe en su última enseñanza, al promoverlo a concepto clínico único. En cuanto al inconsciente y a la interpretación, el concepto de sinthoma no anula estas categorías, se añade a ellas y, en particular, en lo que se refiere al síntoma y a la fantasía, designa lo que hay de común entre ellos, es decir, el modo singular de gozar que tiene un sujeto. Y advierte: el sinthoma no equivale a la tachadura.

Poner en primer plano el modo de gozar en su singularidad, sustrayéndolo de las categorías, borra la distinción entre neurosis y psicosis, aunque, en lo que se refiere a la particularidad, aún hay categorías, aún hay tipologías del modo de gozar, hay castración que instituye el menos de goce, pero también hay desbordamiento, hay exceso. En esta dirección, Miller afirma que la distinción entre neurosis y psicosis es más operatoria en el nivel del significante y menos operatoria en el nivel del modo de gozar y, “si abandonamos la tipología, si pasamos a la singularidad”, es en este nivel que decimos “todo el mundo es loco”[2].

La orientación hacia lo singular apunta, en cada uno, al goce propio del síntoma excluido del sentido, de la significación nunca suficiente para “domesticar” lo que del goce nunca se deja resolver por medio de soluciones fálicas, el “objeto a”[3].

Este fue el punto en el que me detuve al escuchar los trabajos y las preguntas de los colegas durante la primera preparatoria hacia el XI ENAPOL –“¿Cuándo comienza un análisis?”–, realizada por la Escuela Brasileña de Psicoanálisis.

Retomé la cuestión planteada por Lacan en De un Otro al otro, al evocar la función del objeto a de modo de organizar campos complementarios que nos permitan estar a la altura de todo lo que se produce en lo contemporáneo[4], formalizado magníficamente por Miller en “Una fantasía”[5]: el objeto a en el cenit. El exceso en lugar de la falta, el parlêtre acosado por el goce amorfo anclado en las nominaciones ofrecidas por el otro social, tributarias del derecho al goce.

¿Cuál es el lugar para el psicoanalista en este funcionamiento? ¿Cómo promover el acontecimiento análisis al “sacar del lugar”, desalojar, trasformar y poner en marcha lo que Freud llamó transferencia? O, como escribió Eric Laurent: “¿cómo el saber psicoanalítico pasa a lo real?”[6].

Traducción: Josefina Elías.


[1] Miller, J.-A., (2008-2009) Sutilezas analíticas, clase IV “Todo el mundo es loco”, Buenos Aires, Paidós, 2014, p. 75.

[2] Ibid., p. 76.

[3] Ibid., p. 105.

[4] Lacan, J., (1968-1969) El seminario, libro 16, De un Otro a otro, Buenos Ares, Paidós, 2008.

[5] Miller, J.-A., “Una fantasía”, Conferencia de Jacques-Alain Miller en Comandatuba. https://2012.congresoamp.com/es/template.php?file=Textos/Conferencia-de-Jacques-Alain-Miller-en-Comandatuba.html

[6] Laurent, E., Correio, Revista da Escola Brasileira de Psicanálise, São Paulo, Escola Brasileira de Psicanálise, n.º 90, abril 2023, p. 70. La traducción es nuestra.

Agradecemos a Mr. Tan Ke, la autorización para el uso de las imágenes.