Por Jorge Assef (EOL)

Sólo hace un par décadas atrás, los abuelos alertaban de los efectos devastadores en la crianza de los hijos si se almorzaba con el televisor encendido. Hoy, la amenaza ya no es el TV. Un objeto «todo-poderoso» ha ascendido al cenit social reorganizado los modos de vivir por completo: el teléfono celular. Por lo tanto este es el nuevo enemigo de los almuerzos familiares, tanto que hasta el Papa tuvo que advertirles a los fieles: «Una familia que no come unida o que mientras come lo hace y no dialoga y está mirando la televisión o cada uno con su telefonino, o con su aparatito, es una familia ‘poco familiar’…»[1]

¿Qué será una familia «muy familiar»? Ok, dejando esa pregunta de lado, el viejo debate de aquello que rompe la postal clásica del almuerzo familiar vuelve a aparecer. Se supone que ese es el momento en el cual el modelo tradicional de familia se consolida, se trata de un ritual que estructura lugares y funcionamientos en una lógica que para la foto transmitirá la imagen de armonía, pero hacia adentro de cada hogar lo que allí suceda y el impacto que tenga en las subjetividades en juego será un misterio incluso para cada uno de los comensales, que eso sea muy familiar o poco familiar es otro tema.

En cuanto al gadget, suponerle un poder destructor de los lazos, no sólo arrastra el polvo vetusto de la necedad, el cual (gracias a las XXV Jornadas Anuales de la EOL «Hiperconectados») ya nos hemos sacudido un poco; sino que también es ingenuo, o ¿acaso si apagáramos el celular en el almuerzo la comunicación existiría?

Lacan planteó: «No hay más que un solo síntoma social: cada individuo es realmente un proletario, es decir, no tiene discurso alguno con el cual hacer lazo social, o sea, semblante».[2] Estas palabras nos dicen que no existe naturaleza alguna en ninguno de las relaciones que los sujetos tienen con otros sujetos, que por el contrario, lo que constituye el síntoma social de nuestro tiempo, producto del Discurso Capitalista, es la disolución de los lazos y el desmoronamiento de las formas clásicas de conformar el vínculo tradicional. Esto es un hecho que excede el gadget de moda, del cual la única clave para saber si juega a favor o en contra de los lazos es entender el uso que cada sujeto hace de él según el momento.

NOTAS

  1. Lancho García, R., El Papa pide a las familias que en la mesa se hable y no se use el móvil, Zenit. Extraído de https://es.zenit.org/articles/el-papa-pide-a-las-familias-que-en-la-mesa-se-hable-y-no-se-use-el-movil/
  2. Lacan, J. (2015), La Tercera, Lacaniana 18, Buenos Aires: Grama, p. 9.