Cristiano Alves Pimenta

EBP (MG)

Uno de los trazos relevantes que podemos observar hoy en la clínica es que muchos analizantes se enfrentan –bien sea en el momento en que se inicia el análisis, o en el momento posterior– con un real que no cede a los efectos de significación. Es decir, esa confrontación no está confinada al final de análisis. Lo que prevalece en esos momentos es la existencia de una inercia que mantiene al ser hablante apartado de aquello que constituye el fundamento del lazo con el analista, a saber, el efecto sujeto-supuesto-saber. Así, el tratamiento, por lo menos durante cierto periodo, no se sostiene en la asociación libre y en sus efectos de significación. De este modo, el analista se ve desconcertado frente a la imposibilidad de producir, por ejemplo, una entrada en análisis según el esquema clásico; se ve igualmente impedido por la ausencia de la dialéctica significante, con toda la movilidad de sus posiciones, que conlleva a lo que Miller realzó con el término lacaniano de «varidad» [1]. Podríamos ir al extremo de decir que asistimos a una especie de suspensión del discurso, puesto que todo discurso reserva un lugar para los efectos de verdad. Así, una pregunta se hace pertinente: si no se instala el sujeto supuesto saber, o por lo menos parece ocurrir una especie de suspensión temporaria de esa instalación, ¿qué es lo que hace que alguien sometido a esta inercia vuelva al analista? Impresiona el hecho de que ciertos pacientes perseveran asiduamente en ese hiato temporal que suspende todo y cualquier enigma.

¿Qué hay en ese espacio de inercia? Hay –es el modo como leemos esta cuestión– aquello que Miller desarrolla en su Seminario El ser y el Uno [2], a saber, «el goce del Uno solo, es decir, el goce que pone en primer plano los acontecimientos del cuerpo»: angustia, depresión, locura, aflicciones que parecen alcanzar un punto más allá de lo soportable.

Esto es, en ese hiato temporal donde lo simbólico sucumbe, lo que emerge es lo impronunciable del cuerpo. ¿Y cómo tratarlo si no por las vías que le son afines? En ese nivel más allá, o más acá, de la articulación significante un análisis debe ser «el tratamiento de lo real por lo real» [3], para usar una expresión citada por Rômulo Ferreira da Silva en el X Congreso de Miembros de la EBP (Escuela Brasileña de Psicoanálisis). Así, las intervenciones del analista son piezas sueltas, funcionan como Uno solo, siendo afines, por lo tanto, con la estructura del sinthome. Es lo que permite al ser hablante volver a la sesión: sólo ahí lo impronunciable de su cuerpo puede ser escuchado. El analista es el único que, sabiendo de la ineficacia de los efectos de la significación para el tratamiento de lo real, no cede a la oferta pseudoapaciguadora del discurso de la ciencia y del discurso capitalista, que se conjugan, por ejemplo, en la industria de los medicamentos. El analista es el único que propone un saber hacer con el cuerpo, para que el ser hablante pueda realizar una nueva alianza con él [4]. El tratamiento de lo real por lo real supone, igualmente, otra forma de pensar el vínculo paciente-analista, más allá del vínculo transferencial. Se trata más bien de un anudamiento por la vía del nudo borromeo, que preserva la separación, el carácter de Uno solo, de aquello que se amarra y que, por eso, no produce efectos de sentido, no produce ninguna verdad.


Traducción: Laura Arias

  1. Miller, J.-A., Perspectivas do Seminário 23 de Lacan, o sinthoma, Rio de Janeiro: Zahar 2009, p. 26.
  2. Miller, J.-A., L’Etre et l’Un (2011-2012), clase 8, inédito.
  3. Silva, R. F. da, «O que é o real?», Um por Um, boletim eletrônico do Conselho da EBP, n° 159, 2013.
  4. Miller, J.-A., Perspectivas dos escritos e outros escritos de Lacan, entre desejo e gozo, Rio de Janeiro: Zahar, 2011, p. 183.