Me interesaba traer para hoy aquello que Lacan localizó como lalengua, esa sustancia fónica de las palabras, que es la materia misma del inconsciente y de la que está hecho el malentendido.

El XIII ENAPOL es una oportunidad para extraer de la experiencia, algunos fenómenos clínicos y de la época que nos confrontan con este estatuto del lenguaje que funciona y transcurre en la dimensión de lo audible y que viene de una temporalidad anterior a la adquisición de la sintaxis y la gramática en el lenguaje, propias de la alfabetización. Una vociferación primitiva hecha de inanidades sonoras[1] que atrae y reúne sonidos y sentidos diversos. Se abre la pregunta por qué es lo que escucha un analista.

Por ejemplo, cuando un paciente trae un sueño, aislar un S1 como letra del inconsciente real y manipulado en su calidad sonora haciéndolo resonar de distintas maneras en la cura, puede tener el efecto de abrir toda la vertiente sintomática del sujeto y dar lugar al inicio de un trabajo analítico.

Por otro lado, el autismo nos enseña sobre la diferencia entre el ruido y el sonido: el puro ruido que viene de lo real, como cualquier ruido de la calle o la torpeza del sentido que no hace, nada más que reverberar ese ruido, le son insoportables al sujeto autista, quien sin ninguna defensa ante ellos, solo le queda la agitación motriz y la angustia que lo desborda. La música en cambio, con su articulación sonora en ritmos y melodías, puede hacer un tratamiento de ese real, y generar calma. Constatamos algunas veces, que luego de ese tratamiento posible, otra dimensión de la palabra se instaura y un sujeto puede empezar a hablar de algunas cosas que pasan en su cotidiano vivir.

Así, la clínica apunta a poner en perspectiva algo sobre esa dimensión de la existencia relativa a lo real sin ley de la que Miller nos dirá que la escritura es su medida.[2] Escritura hecha de la materialidad sonora del malentendido, que se trata de cernir, para hacerla resonar a veces, otras para acallar y finalmente, para saberla leer.

Para terminar, quiero traer una referencia de Lacan que está en el argumento que me ha interpelado:

“…de lo que se trata después de todo, al fin de cuentas, es que la experiencia se vuelva tan corta como sea posible –es decir, que el sujeto con algunas interpretaciones se sostenga y encuentre una forma de malentendido en el cual pueda subsistir”.[3]

Pensar que la subsistencia de uno se arma alrededor de alguna forma de malentendido producto de un análisis, es duro. Lo es más aún, pensar que el sujeto se sostiene de algunas interpretaciones que hace el analista. Hacerlo, coloca a nuestra práctica en el corazón de la formación y durante estos meses el ENAPOL será ese dispositivo a través del cual podremos interrogar y conversar sobre lo que hacemos.

Gabriela Urriolagoitia


[1] Miller, J.-A., La fuga del sentido, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 71,95.

[2] Miller, J.-A., (2001) El ser y el uno, Clase del 23/03/2011, inédito.

[3] Lacan, J., “Discours de Jacques Lacan à l’Université de Milan le 12 mai 1972”  Lacan in Italia 1953-1978. Milan: La Salamandra, 1978, p. 38. «C’est à savoir que ce dont il s’agit après tout, en fin de compte, c’est que l’expérience tourne aussi court que possible – c’est-à-dire que le sujet avec quelques interprétations s’en tient quitte et trouve une forme de malentendu dans laquelle il puisse subsister». Nota del traductor: En francés en el original. La traducción al español es nuestra.